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viernes, 19 de mayo de 2023

Políticas neoliberales en educación: el caso de la Formación Profesional Dual

 Con el pretexto de la anterior crisis económica no sólo se redujo el gasto público en los derechos esenciales que tiene que garantizar toda administración pública, educación y sanidad, sino que se abrieron de par en par las puertas de lo público a nuevos actores privados.



Estos actores privados están influyendo tanto en las políticas educativas, como en sus desarrollos normativos y en la introducción de nuevos modelos y estrategias de gestión propios de la empresa. Su papel se ha legitimado con el mantra, avalado también por administraciones y gobiernos supuestamente progresistas, “colaboración público-privada”, que todos los estudios e investigaciones vienen a concluir que este término es un eufemismo utilizado para disfrazar la realidad: la parasitación de lo público por parte de lo privado.

Cataluña, Madrid, Murcia, Andalucía y Castilla y León han sido el laboratorio de experimentación de estas políticas neoliberales, cada vez más salvajes y desbocadas. Están dando la “batalla ideológica” por el significado. Resignificando conceptos propios de la izquierda desde el enfoque neoliberal: la libertad colectiva contra la opresión ha pasado a resignificarse como libertad “individual”, incluso a costa de los demás; la calidad como mejora, ha pasado a resignificarse como excelencia y algo selectivo; incluso denominan de “iniciativa social”, no aquello que se construye comunitariamente, sino los centros concertados (negocios privados financiados públicamente) o lo que hacen las fundaciones privadas, etc. Pero también han conseguido introducir y normalizar en la educación, mediante este neolenguaje, prácticas y terminología propia del mundo empresarial: competencias, eficiencia, eficacia, rentabilidad, estandarización, talento, etc.

Esta resignificación de conceptos ha tenido el impulso definitivo cuando se ha legitimado la participación pública de estos lobbys de interés privado por parte de las administraciones educativas. Actores privados, que ya no son únicamente la clásica patronal de los centros concertados o la eterna jerarquía católica, sino que se presentan disfrazados de ongs, fundaciones, bancos, e incluso concursos de premios al “mejor profesor”, como si la educación fuera un circo. Estos “influencers”, con intereses ideológicos y lucrativos muy determinados, están condicionando las políticas actuales de un bien común y esencial, de un derecho básico, como es la educación.

Un claro ejemplo de la injerencia de estas fundaciones económicas y bancarias en la educación, de la mano de la administración, ha sido la imposición del modelo de FP dual. Modelo inicialmente inspirado en modelos europeos pero que se ha implantado con un enfoque de ‘flexibilidad’, precarización, explotación laboral al estilo low-cost, sin garantías formativas ni laborales para quienes participan como aprendices ni para las personas trabajadoras de las empresas.

No olvidemos que este modelo de formación alternada entre el centro educativo y la empresa fue implantado por la administración conservadora del ministro Wert y se vendió como una de las políticas más eficaces para reducir el paro juvenil y el abandono educativo. Pero ha sido adoptados por las ministras del gobierno actual como la biblia educativa, así como por la inmensa mayoría de gobiernos de las comunidades autónoma. No hay como vender bien el producto para que te lo compren, sobre todo si nadie se encarga de inspeccionar y supervisar sus resultados.

El lobby impulsor de la FP dual, la Alianza por la FP Dual liderada por la Fundación privada Bertelsmann, ha ido tejiendo redes con editoriales, empresas, administraciones y sindicatos para seducir y hacer efectiva su implantación en los centros educativos. Esta red se ha tejido con la ayuda de las administraciones que predicaban las bondades de la formación en la empresa, como si fueran comerciales de esta fundación, a los claustros y los departamentos de los centros. Pese a la escasa implantación, las administraciones de todos los colores políticos han impulsado este modelo que ha acabado consolidándose y condicionando el currículo y la formación. Por su parte, los centros, ante la falta de alternativas y de financiación y apoyo para diseñar un proyecto realmente educativo, acabaron comprado el producto y emprendieron una absurda carrera por liderar el ranquin estatal de jóvenes en dual, ranquin de la cantidad sobre la calidad, que se ha acabado convirtiendo en el de la precariedad.

Sin embargo, diez años después de la implantación de este modelo dual apenas ha alcanzado al 5% del alumnado total matriculado en FP. Además, el porcentaje que cursan esta modalidad con contrato laboral es insignificante, el número de contratos de formación y aprendizaje está en mínimos históricos (8.494 jóvenes en el primer cuatrimestre del 2022). Y, por si fuera poco, en su práctica totalidad nutre de personal becario-precario a empresas que les utilizan sin relación laboral, en un espacio que está fuera del control de la inspección laboral y del amparo de la representación sindical. Es decir una tierra de nadie perfecta para la explotación laboral.

Con la nueva Ley de Formación Profesional del Gobierno de coalición de la noche a la mañana a toda la FP se la denomina dual. Aunque en la práctica, y a pesar de haber anunciado desde el Ministerio que toda estancia en la empresa sería remunerada, continuarán coexistiendo dos tipos de situaciones durante las estancias formativas: una sin remuneración hasta 700 horas, y otra remunerada de 700 a 1000 horas con relación laboral, pero con un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre del 2028. Lo que supone no solo distinta velocidad de implantación de la protección de aprendices becarios/as y trabajadores/as, sino que las garantías de derecho a las que se opone la patronal se trasladan en el tiempo, al desarrollo normativo de otras futuras legislaturas.

Nos encontramos así que se consagra definitivamente, en la normativa y en la mentalidad colectiva, la “dual del precariado” con dos opciones: aquella que les dota de un contrato precario y relativos derechos para las personas con mejor expediente académico, que tienen que superar para ello varios procesos de selección (como si les fueran a nombrar directivos) y la otra opción de explotación sin límite, a coste 0 para la empresa: destinada al resto de estudiantes de la FP Dual, sin remuneración ni derechos.

En esta deriva de explotación y privatización de lo público, tenemos que otorgar el premio como campeona de este palmarés de la privatización a Cataluña. Ha conseguido la cuadratura del círculo en neolenguaje y políticas ultraneoliberales. Ha sido capaz de naturalizar y normalizar en el imaginario colectivo, incluso de muchos trabajadores y trabajadoras de la enseñanza, como ‘servicio público’ el negocio privado de la educación concertada (Cataluña incluye dentro del servicio público educativo tanto la educación pública como la privada-concertada y lo defienden muchos cargos políticos y de entidades sociales y educativas).

Incluso ha dado un paso más allá y ha convertido la segregación escolar de los centros concertados en una fuente de negocio lucrativo, vendiéndolo como lucha contra la segregación. Cuando lo cierto es que está pagando mucho a centros privados-concertados porque segreguen un poco menos de lo que hacen habitualmente.

Pero esta deriva privatizadora es especialmente sangrante en el campo de la Formación Profesional. Pese a tener una Ley propia desde el 2015, una Agencia pública y un sistema de concertación con los agentes sociales, mantiene:

  • los recortes de la anterior crisis, como las tasas públicas de los ciclos de grado superior (al igual que Madrid),
  • la masificación en las aulas con sobre-ratios de 33 personas por grupo (sin contar quienes repiten curso),
  • lidera la matrícula de FP privada online en todo el Estado y de la formación dual en la administración pública ante la falta de empresas participantes,
  • pionera y con más alumnado dual en la administración pública, modelo que con la nueva Ley se hace extensivo al resto de comunidades autónomas…

El modelo dual en la administración se inició en el Ayuntamiento de Barcelona y se ha hecho extensivo a otras administraciones públicas, ante la falta de empresas participantes en esta modalidad. Se han denunciado incluso casos de sustitución de profesionales por alumnado en formación dual (que supone fraude de ley). Pero lo más preocupante es que se ha trasladado la responsabilidad de la formación de la mitad del currículo a personal que trabaja empresas municipales y otras dependencias públicas, sin negociar las condiciones de las personas formadoras (que tengan cualificación adecuada) y de los aprendices (que no se les dedique a hacer fotocopias o a barrer, como denuncian alumnos y alumnas). Un modelo muy alejado de los referentes europeos basados en el consenso y la negociación con los representantes de los trabajadores.

De esta forma el modelo está basculando de lo formativo hacia la precariedad y explotación laboral. Lo terrible es que el gobierno catalán ha conseguido que sea normalizada y avalada esta privatización segregadora de lo público por la mayoría de los sindicatos y por partidos supuestamente progresistas del arco parlamentario catalán. Increíble, pero cierto. Mucho nos tememos que las otras comunidades mencionadas le van a la zaga y en poco tiempo serán capaces de alcanzar los puestos superiores del ranquin en este nivel de delirio privatizador y precarizador de la educación pública.

por

Rodrigo Plaza  Enrique Díez

 

 

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/05/10/politicas-neoliberales-en-educacion-el-caso-de-la-formacion-profesional-dual/

 

martes, 7 de abril de 2020

CORONAVIRUS: UN DETONADOR DE LA CRISIS POTENCIADO POR EL LUCRO


Por: Claudio Katz
Muchos sugieren que el desempeño aceptable de la economía fue abruptamente alterado por el coronavirus. También estiman que la pandemia puede provocar el reinicio de un colapso semejante al 2008. Pero en esa oportunidad fue inmediatamente visible la culpabilidad de los banqueros, la codicia de los especuladores y los efectos de la desregulación neoliberal. Ahora sólo se discute el origen y las consecuencias de un virus, como si economía fuera otro paciente afectado por el terremoto sanitario.

En realidad, el coronavirus detonó las fuertes tensiones previas de los mercados y los enormes desequilibrios que acumula el capitalismo contemporáneo. Acentuó una desaceleración de la economía que ya había debilitado a Europa y jaqueaba a Estados Unidos.
 El divorcio entre esa retracción y la continuada euforia de las Bolsas anticipaba el estallido de la típica burbuja, que periódicamente infla y pincha Wall Street. El coronavirus ha precipitado ese desplome, que no obedece a ninguna convalecencia imprevista. Sólo repite la conocida patología de la financiarización.
 A diferencia del 2008, la nueva la burbuja no se localiza en el endeudamiento de las familias o en la fragilidad de los bancos. Se concentra en los pasivos de las grandes empresas (deuda corporativa) y en las obligaciones de muchos estados (deuda soberana). Además, hay serias sospechas sobre la salud de los fondos de inversión, que aumentaron su preponderancia en la compra-venta de bonos.
La economía capitalista genera esos temblores y ninguna vacuna puede atemperar las convulsiones que desata la ambición por el lucro. Pero la miseria, el desempleo y los sufrimientos populares que provocan esos terremotos han quedado ahora diluidos por el terror que suscita la pandemia.
También la caída del precio del petróleo antecedió al tsunami sanitario. Dos grandes productores (Rusia y Arabia Saudita) y un jugador de peso (Estados Unidos), disputan la fijación del precio de referencia del combustible. Esa rivalidad quebrantó el organismo que contenía la desvalorización del crudo (OPEP más 10).
La sobreproducción que precipita ese abaratamiento del petróleo es otro desequilibrio subyacente. El excedente de mercancías -que se extiende a los insumos y las materias primas- es la causa de la gran batalla que enfrenta a Estados Unidos con China.
Los dos principales determinantes de la crisis actual -financiarización y sobreproducción- afectan a todas las firmas, que empapelaron con títulos los mercados o se endeudaron, para gestionar los excedentes invendibles. El coronavirus es totalmente ajeno a esos desequilibrios, pero su aparición encendió la mecha de un arsenal saturado de mercancías y dinero.
Varios especialistas han destacado también cómo las transformaciones capitalistas de las últimas cuatro décadas inciden sobre la magnitud de la pandemia. Observan que las contaminaciones anteriores- separadas por lapsos prolongados- irrumpen ahora con mayor frecuencia. Ocurrió con el SARS (2002-03), la gripe porcina H1N1 (2009), el MERS (2012), el Ébola (2014-16), el zika (2015) y el dengue (2016).
Es muy visible la conexión de esos brotes con la urbanización. El hacinamiento de la población y su forzada proximidad multiplica la diseminación de los gérmenes. También resulta evidente el efecto de la globalización, que incrementó en forma exponencial el número de viajeros y la consiguiente expansión de los contagios a todos los rincones del planeta. La forma en que el coronavirus ha provocado en pocas semanas el colapso de la aviación, el turismo y los cruceros es un contundente retrato de ese impacto.
El capitalismo ha globalizado en forma vertiginosa muchas actividades lucrativas, sin extender esa remodelación de las fronteras al sistema sanitario. Al contrario, con las privatizaciones y los ajustes fiscales se afianzó la desprotección en todos los países, frente a enfermedades que se mundializan con inusitada velocidad.
 Algunos estudiosos también recuerdan, que luego SARS fueron desechados varios programas de investigación para conocer y prevenir los nuevos virus. Prevalecieron los intereses de los conglomerados farmacéuticos, que priorizan la venta de medicamentos a los enfermos solventes. Un ejemplo patético de esta primacía del lucro se observó en Estados Unidos al comienzo de la pandemia con el cobro del test de detección del coronavirus. Esa ausencia de gratuidad redujo el conocimiento de los casos, en un momento clave para el diagnóstico.
Otros expertos destacan cómo se ha destruido el hábitat de muchas especies silvestres, para forzar la industrialización de actividades agropecuarias. Esa devastación del medio ambiente ha creado las condiciones para la mutación acelerada o la fabricación nuevos virus.
China ha sido un epicentro de esos cambios. En ningún otro país convergió en forma tan vertiginosa la urbanización, con la integración a las cadenas globales de valor y la adopción de nuevas normas de alimentación.
En la crema del establishment el coronavirus ya recreó el mismo temor que invadió a todos los gobiernos, durante el colapso financiero del 2008. Por eso se repiten las conductas y se prioriza el socorro de las grandes empresas. Pero existen muchas dudas sobre la eficacia actual de ese libreto.
Con menores tasas de interés se intenta contrarrestar el desplome del nivel de actividad. Pero el costo del dinero ya se ubica en un piso que torna incierto el efecto reactivador del nuevo abaratamiento. Las mismas incógnitas generan la inyección masiva de dinero y la reducción de impuestos.
El dólar y los bonos del tesoro de Estados Unidos se han convertido nuevamente en el principal refugio de los capitales, que buscan protección frente a la crisis. Pero la primera potencia está comandada en la actualidad por un mandatario brutal, que utilizará esos recursos para el proyecto imperial de restaurar la hegemonía norteamericana.
Por esa razón, a diferencia del 2008 prevalece una total ausencia de coordinación frente al colapso que sobrevuela a la economía. La sintonía que exhibía el G 20 ha sido reemplazada por las decisiones unilaterales que adoptan las potencias. Se ha impuesto un principio defensivo de salvación a costa del vecino.
No sólo Estados Unidos define medidas sin consultar a Europa (suspensión de vuelos), sino que los propios países del viejo continente actúan por su propia cuenta, olvidando la pertenencia a una asociación común. Todas las consecuencias de una globalización de la economía -en el viejo marco de los estados nacionales- afloran en el temblor actual. Nadie sabe cómo lidiará el capitalismo con este escenario.
Las terribles consecuencias de la crisis para la economía latinoamericana están a la vista. El desplome de los precios de las materias primas es complementado por masivas salidas de capital y grandes devaluaciones de la moneda en Brasil, Chile o México. El colapso que padece Argentina comienza a transformarse en un espejo de padecimientos para toda la región.
Es evidente que el coronavirus golpeará a los más empobrecidos y producirá tragedias inimaginables, si llega a los países con sistemas de salud inexistentes, deteriorados o demolidos. Por la elevada contagiosidad de la pandemia y su fuerte impacto sobre las personas mayores, la estructura hospitalaria ya trastabilla en las economías avanzadas.
En el debut del coronavirus se multiplicaron los cuestionamientos al comportamiento de los distintos gobiernos. Hubo fuertes indicios de irresponsabilidad, ocultamiento de datos o demoras en la prevención, para no afectar los negocios. Pero la drástica reacción posterior comienza a aproximarse a un manejo de economía de guerra. En ese viraje ha incidido el contagio sufrido por varios miembros de la élite de ministros, gerentes y figuras del espectáculo.
También los medios de comunicación oscilan entre el ocultamiento de los problemas y el estímulo del terror colectivo. Algunos extreman ese miedo para propagar alegatos racistas, hostilizar a China o denigrar a los inmigrantes. Pero todos achacan al coronavirus la responsabilidad de la crisis, como si el capitalismo fuera ajeno a la convulsión en curso.
Los poderosos buscan chivos expiatorios para exculparse de los dramas que originan, potencian o enmascaran. El coronavirus es el gran peligro del momento, pero el capitalismo es la enfermedad perdurable de la sociedad actual.


Fuente: https://rebelion.org/coronavirus-un-detonador-de-la-crisis-potenciado-por-el-lucro/


jueves, 31 de octubre de 2019

NOAM CHOMSKY SOBRE CHILE: “ERA PREVISIBLE TRAS 40 AÑOS DE ASALTO NEOLIBERAL A LA POBLACIÓN”


Chomsky indica que el neoliberalismo es «la razón básica de la ira, el resentimiento y el desprecio por las instituciones políticas que están barriendo gran parte del mundo»
Noam Chomsky, lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense, es ampliamente es reconocido como una de las figuras intelectuales más importantes del siglo por su activismo político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y de la política exterior de los Estados Unidos. Por ese estatus, siempre es interesante saber su opinión sobre la política internacional y económica, y en consonancia con esto, se ha referido la crisis política y social que se ha desatado en Chile.

En una entrevista con El Mostrador, Chomsky afirmó que no le sorprende para nada lo que ocurre en el país latinoamericano, ya que los hechos “eran perfectamente previsibles tras el asalto neoliberal a la población en los últimos 40 años, verificadas constantemente en todo el mundo”.
El intelectual agregó que uno de los principales riesgos en la actualidad es que esa ira, esa rabia, está “creando oportunidades para los demagogos de ultraderecha como Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini y otros que buscan desviar la ira justificada hacia chivos expiatorios, como inmigrantes, negros, musulmanes, etcétera. Una táctica milenaria, con graves consecuencias”.
Chomsky explicó que “el neoliberalismo fue inventado por Von Mises y otros en Viena, en la década de 1920. Es una versión particularmente salvaje del capitalismo. Ganó poder con Reagan y Thatcher, con efectos devastadores en gran parte del mundo”. “Esa es la razón básica de la ira, el resentimiento y el desprecio por las instituciones políticas que están barriendo gran parte del mundo”, razonó.
La dictadura de Pinochet, explicó el intelectual, es la que “proporcionó condiciones experimentales perfectas para la aplicación de los principios neoliberales guiados por las principales figuras de la doctrina. Fue un fracaso total. Para 1982, la economía colapsó. El Estado tuvo que intervenir radicalmente. Los economistas internacionales bromearon diciendo que era ‘el camino de Chicago hacia el socialismo’. Sin embargo, los efectos perniciosos permanecieron y continuaron“.
Chomsky concluyó agregando que ya “Margaret Thatcher expresó bien el dogma neoliberal: no hay sociedad, solo individuos, solos para enfrentar las devastadoras fuerzas del mercado. La solidaridad es un crimen. Es por eso desde la década de 1920, las principales figuras del neoliberalismo, Von Mises, Hayek y otros, han acogido con satisfacción la violencia estatal a gran escala para destruir los sindicatos y otras interferencias similares a la ‘buena economía’».
“Pinochet es un ejemplo clarísimo de esto”, finalizó.


Fuente: https://spanishrevolution.org/noam-chomsky-sobre-chile-era-previsible-tras-40-anos-de-asalto-neoliberal-a-la-poblacion/
Redacción: El Mostrador


martes, 22 de octubre de 2019

NOAM CHOMSKY: SOBRE LA CRISIS DEL NEOLIBERALISMO EN ECUADOR


¿Cómo lograr que una micro minoría del uno por ciento continúe, década tras década acumulando más riqueza que el restante noventa y nueve por ciento de una sociedad? Quienes lo han hecho lo saben bien:

Otra forma es enlazar disputas y axiomas diversos sin una necesaria relación lógica: la religión de las armas y el amor religioso, el aborto y la baja de impuestos a los más ricos, la negación del cambio climático y el odio a los inmigrantes, la libre circulación del capital y el patriotismo, etc.
De esta forma, el uno por ciento continúa recogiendo los frutos de toda una sociedad y de toda una historia, con el apoyo necesario de una elite criolla dominante o, incluso (cuando existen elecciones) de un número significativo de quienes no pertenecen al uno por ciento.
Así, en América Latina, las opciones al neoliberalismo, cuando han fracasado, han fracasado por errores propios y, sobre todo, por el criminal bloqueo económico de la superpotencia del mundo. Eso cuando no han recurrido a los más tradicionales golpes militares para defender la libertad del capital de la minoría criolla (clasista y racista) aliada a las más poderosas transnacionales.
Así, por otro lado, en América Latina las imposiciones neoliberales han fracasado a pesar de repetidas inundaciones de capitales en formas de créditos multimillonarios que no dejaron en sus países ni progreso ni desarrollo sino deudas masivas y más pobreza.
Para el neoliberalismo, solo el éxito económico cuenta como éxito. No obstante, este mito del éxito económico ni siquiera ha tenido éxito en la economía de los países colonizados por el mito del éxito económico. No, por el contrario, se insiste en “el probado fracaso” de sus otras opciones apuntando a países acosados, bloqueados y en ruinas, lo cual es un patrón de acción y de narración política.
América Latina es parte de esta ola que, a falta de mejor nombre, se suele denominar neoliberalismo. Esa ola que arrasa, quema y destruye cualquier malla de contención social y ambiental hasta poner en riesgo la propia supervivencia planetaria y cuyas consecuencias económicas y sociales volvemos a presenciar en todo el continente como una historia que se repite de forma cíclica.
Si bien en estos días la atención está mayormente concentrada en el vergonzoso estado de sitio en Ecuador y la consecuente represión de las movilizaciones contra las medidas antipopulares del gobierno de Lenín Moreno, una amplia mayoría de países vive en estado de permanente amenaza e incertidumbre al mismo tiempo que los inversores presionan, amenazan y aumentan sus ganancias.
No habrá que soslayar que mientras escribimos estas líneas la respuesta gubernamental ecuatoriana viene cobrándose muertos, heridos y detenidos y aún inciertos por el ejercicio de la censura y el toque de queda. Pero las movilizaciones que comienzan a resistir esta crisis humanitaria, producto de políticas adulatorias del poder mundial y generadoras de miseria, se extienden de norte a sur. Como en Colombia (sede de la mayor cantidad de bases militares de Estados Unidos en el hemisferio y sede del narcotráfico mundial y del paramilitarismo impune) se opone al único proceso de paz concreto propuesto en cincuenta años. Como en Perú, donde idéntico desconocimiento mutuo entre dos poderes fundamentales del Estado (ejecutivo y legislativo), es considerado una opinable cuestión constitucionalista mientras que en Venezuela (no se lea este manifiesto como un apoyo a su gobierno) la mafia hegemónica llama a la intervención militar. Argentina vive envuelta en piquetes frente a la aceleración exponencial de la pobreza y el endeudamiento súbito, mientras en Chile y en Brasil se sigue profundizando la inequidad social, la desprotección, el narcotráfico y la violencia civil y policial que ya amenazan hasta países como Uruguay por razones de proximidad.
Diferentes procesos electorales aún están pendientes en Argentina, Bolivia y Uruguay en lo que resta del año. Otros seguirán en los años por venir. La disyuntiva continúa siendo entre la narrativa del uno por ciento (el autoritarismo de las élites, el militarismo reaccionario, el odio de los racistas, de los nacionalistas, de los clasistas, del machismo que se resiste a ceder paso, del neomedievalismo, de la destrucción del medio ambiente a cambio de unos dólares) y la construcción de una democracia progresiva, solidaria, no consumista, que ponga el énfasis en el ser humano y no en las riquezas de unos pocos a costa de unos muchos. Una sociedad capaz de construir un mundo para todos y no sólo para una minoría elegida por un dios que nunca la eligió.


Por: Noam Chomsky
Fuente del artículo: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2019/10/13/noam-chomsky-sobre-la-crisis-del-neoliberalismo-en-ecuador-2467.html


martes, 23 de junio de 2015

Qué hacer frente al impacto de la globalización neoliberal en Educación

En esta publicación trascribo los aportes de Moacir Gadotti frente al problema planteado por la globalización neoliberal en el frente educativo ¿Qué podemos hacer frente al aluvión?


Ya muchos especialistas se han encargado de analizar el impacto de la globalización en la educación, entre ellos, Martin Carnoy, de la Universidad de Stanford (EE.UU), gran amigo de Paulo Freire. Él utiliza el término “mundialización” (como los franceses) para designar el fenómeno de la “globalización”. De acuerdo con Martin Carnoy, “dos de los fundamentos esenciales de la mundialización son la información y la innovación (…). La circulación masiva de capitales operativos, en la actualidad, se basa en la información, comunicación y saber con respecto a los mercados mundiales, y dado que el saber es altamente transferible se presta fácilmente a la mundialización (…). La mundialización ejerce un profundo impacto sobre la educación en planos bastante diferentes y, en el futuro, ese fenómeno se hará mucho más perceptible a medida que las naciones, regiones y localidades aprendan cuál es el papel fundamental de las instituciones educativas, no sólo para transmitir los conocimientos necesarios para la economía mundial, sino también para reincorporar a los individuos en nuevas sociedades construidas sobre la base de la información y el saber”.

La globalización como proceso es algo que data de la antigüedad. Lo que nosotros observamos hoy es la globalización de un modelo de sociedad, el capitalista. Ya hemos pasado por otros procesos de globalización: la helenización, la romanización, la evangelización, la misión civilizadora de la colonización y, hoy en día, el mercado global. Walter Mignolo (2003) distingue en los últimos 500  años, cuatro movimientos de este proceso reciente: Cristiandad, Misión civilizadora, desarrollo y mercado global. Según él, “cada momento corresponde a un proyecto global específico y, ciertamente, inaugura diferentes historias locales que responden a los mismos proyectos globales.

Carnoy se refiere sobre todo a la globalización como fenómeno provocado por la expansión de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de información. Sin lugar a dudas, hay muchas consecuencias positivas del avance tecnológico, pero la tecnología, por si sola, no es libertadora. La globalización capitalista neoliberal (globalismo) trabaja con la noción de “gobierno” (aparatos administrativos) separada de la noción de “estado”. El estado, además del gobierno, tiene una dimensión simbólica que incluye la noción de ciudadanía. El estado no sólo financia la educación, también construye valores, sentidos (derechos, ciudadanía…). Para el “globalismo”, el ciudadano se reconoce sólo como cliente, como consumidor, que tiene una “libertad de escoger” entre diferentes productos. El ciudadano necesita estar bien informado para “escoger”. Era por esto que él necesita saber del “ranking” de las principales escuelas, las “mejores”. Ese ciudadano no necesita ser emancipado. Sólo necesita “saber escoger” (Friedman).

El argumento básico del modelo neoliberal está en la justificación de que es el único modelo eficaz frente al fracaso de las economías socialistas y del “estado de bienestar”. Esto impone la necesidad de adaptar la educación a las exigencias de la “sociedad de mercado” (sostienen que el sistema educativo está en crisis porque no está adaptado para la globalización capitalista que considera la escuela como una empresa que necesita someterse a la lógica de la rentabilidad y la eficiencia), principalmente los contenidos, la evaluación, la gestión de la educación, puesto que ellos están “atrasados”, al no responder a las nuevas exigencias del mercado.

Contra esa ofensiva neoliberal en el campo de la educación el Foro Mundial de Educación aprobó, en su quinta edición, realizada en Nairobi (Kenia) a finales de enero de 2007, una Plataforma Mundial en defensa del derecho a la educación pública y contra la mercantilización de la educación. En ese sentido, el Foro Mundial de Educación representa una fuerza real de resistencia contra las amenazas de las políticas neoliberales y, al mismo tiempo, una esperanza de construir la educación necesaria para ese “otro mundo posible”.
Plataforma del Foro Mundial de Educación

1.         Luchar por la universalización del derecho a la educación pública con todas y todos los habitantes del planeta, como derecho social y humano de aprender, indisociable de otros derechos, y como deber de estado, incorporando la lucha por la educación a la agenda de lucha de todos los movimientos y organismos involucrados en la construcción del proceso del FME y del FSM;
2.         Difundir una concepción emancipadora de la educación, que respeta y convive con la diferencia y la semejanza, popular y democrática, centrada en la vida, asociada a la cultura de la justicia, la paz y la sostenibilidad en el mundo;
3.         Garantizar el acceso a la educación y el uso de la riqueza socialmente producida, dándole prioridad a los oprimidos, silenciados, explotados y marginados del mundo;
4.         Promover el control social del financiamiento de la educación y la desmercantilización de la educación;
5.         Exigir que los gobiernos y organismos internacionales cumplan con la prioridad que dan a la educación en sus declaraciones, pero no en la práctica. 



Autor
Moacir Gadotti
La Escuela y el Maestro
Paulo Freire y la pasión de enseñar


domingo, 1 de marzo de 2015

La planificación tras la gran involución educativa neoliberal


En esta publicación, el autor hace un diagnóstico sobre el legado neoliberal en Educación, para plantear luego un camino a seguir para superar los desequilibrios establecidos.

Este proceso no se ha improvisado de un día para otro. Han empleado muchos millones de dólares en campañas, propaganda, publicidad, fundaciones, financiación de investigaciones y publicaciones con una orientación determinada. Pero lo han conseguido. Han conseguido “naturalizar” determinados valores, consiguiendo que los asumamos como inevitables y configuradores del “sentido común”.

De esta forma el neoliberalismo se ha convertido en el “telón de fondo” de los ajustes de la política educativa a nivel mundial, que no se limitan ya al recorte en la asignación de recursos o a su privatización, sino que afectan básicamente a los núcleos centrales del ideario educativo y a las políticas pedagógicas. Los conflictos que se dirimen en la escuela no son más que una parte de una crisis más general de la política y de la ciudadanía en el capitalismo global.

Estas políticas siguen las directrices de los organismos internacionales (principalmente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional). La tesis central que se viene a concluir es que no sólo se está en un proceso privatizador a escala mundial abriendo la educación a los mercados y rompiendo la concepción de la educación como un derecho social que ha de ser protegido por el Estado, sino que se está adecuando la misma educación a los principios y prácticas del mercado.

Lo sorprendente es que esta dinámica neoliberal se ha configurado como “sentido común” tan poderoso que ha sido capaz de redefinir los límites de la discusión en torno a la libertad de elección del consumidor o la consumidora en un mercado “libre” que nos oferta distintos productos que ha de elegir (por supuesto, quienes tengan capacidad para comprar).

Se quiere convertir la enseñanza en un asunto privado de consumidores y consumidoras que eligen según sus intereses. Se trata de un replanteamiento total del papel de la educación en la sociedad. Se intenta, de hecho, separar la educación de la esfera pública, regida por la autoridad política, para confiarla al mercado. En el mercado, cada cual, tanto ofertante como demandante, se regula por su cuenta, en función de su fuerza y sus posibilidades. La educación pasa así a ser un elemento de consumo individual. Se trata, en definitiva, de negar su condición de derecho social y transformarla en una posibilidad de consumo individual, variable según el mérito y la capacidad de los consumidores y las consumidoras. El sistema escolar pasa así del ámbito prioritario de los valores culturales y educativos a la lógica urgente del valor económico.

Se está produciendo así, por tanto, una mutación en la concepción del derecho a la educación: si durante años la educación fue una causa social, ahora la conciben como un imperativo económico, al servicio de la economía y de su competitividad. La formación y el conocimiento se convierten en un bien privado, en una ventaja competitiva para insertarse en el futuro mercado laboral. Las nociones de igualdad, emancipación y democracia han sido reemplazadas por un discurso de excelencia, autonomía financiera y reducción de costes.

Debemos combatir este nuevo neoconservadurismo desigualitario que nos inunda, reclamando un sistema público de educación inclusiva que garantice el derecho a la educación de todos y todas, que cubra la necesidades de plazas escolares de todo el conjunto de la población y con la suficiente calidad en cada centro para que toda la población pueda recibir el máximo posible de oportunidades en su aprendizaje y desarrollo personal y profesional.

Por eso ahora, más que nunca, es necesario articular un amplio espacio de confluencia en la defensa de lo público como garante de nuestros derechos sociales. Y en ese empeño, debemos construir colectivamente un discurso sólidamente fundamentado que se contraponga y contrarreste el lenguaje neorwelliano, que con su ambigua retórica (libre elección de centro, gobernanza…) oculta intereses neoliberales puramente mercantilistas, buscando convertir este derecho en una oportunidad de negocio (que mueve dos billones de euros anuales a nivel mundial, según datos de la UNESCO), a la vez que perpetúa un modelo social neoconservador segregador y excluyente, que refuerza los aspectos más autoritarios, competitivos, academicistas y religioso-confesionales.

Nos jugamos nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos e hijas. Educación o barbarie, no hay neutralidad posible. Actuemos en consecuencia.


Autor
Enrique Javier Díez Gutiérrez
Profesor de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de León y
Coordinador del Área Federal de Educación de IU

miércoles, 16 de abril de 2014

Herencias neoliberales…


El legado Neoliberal no se limita a recetas aplicadas a la economía, constituye un verdadero cimbronazo que afecta a todas las expresiones culturales, y entre ellas la Educación ¿Cuál es su visión de “Calidad Educativa”? ¿Qué efectos provocaron sus políticas?  ¿Qué se hace para revertir la tendencia?


Los años noventa han sido pródigos en los avances de los proyectos educativos que, bajo la orientación técnica del Banco Mundial –verdadero Ministerio de Colonias- avanzaron en procesos de reconfiguración de los sistemas educativos nacionales.

No tenemos mucho espacio para explayarnos, podemos enumerar sumariamente algunas de las definiciones de ese período:

Reconfiguración del Estado que deserta de sus responsabilidades como garante de derechos y pasa a asumir funciones de Evaluación en clave de “calidad educativa”, leída de modo tecnocrático.

Ampliación de atribuciones a la educación privada y precarización de las condiciones laborales de los trabajadores en general y los docentes en particular.

Concepción de “calidad educativa” como sinónimo de exámenes estandarizados de contenidos elaborados por expertos, traducidos a manuales por las empresas editoriales, que se esperaba sean impartidos por los docentes a los alumnos, para ser finalmente medidos por el Ministerio de Educación, que se dedicaba a promocionar los buenos rendimientos, estimulando por todos los medios posibles una pedagogía basada en la repetición, en la competencia y en la estigmatización.

Explotación del trabajo docente (no solo por los recortes salariales, sino por la intensificación, precarización, deterioro de las condiciones concretas de trabajo), y creciente enajenación (al convertir al docente en un mero aplicador del paquete pedagógico elaborado por la capa de tecno- expertos).

En el caso argentino, estos dispositivos de regulación y control, competencia, desfinanciamiento progresivo, apuntalaron un proceso de desguace del sistema educativo nacional, que ya venía sufriendo una fragmentación sostenida por las sucesivas medidas de descentralización educativa, concebidas a partir del golpe de 1955, y aplicadas sucesivamente en 1961, 1968, 1978, 1979 y 1991.
En suma, las políticas educativas desplegadas desde la última dictadura militar y profundizadas en los años noventa tuvieron un sesgo mercantilista, autoritario y tecnocrático.

Los efectos de este proyecto político educativo son de una gravedad inusitada: ha desarmado al Estado como instrumento para la igualdad pedagógica, ha difundido un sentido común que propicia el (pre)juicio de que toda educación privada es mejor que la pública y, en una victoria cultural aún más radical, ha logrado difundir como sentido común y lenguaje oficial, oficioso y verdadero, que toda la educación es pública, apenas diferenciada por la “gestión”.

Ha generado, además, una dinámica de exclusión que profundizó la desigualdad educativa, induciendo un sistema escolar fragmentado que, en los años noventa, reprodujo accesos diferenciales a propuestas educativas de gran desigualdad. La fragmentación en el acceso y en los tipos de educación impartida en la red institucional no ha sido sino la consagración de un modelo educativo incompatible con un proyecto democrático.

En los años esperanzadores que abrió el siglo XXI, los nuevos gobiernos han venido haciendo enormes esfuerzos para revertir el legado político-educativo y pedagógico que profundizó la injusticia educativa.

En el caso argentino, el Estado nacional dio pasos significativos en políticas públicas reparadoras en todos los planos. En educación -y como consecuencia de las políticas sociales- se ha mejorado sustancialmente el acceso a las instituciones escolares. La Asignación Universal por Hijo, la distribución de netbooks, pero además, un modelo de desarrollo orientado por principios de reconocimiento y efectivización de derechos, fueron la base de un piso más alto en la búsqueda de la democratización de la educación.

Queda, desde luego, mucho por hacer. Repasemos el escenario. En primer lugar, durante más de medio siglo se propició el desguace del sistema educativo, y bajo la coartada de la descentralización educativa lo que ocurrió -especialmente en el último cuarto del siglo XX- fue la multiplicación de la desigualdad entre las diversas jurisdicciones provinciales. Esta dispersión está intentando saldarse con las atribuciones que le da la Ley de Educación Nacional al Consejo Federal de Educación. Sin embargo, un repaso por las leyes provinciales -por caso, la legalización de la educación religiosa en Salta-, o la adecuación de la Nueva Escuela Secundaria y la particular lectura que hace de esta política la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, revela que es largo el trecho para lograr un efectivo gobierno nacional de la educación.

La oposición a las pruebas Pisa -exámenes estandarizados de OCDE- supone que no se acuerda con el concepto de “calidad educativa” descripto arriba. Sin embargo, la tarea pendiente es la construcción de un proyecto pedagógico alternativo. Este proyecto debe ser tributario del proyecto latinoamericanista y de las orientaciones nacionales, populares y democráticas que eligieron las mayorías sociales en Argentina. Claro, esta construcción no depende del Ministerio Nacional, a pesar de que debe jugar un papel protagónico. En este tiempo en que todo está en debate, el lanzamiento del Movimiento Pedagógico Latinoamericano interpela a los colectivos docentes y estudiantiles, a los Estados, a las organizaciones sociales y políticas, a los colectivos culturales. La Educación Emancipadora será una creación colectiva, una invención que reclama de los esfuerzos de todos los actores de la comunidad educativa y las comunidades territoriales.

No será, claro, obra exclusiva de especialistas, de funcionarios ministeriales, de docentes y sus organizaciones gremiales, de estudiantes y sus movimientos, de organizaciones populares. Será una construcción común de todos estos ámbitos, la que facilitará -en el marco de Nuestra América- la emergencia de una Pedagogía Emancipadora que acompañe el proceso político y social, cultural e histórico, institucional, organizativo y comunicacional que estamos atravesando millones de latinoamericanos y caribeños.




Autor
Pablo Imen
Investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. Disertante en el Encuentro Córdoba “Hacia un Movimiento Pedagógico Latinoamericano”.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El neoliberalismo ubica a la educación en el mercado de competición, de producción exacerbada

¿Cómo se caracteriza la concepción neoliberal sobre Educación? ¿Qué significa ser inclusivo? ¿Se sobreexige al docente? ¿Qué consecuencias trae? Estas cuestiones son abordadas por un especialista brasileño en Educación.


Reportaje a Alfredo Veiga Neto, Especialista en Educación del Brasil
–¿Cómo ve el reclamo de la comunidad educativa chilena ante el gobierno de Sebastián Piñera?
–Esto concierne a las relaciones entre el mundo educativo, el mundo de la escuela y cuando hablo de la escuela de niños, jóvenes y adultos, el mundo del profesorado, de los maestros, el mundo social, en ese mundo. En esas relaciones que son mucho más que relaciones mecánicas para usar una palabra de Deleuze son relaciones inmanentes, son relaciones necesarias, inseparables, cuestiones que se articulan de una manera muy íntima. El problema de Chile no es un problema educacional, sino el problema de una concepción.

–¿A qué correspondería esa concepción?
–Correspondería a una situación de competencia permanente, una racionalidad que se muestra liberal pero es neoliberal. Las características de las sociedades neoliberales de comprar en demasía una suerte de comprismo, es más que consumismo, porque cuando se habla de consumo se habla de cosas que se compran y que se usan, el comprismo es algo medio irracional por lo que se compra más de lo que se necesita usar.

–Es como el excedente.
–Una cosa inútil, una inmoralidad de compra. Eso es muy típico de las sociedades neoliberales. Hay una superposición de lógicas, de racionalidades, la racionalidad neoliberal se concentra mucho más en la competencia exagerada de unos con los otros y de uno consigo mismo. Tengo que comprar y adquirir y ser mejor.

–¿La educación en el caso de Chile está bajo la tutela del mercado y no del Estado?
–En la lógica neoliberal es necesario colocar la educación no como un bien social con la tutela de la sociedad y el Estado, sino bajo la tutela del mercado de competición, de producción exacerbada, de consumo, de compra y de competencia exacerbada. Insisto en esto porque debemos aprender a competir con los otros.

–¿La competencia es eliminar al otro, al diferente?
–Eliminar a los que no pueden consumir, a los que no pueden comprar, es una lógica que lleva al capitalismo a avanzar. En ese marco, y no soy original al decirlo, es una ideología, una forma de vida, una forma de estar en el mundo, de silenciamiento.

–¿Entonces la escuela dejó de ser un lugar seguro?
–La enseñanza no es para tener un emplazamiento de seguridad, sino que debo prepararme para competencias futuras según la racionalidad neoliberal. Hay tentativas de hacer eso en Brasil, en especial de los grupos privados en la educación superior, universitaria, eso no es hegemónico como en el caso de Chile. Allí no es una cuestión educativa, se manifiesta en la educación, en los derechos que no hay, que no existen, que se cortan. Es una cuestión más radical.

–¿Al modelo neoliberal no le interesa la educación?
–Le interesa para reproducir más fuertemente el modelo. Para la ciudadanía, para los derechos humanos, pero la equidad no interesa. La educación es importante para el capitalismo avanzado, no sólo porque produce mano de obra más capaz, produce una sociedad que responde bien pero para una reproducción del statu quo, de la lógica neoliberal.

–¿Es para eliminar el pensamiento crítico?
–Por supuesto que sí porque ¿para qué la crítica si estamos en el mejor de los mundos?

–Usted señaló que las escuelas no son visibles. ¿A qué se refiere esa no visibilidad?
–La racionalidad neoliberal piensa que la escuela es necesaria, pero que no debe hacer ruido, problematizar, no debe ser cuestionadora, entonces las escuelas deben ser invisibles, silenciosas, que hagan su tarea que es reproducir, amplificar el neoliberalismo.

–Usted escribió que “en el corazón del neoliberalismo no está la libertad sino la seguridad”.
–En nombre de la seguridad yo entrego mi libertad, pago para no ser libre. Para que en mi casa haya mecanismos, aparatos de control y también hay un hipercontrol significa que todo es rastreable, todo se registra, es un monitoreo permanente. Todo se ve, todo se sabe y se sabe mi perfil de consumidor, y eso es una pérdida de la libertad en nombre de la seguridad.

–¿Cómo se miden los “resultados” en materia educativa?
–Con mínima inversión de insumos se obtiene un máximo rendimiento de la máquina escolar, no interesan las cosas no mensurables de la educación que son muchas, la formación del carácter, de la conciencia política, la conciencia del estar en mundo. Eso no interesa, interesa lo que las personas pueden producir, las personas se transforman también en mercancías. Mínimo insumo para máximo de rendimiento. La eficacia es la máquina en funcionamiento. Creo en la eficiencia, pero no en sentido economicista.

–Usted hablaba de los sujetos sujetados en esa maquinaria.
–Los alemanes hablaron en el siglo XVIII de una formación integral y eso no significa ineficiente, pero el acento no está en la eficiencia sino en el sujeto, su posición en el mundo y consigo mismo.

–A diferencia de Chile, ¿cómo evalúa el acceso a la educación en Brasil y Argentina?
–Se entiende la educación como un derecho social, como un derecho humano. Solventar la educación es lo que le interesa al Estado, con un sentido solidario. Hay movimientos en Brasil que dicen que las personas que pueden pagar paguen y eso no prosperó en los últimos ocho años. Fue un intento también del gobierno socialdemócrata de Fernando Cardozo. A pesar de las críticas que tengo hacia el gobierno de Lula reconozco su apego a la educación pública, a la educación de calidad, gratuita y de una ampliación de la base social en la enseñanza técnica y universitaria.

–¿Cuál es la diferencia entre disciplina y disciplinamiento?
–La diferencia está en el acento, en el énfasis. No es posible hoy en día la vida social sin unas normativas disciplinarias, pero eso no significa un disciplinamiento de la población. Foucault tiene una frase muy famosa: “El iluminismo inventó las libertades y también la disciplina”. Hay un equilibrio. La cuestión es una educación centrada en la disciplina que es una cosa horrible, una cosa fascista. Otra cosa es una educación donde la disciplina ocupa un lugar para una vida civilizada.

–¿Cómo se miden los resultados a partir de la currícula en educación?
–Es una presión para los docentes, para el funcionamiento de las escuelas, en la formación de los alumnos todo es mensurable, pero todo no es mensurable, eso es algo que no podemos olvidar. En Brasil hacemos todo lo posible para que la educación tienda a la igualdad, gratuita.

–¿Incluye a los sin tierra?
–Mi universidad en Porto Alegre tiene un programa de clases para los sin tierra. Hay centros educativos que tienen programas de inclusión social muy fuertes. De indígenas, de sin tierra, negros.

–¿Hay muchos chicos, jóvenes y adolescentes fuera del sistema?
–Pocos, hay diferencias en el nordeste, en el norte y en el sur. Es muy pequeña la porción que está fuera de la escuela, son cuestiones a veces geográficas con bajísima densidad demográfica. La evasión escolar es cada vez menor. Lula y su gobierno le dieron continuidad a esta política. Es un gobierno de acciones en algunos casos de corte neoliberal en relación con los bancos, con las inversiones, con el sistema financiero, pero en cuestiones de salud y educación no siguen ese rumbo.

–¿A los docentes se los estimula en su formación?
–Mucho, y ya no ocurre que el docente tiene que correr de un trabajo al otro. En Brasil las universidades en su mayoría son federales, son de la Nación, los sistemas estaduales se encargan de la enseñanza secundaria y a veces primaria. Hay refuerzos estatales para los salarios docentes, de la carrera docente hay mucho, en el sur es bajo el salario pero luchan. Brasil es un país muy contradictorio.

–¿Cómo lograr que los excluidos se vayan integrando a la red escolar?
–Es diferente según el tipo de exclusión. Para los sordos, por ejemplo, que es una gran parcela de la población que hasta hace pocos años era invisible, hay programas muy fuertes de inclusión. Brasil hoy tiene dos lenguas oficiales que son el portugués y la lengua brasileña de señas. Hay traductores bilingües para el portugués y el lenguaje de señas. En el caso de autistas o síndrome de Down, algunos programas están equivocados porque en una misma clase están todos juntos y el profesor se queda con todos y eso es complicado. Es un poco forzado, exagerado.

–¿No advierte que al docente se le exige mucho en especial con la irrupción de las nuevas tecnologías?
–Mucho. El stress pega fuerte, hay estudios muy interesantes sobre la neurosis. Hay una obsesión por la productividad docente. Hay una combinación entre una sociedad televisiva y un sentido mercantil de la profesión intelectual, de apariencias. La propia comunidad docente tomó para sí el hipercontrol de sus colegas. Hay organismos de control, formados por docentes académicos burócratas.

–Se rompen los lazos de solidaridad.
–En una sociedad de consumo es necesario descartar, si puedo consumir cosas nuevas pongo las viejas afuera. Una sociedad de competencia es una sociedad de descarte. También se descartan los afectos, una sociedad sin pasado ni futuro, presentificada, sólo importan el aquí y el ahora, sociedades muy rápidas, comidas rápidas, amores rápidos, porque todo es presente.

–¿Cómo educar en esa sociedad con esos valores? ¿Qué se debe hacer?
–La escuela fue pensada para no ser así. Fue pensada como un lugar de encuentro y estabilidad, hay un desfasaje entre la escuela y la sociedad. Es un momento de crisis, vivimos más pero no se sabe lo que vivimos.

–¿Qué aportó Foucault a la problemática educativa?
–Para Marx la escuela era un lugar de libertad, para Foucault es una institución de secuestros. Los hospitales, las prisiones, son cosas naturalizadas. Y la escuela funciona así desde el siglo XIX para acá. Es un secuestro voluntario pero tienes que ir, no puedes dejar a tu hijo fuera de la escuela. No está contra la escuela, sino que tiene una mirada crítica.

–Le quería preguntar sobre lo que usted escribió sobre el tejido urbano, en las grandes ciudades donde en las escuelas hay multitudes de chicos, salas de profesores repletas. ¿Cómo incide en la calidad educativa?
–Las instituciones escolares son hechas para enseñar. Y para enseñar tienen que encerrar, porque los cuerpos libres son peligrosos, es necesario colocar a todos en espacios cerrados, a veces son espacios simbólicos, pueden salir pero no salen. La escuela enseña cosas y se llevan al currículum, que es todo lo que se enseña a los alumnos y está lo que se llama currículum oculto que no está tan oculto, está visible. Hay toda una consideración sobre el currículum, qué se puede hacer en cada tiempo en cada momento, cómo contener los cuerpos, la productividad de esas conductas, de esos procesos de control.

–¿Qué fue lo que lo marcó como docente e investigador?
–Cuando llevé cosas escritas a un examen. No sabía que no se podía copiar, tenía 11 años y llevé el diccionario, la maestra lo vio y me sacó la prueba, fui reprobado y casi expulsado, fue una tragedia. Era un diccionario con una dedicatoria de mi papá.

–¿Cómo recuerda las teorías de Paulo Freire y sus teorías sobre la educación en un ámbito de libertad?
–Esos textos en los años setenta estaban prohibidos en Brasil por la dictadura. Cuando la Biblioteca de la Universidad compró por primera vez un libro de Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, lo hizo de manera secreta, casi clandestina. Todavía se lee mucho en Brasil, hay una memoria muy fuerte sobre su contribución a la pedagogía.

–¿Cómo se define hoy el lugar del saber, el lugar del que enseña? ¿Es un lugar de poder?
–Es una centralidad, una invención que pone reglas en la vida social. Quien parte y reparte se queda con la mejor parte. Los políticos inventan, la propaganda inventa y las invenciones parecen verdaderas, la cuestión es reconstruir esas invenciones, desarmar esos mecanismos y eso para Foucault es central. Hay lugares del saber, la academia es un lugar físico pero la posición del sujeto profesor, maestro, intelectual es una invención. La cuestión es cómo hacer la deconstrucción, la deconstrucción de las verdades, de lo que parece evidente. Foucault dice: “Cómo tornar difíciles los gestos fáciles, demasiado fáciles”. Las cosas son complejas, pero hay personas que asumen su posición de sujetos activos para modificar la realidad. Hubo condiciones de posibilidad histórica, social, para que surja Lula, por eso los actores sociales son importantes en la educación y en la vida de una sociedad.

domingo, 30 de enero de 2011

El discurso neoliberal con rostro humano es engañoso, doble, falso, hipócrita...

¿Los ricos y poderosos ahora se preocupan de los pobres y excluidos? toman desayuno con los pobres, cargan a los niños pobres, bailan con mamachas pobres, besan a gente pobre, se toman fotos con niños enfermos pobres, y depositan sus ingresos en el extranjero en cuentas cifradas... Verdad o mentira. ¿Qué dices? ... ¿Por qué? Porque, simplemente, tienen miedo a perderlo todo...! porque su dios es su billetera! su caja fuerte los bancos!

Ni tocar el sistema económico de apropiación! Solo preocuparse de seguridad ciudadana, prohibir los sindicatos en los hechos, y represión al pueblo que lucha por sus derechos! más, control de los medios para hacerles propaganda a sus candidatos neoliberales que no tocan en sus promesas el sistema capitalista! e INFUNDIR MIEDO!!!!! MUCHO MIEDO!!!! QUE AHÌ VIENE EL CUCO!

¡Hay que darle al sistema un rostro humano TOMANDO DESAYUNO, bailando y cantando con los pobres!

Ya basta de tanto engaño, mentira e hipocresía! Y, basta de lenguajes de modernidad para disfrazar sus conciencias y arrodillarse a los poderosos!

Por una educación liberadora.

Por la atención prioritaria de la educación pública en todos sus niveles.

José Roullón.


 

A los neoliberales, ni agua

Hace un tiempo, quienes ostentaban el poder político dado por los ciudadanos, sin consultarlos ni encomendarse a dios o diablo alguno, convirtieron lo que era de todos en propiedad de pocos. Energía, carburantes, telecomunicaciones, transportes, a veces sanidad y educación fueron "liberalizados". Denominando inadecuadamente liberalizar a lo que solo es privatizar: poner lo de todos (lo público) en manos privadas. Dijeron que lo hacían para conseguir precios bajos y más calidad de servicios. Pero, ¡Oh, cielos!, ocurrió al revés. Eso fue antes de la crisis.


Y llegó la crisis. Quienes ostentaban poder político dieron entonces muchísimo dinero (de todos) a quienes la habían provocado. Para evitar que la economía se desestabilizara, dijeron. Pero se desestabilizó.

Entonces todos tuvieron miedo y prometieron que cambiarían y que pondrían reglas para que nunca volviera a pasar. Pero lo olvidaron y continuaron como siempre. Fue cuando quienes se habían quedado con el pastel privatizado, habían provocado la crisis, habían aceptado dinero de todos y no habían cambiado, descubrieron que podían hacer un negocio redondo con la considerable deuda que los estados habían contraído para ayudarles. Y eso hicieron.

Entonces los gobiernos de los estados fueron tan tontos que lo permitieron. Y además cedieron y tragaron sus insolentes reformas, porque quienes causaron la crisis habían visto también que con esas reformas aún ganarían más. Y es que nunca tienen bastante.

Pero nadie les frena ni les fuerza a cambiar. Ahora han descubierto que también el desempleo les favorece. Así consiguen que el trabajo sea incierto, los contratos laborales temporales y precarios, que despedir sea muy fácil... Porque la gente se acobarda y traga condiciones, como reducir su derecho a la salud, a la seguridad social, a la educación... que hace treinta años, con solo mentarlas, hubieran provocado un estallido.

¿Les cuento una historia sorprendente?

La empresa Nissan en Cataluña y Fiat en Italia han logrado que sus trabajadores se congelen el sueldo. A cambio, ellos fabricarán no recuerdo qué modelo de automóvil. Y las portadas de casi todos los medios informativos (o persuasión) han aplaudido con fervor la medida como algo estupendo. Algunos apuntan incluso que ése es el camino contra el desempleo. Así las cosas, las empresas podrán hacer lo que les venga en gana, porque siempre podrán recurrir al chantaje. Y los asalariados cada vez con menos derechos.

Además, las empresas (sobre todo grandes) y la banca tendrán aún menos impuestos. Y, para equilibrar las cuentas se despide en masa a empleados públicos, se congelan sueldos, se aprueban recortes en medio ambiente, educación, atención sanitaria, cultura, políticas sociales...

¿Qué harán ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y trabajadoras? Por supuesto resistir, manifestarse y practicar la desobediencia civil. Pero también pararse a pensar cuando tengan en sus manos una papeleta electoral. ¿Votarán los ciudadanos a quienes les privan de sus derechos en nombre de un crecimiento futuro? Hoy podemos informarnos de quién es quién en política, qué dice y qué hace en realidad. Está Internet y un abundante panorama de asociaciones y entidades ciudadanas con suficiente información para saber lo que se nos viene encima y cómo.

No nos dejemos engañar cuando digan que esas reformas son el único camino posible. Falso. Son ataques a nuestros derechos. Los países llamados emergentes, tan de moda hoy, sortean la crisis y no están agobiados por la deuda, porque se han pasado por el forro los dogmas del capitalismo neoliberal, expresados en el llamado "Consenso de Washington".

Que no pase como en Reino Unido. Una encuesta indica que hoy no ganarían los conservadores. Tras siete meses de gobierno tory, a muchos ciudadanos se les caído la venda al sufrir recortes sociales y ataques a sus derechos en nombre de la estabilidad fiscal. Y no es que uno abogue por eso por los laboristas, también neoliberales de hecho. El referente por pasiva es, paradójicamente, la política neoliberal: si un partido comulga con el neoliberalismo, ni agua.

Ante la crisis, más políticas sociales y más Estado es la propuesta de la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas. La mejor referencia para saber si un partido conviene. Téngalo en cuenta a la hora de votar. Por su propio bien.


Xavier Caño Tamayo
ALAI, América Latina en Movimiento

- Xavier Caño Tamayo es Periodista y escritor


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