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jueves, 11 de febrero de 2010

Educación municipalizada

En la década de los 90, en el apogeo de la ola neoliberal, en Educación se impuso la descentralización educativa, que llevaba un sello economicista. El estado nacional se desentendía de las escuelas, y las pasaba a los estados provinciales, y estos a su vez, en algunos países, quedaban a cargo de las municipalidades. Los efectos de esa medida están a la vista, tal como se relata en la siguiente nota:

Chile: ¿Fracasó la Educación Pública, o fracasó el sistema municipal que la administra?


Candidatos a la Presidencia de la República soslayaron calificar al actual sistema municipal como responsable directo del fracaso de la educación pública chilena.


DESPUÉS DE TODO, parece que las campañas políticas –involuntariamente, es cierto- sirvieron para destapar cuestiones que el mundo político ha mantenido ocultas porque lesionan los intereses pecuniarios y familisteriales de muchos dirigentes.


Sin embargo, cuando los dos bloques políticos que concentran el poder en Chile tuvieron que enfrentarse ante los ojos públicos en la lucha por la férula gubernativa, y darse duro con todo lo que encontraron a mano, la obligación de retirar sábanas y cortinas para mostrar incluso las partes pudendas de cada tienda partidista se transformó en la panacea de lo que muchos periodistas adocenados llaman "discusión democrática"; asunto este que, por cierto, convence a muy pocos (o sólo a aquellos que durante años han hecho ingentes esfuerzos por no despertar a ninguna de sus neuronas), ya que es sabido cómo y cuánto se esmeran los miembros de la clase política actual   para no ser descubiertos como ‘familia’… o como ‘mafia’, en algunos casos.


Cuando comenzó la campaña presidencial hace ya algunos meses, todos los candidatos –de derecha a izquierda- intentaron mostrar diferencias sustantivas en sus planteamientos, pero hubo un punto en el cual concordaron plenamente: desmunicipalizar la educación pública regresándola al estado docente, reconociendo de manera explícita que el sistema educacional en vigencia es un fiasco, un rotundo fracaso, un ente poco eficiente y nada eficaz.


¿Pero, ese sistema educacional fracasó por sí mismo, por carencia de cualidades internas, o sus débitos obedecen a situaciones también externas, que el sistema no maneja?


Encubierto por la crítica anterior subyace un asunto que debió ser analizado con mayor fuerza y sin embargo se le mencionó muy al pasar, carente de la contundencia que ameritaba.

Como pésimos aprendices de bomberos, en este seudo incendio de declaraciones y propuestas que caracterizó a las campañas políticas, los candidatos lanzaron sus chorros de pullas a las llamas (la educación) y no a la base donde nace el fuego (el sistema municipal).


Ya no queda duda alguna. La educación pública, tan amada y tan vapuleada, ha fracasado estruendosamente en sus objetivos merced a la pésima administración que ha caracterizado a los municipios. Aunque, para completar el cuadro, el propio MINEDUC ha tenido participación relevante en este drama, pues resulta difícil soslayar la ‘calidad’ de algunos ministros del ramo, especialmente las ‘virtudes empresariales’ de la actual jefa de esa cartera, la asistente social Mónica Jiménez, quien hizo lo imposible por lograr transformar la educación pública en un negocio altamente rentable, independiente de la calidad de los programas y/o la implementación tecnológica de los establecimientos educacionales alejados de las grandes metrópolis..


Pero, el verdadero meollo del asunto (o del problema) se halla instalado en el sistema municipal, donde descuellan caudillejos menores que fungen de líderes políticos sin tener alma de tales,ni educación alguna para coordinar programas en los que participan profesionales y técnicos.

¿Cuántos alcaldes –del total cercano a los 345 existentes en Chile- pueden mostrar un certificado REAL de Licencia Media? ¿Y cuántos de esos mismos ediles poseen estudios superiores?

El país ha sido testigo de declaraciones rimbombantes de algunos jefes comunales que manifiestan, orgullosamente, haber cursado cinco y más años de estudios ensólo ocho meses, obteniendo su licencia media ‘laboral’ en establecimientos de municipios dirigidos por ediles camaradas o compañeros de partido… sin necesidad de tener que asistir regularmente a clases y, tal vez, sin siquiera someterse a la calificación de pruebas y controles, como sucede habitualmente con los verdaderos estudiantes.


Bien por ellos, ya que no tuvieron necesidad de recorrer el largo y fructífero camino educacional del año tras año, como ha sucedido con la mayoría de los chilenos. …pero las consecuencias de esa realidad brotan más tarde. Los avatares y ulterioridades de la educación pública en manos municipales lo demuestra sin ambages.


Muchos alcaldes –especialmente aquellos que gobiernan comunas rurales- consideran que la permanencia de la educación pública en el sistema municipal es "un cacho", y un cacho caro además, ya que esa actividad difícilmente les reporta sufragios, como sí lo hace, por ejemplo, una buena y expedita atención en el consultorio de salud, la pavimentación de calles y veredas, los shows musicales a todo trapo, la mantención de plazas y jardines, las fiestas comunales, etc.


Definitivamente, la educación formal no es un buen ‘negocio político’…eso lo he escuchado de labios de varios alcaldes pertenecientes a distintas tiendas partidistas. Y como para muchos ediles se trata de un ‘cacho’ y de un mal negocio político, simplemente descuidan el tema e incluso –esto lo digo con absoluto conocimiento de causa- parte importante de los dineros que el Estado les entrega para financiar escuelas y liceos, lo derivan a otros menesteres más ‘rentables’ políticamente o, en definitiva, a asuntos financiero-contables que les carcomen sus presupuestos y, muy en lo principal, a limpiar sus líneas de crédito en el comercio local donde casi siempre se encuentran atrasados, en mora, vergonzosamente.


Los candidatos a la presidencia de la república soslayaron –quizá por falta de tiempo-el necesario análisis del actual sistema municipal, porque este ya no da garantías de mejoramiento ni entrega satisfacción a las necesidades de una población que marcha al ritmo de lo que impetran los tiempos.

Hay excepciones, por cierto, pero son las golondrinas que no hacen verano, los casos que confirman la regla, las gotas de agua en el desierto de ideas y de capacidades.


Seguirá siendo ímprobo que el sistema municipal desarrolle mejoras tal como hoy está estructurado, pues si bien se legisló la exigencia del cuarto año de enseñanza media como condición sine qua non para postular al cargo edilicio, no se extendió ello a quienes  se presentan como candidatos a ocupar un puesto en el concejo municipal.

Esto último posibilita que existan concejales que apenas pueden leer dos líneas de corrido (sin entender muy bien lo que leyeron) y, con suerte, estampar una firma con mediana soltura de mano.


Son esos equipos, entonces, los encargados oficial y constitucionalmente de administrar la Educación Pública en la que participan millones de escolares a lo largo y ancho de Chile. Esos mismos equipos (no todos, ya lo dijimos) se esforzaron por hacer las cosas mal, tan mal que abrieron las puertas a los apetitos privatizadores de empresarios blancos, azules y rojos que ven en la Educación un lucro similar (e incluso superior) al obtenido hoy en la salud, las Isapres y las AFP’s.


Ante este verdadero ‘incendio’, los candidatos apuntaron sus aguas a las llamas superiores, prometiendo que ellos le quitarían la carga a los municipios regresando la Educación Pública al Estado, al MINEDUC, pero no dejaron caer una sola gota de agua sobre la base del fuego: el sistema municipal, donde los gatopardistas, los caudillejos, los ‘paga favores políticos’, los ignorantes, los frescolines y los corruptos verborreicos, hacen nata merced a la desidia de los partidos políticos que designan generalmente al más inútil, y menos preparado de todos sus cuadros locales como candidato a la alcaldía o al concejo municipal.


Definitivamente, este sistema –agotado, fracasado- requiere de una reforma profunda, urgente y ahora, ¡¡ya!!


 


Fuente


Arturo Alejandro Muñoz Para Kaos en la Red 15-1-2010 a las 15:58


www.kaosenlared.net/



 

martes, 22 de septiembre de 2009

Cómo saber si una persona está alfabetizada

A menudo me enfrento a esta pregunta: ¿Como saber si una persona esta alfabetizada? ¡Es la del millón!.

La mayoría de programas resuelven ambas preguntas estadísticamente. Cuántas personas analfabetas mayores de 15 años hay en el país (todavía se hace esta estimación en base a la autodeclaración de las personas, a través de censos de población u otros, no a través de una verificación efectiva de competencias) ; cuántas se inscribieron en el último y/o en los sucesivos programas o campañas de alfabetización; la diferencia entre una y otra cifra se asume como el resultado: cuántos se alfabetizaron, cuántos restan por alfabetizarse, qué tasa de analfabetismo tiene el país. (Dicho sea de paso, los especialistas en el tema hemos buscado durante años la cita que se atribuye a la UNESCO, según la cual un porcentaje menor a 4% de analfabetismo equivaldría a - técnicamente- "libre de analfabetismo" y nunca la hemos encontrado. Los propios técnicos de la UNESCO no saben de dónde proviene originalmente esa afirmación, que se ha corrido de boca en boca por décadas! Si alguien encuentra la fuente, que por favor la circule!).

En realidad, el asunto es a la vez más complicado y más simple. La mejor manera de determinar si una persona o un grupo de personas aprendió o no a leer y escribir es sacar a las personas de la clase y pedirles que lean lo que hay para leer allí afuera, en la vida real, en el hogar, en el barrio, en la comunidad, en el mercado, en la plaza: carteles, anuncios, pintas en las paredes, signos de tránsito, menús, hojas volantes, rótulos de los buses, propaganda política, etc. Incluso en zonas rurales, donde hay poco o nada para leer, a menudo puede encontrarse algún calendario o afiche como material de lectura, un periódico viejo convertido en envoltorio, marcas e instrucciones de productos en cajas y frascos, cuadernos y textos escolares, materiales de difusión en el centro local de salud, etc, etc.

Esto es lo que vengo haciendo yo a menudo, cuando visito centros escolares o centros de alfabetización de adultos en diferentes países, o cuando me encuentro con personas dadas por "alfabetizadas" en campañas y programas. Puedo decirles que rara vez esas personas están en capacidad de leer materiales de la vida real. Fuera de la cartilla o el video - y, en el caso de niños y niñas, fuera del texto escolar - se sienten generalmente perdidos, adivinando y descifrando, no leyendo. A menudo también encuentro que quienes pueden leer esos materiales de la vida real, son personas con algunos años de escolarización, inscritas en los centros de alfabetización a falta de otra oferta educativa ajustada a sus necesidades o, simplemente, a fin de llenar el número necesario.

Quien no es capaz de leer materiales de la vida real, por lo general tampoco está en capacidad de escribirlos. Manejar la escritura es bastante más complejo que manejar la lectura. Dibujar el nombre, copiar palabras o frases, o escribir alguna frase sencilla bajo dictado, está muy lejos de lo que implica escribir - con fines de expresión y comunicación - en la vida real. Pidamos a cada persona que haga un pequeño listado de cosas que le importan (lo que compra en el mercado, los ingredientes que necesita para hacer un determinado plato, los muebles que tiene en su casa, los nombres y fechas de nacimiento de sus hijos, los nombres de sus artistas o deportistas preferidos, etc., etc.) y veremos si saben o no escribir, haciendo uso efectivo, personal y social, de la escritura.

Después de este sencillo "test de realidad", hablo con los alfabetizadores, los educandos, las autoridades o quienes me acompañan en la visita, y les recomiendo continuar el programa hasta que las personas estén realmente habilitadas para leer y escribir con autonomía fuera del aula y del material programado. De otro modo, el esfuerzo de alfabetización no pasa de ser una ilusión, un conteo estéril de estadísticas y tasas que suben el ranking del país pero dejan a la gente frustrada y a medio camino, sin herramientas realmente útiles para mejorar su vida a partir de la lectura y la escritura.

Autora:
Rosa María Torres
Lingüista, pedagoga y activista social con vasta experiencia en las áreas de la enseñanza, la investigación y la asesoría. Actualmente trabaja desde su propio instituto - http://www.fronesis.org y es Secretaria Regional para América Latina y el Caribe de la World Culture Open (WCO).
En Ecuador, fue Directora Pedagógica de la Campaña Nacional de Alfabetización “Monseñor Leonidas Proaño” (1988-2000) y Ministra de Educación y Cultura (2003), designada por el Movimiento Plurinacional Pachakutik. En Nicaragua (1981-1986) trabajó como consejera en el Viceministerio de Educación de Adultos y luego como coordinadora del Proyecto Regional de Educación Popular y Comunicación en la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES). Después de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (1990), pasó a trabajar en UNICEF-Nueva York como Asesora Principal de Educación y editora de UNICEF’s Education News (1991-1996). Fue Directora del Programa para América Latina y el Caribe en la Fundación W.K. Kellogg (1996-98), donde desarrolló la Iniciativa de Educación Básica “Comunidad de Aprendizaje”, que llevó y continuó en IIPE-Unesco Buenos Aires (1998-2000).
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