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domingo, 31 de mayo de 2020

¿Cómo se cocinan las fake news?


En tiempos de pandemia, la desinformación como (otro) virus fatal  
¿Cómo se cocinan las fake news?
Las noticias falsas tienen una fisonomía concreta e incorporan datos para confundir al público. ¿En dónde radican las claves de la viralización? ¿Por qué algunos engaños se propagan más que otros? Leonardo Murolo entrega pistas para mantenerse bien despiertos.


Leonardo Murolo es doctor en Comunicación por la Universidad Nacional de La Plata y director de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes. En 2019 escribió el artículo “La posverdad es mentira. Un aporte conceptual sobre fake news y periodismo” en el que revela cómo algunos periodistas “productores de trampas” cocinan las mentiras en los medios, engaños que luego se amplifican y desperdigan a partir de las redes sociales. Las noticias falsas y las prácticas de desinformación no representan ninguna novedad sino que, por el contrario, acompañaron el origen y la consolidación del trabajo periodístico, primero de la prensa gráfica en el siglo XIX y luego de la radio y la TV en el XX. Si bien muchos periodistas, detalla, ya vendían “pescado podrido” desde hace cientos de años; el signo distintivo de esta era radica en la capacidad disponible para viralizar contenidos “En el siglo XXI, a los mass media se sumaron los social media, es decir, las redes sociales. Existe una abundancia de información que cuesta más diferenciar por las características propias de las noticias falsas”, señala Murolo.

Además, no todo el pescado podrido huele de la misma forma. Existe, a grandes rasgos, una diferencia entre las noticias falsas y la desinformación. Desde la perspectiva del especialista, por un lado, las fake news corresponden a contenidos “falsos de toda falsedad” que, potencialmente, pueden circular por redes sociales o mensajería instantánea –desde audios de WhatsApp hasta un tweet que toma notoriedad y se comparte entre miles–. A diferencia de una mera equivocación en el quehacer periodístico, se caracteriza por una intencionalidad manifiesta que puede radicar en la defensa subyacente de determinados intereses políticos en detrimento de otros. Esto es: la información falsa se siembra a conciencia. La desinformación, por otra parte, refiere más una responsabilidad de los medios como instituciones de referencia y de socialización modernas. “En algunas notas aparecen datos que no fueron comprobados ni son comprobables. Se camuflan con la información en titulares que afirman algo que luego el propio cuerpo de la nota desmiente, o bien, con titulares que utilizan verbos en potencial para generar una información con la que no se cuenta todavía”, explica. “Serían sospechosos”; “Trabajarían para el gobierno”; “Habrían fugado miles de dólares”; “La estrategia China representaría la cura definitiva para el nuevo virus”. Verbos en potencia que anticipan acciones que no son y que quizás nunca serán.

En conjunto, las fake news y las prácticas de desinformación se despliegan en un escenario de posverdad, que se constituye a partir de un conjunto de imaginarios y en el que los engaños tienen efectividad y pueden propagarse de manera exponencial. “Se sofisticaron las formas mediante las cuales nos llegan las noticias falsas o la desinformación mezclada con información. Está de moda este asunto del periodismo de datos, algo que debemos mirar con muchos ojos al mismo tiempo porque la aparición de datos no asegura nada, deberíamos saber de dónde provienen. Y, una vez que chequeemos ello, ver si efectivamente confiamos en la fuente”, apunta. A veces con apariciones bizarras, aunque la mayoría con escenografías bien asentadas, las noticias falsas son presentadas al público con el envoltorio de los géneros periodísticos.

La fisonomía de las fake news
“Existe una estructura y una fisonomía de las noticias falsas. En primera instancia, se sostienen en base a los géneros discursivos del periodismo. Tienen la forma de la nota periodística, del informe o la crónica, por ello, cuando las leemos entran más fácil en nuestro consumo de información. En segunda instancia, (en sus contenidos) acuden a aspectos emocionales, a la ‘sentimentalización de la comunicación’ que apunta a determinadas ideas, sentimientos y emociones que tienen las audiencias sobre algún tema”, plantea Murolo. Así es como, en efecto, se asemejan a las noticias convencionales e interpelan a los públicos a partir del componente emotivo más que al racional. Las fake news actúan sobre sentidos y razones ideológicas ya cimentadas previamente en el barro que configura al sentido común de la población.

Refuerzan prejuicios y activan miedos ancestrales reciclados que vuelven más agresiva la chance de la viralización; proceso que se explica por los algoritmos pero también por variables sociales. “El odio y la indignación, por ejemplo, son mechas muy fáciles de encender. Uno quiere salir a contar; es como spoilear, cuando ves una serie y querés contársela a todos. Cuando te indignás también querés compartirlo con otros. En la presencialidad lo hacés con dos o tres personas, pero en las redes se traduce en el retweet que, potencialmente, puede llegar a 500 o miles de personas”, describe. Los algoritmos no tamizan la veracidad de los contenidos y, por lo tanto, se alimenta el esquema: “porque todo el mundo lo vio, también lo deberías ver”.

Ello se combina, algunas veces de manera explosiva, con el modo de consumir información que los humanos desarrollan hoy en día. Una manera fragmentada, veloz y ubicua que se condensa en la práctica del “escroleo”. Desde este punto de vista, lo destaca Murolo: “Actualmente nos informamos mucho más por titulares que por notas completas. Leemos los zócalos de los noticieros que emiten información las 24 horas. En el bar, en el gimnasio, están en mute y no sabemos si la propia persona que está siendo entrevistada está diciendo lo que figura o no, frases que aparecen en letras catástrofe. Esa dinámica para embarrar la cancha se utiliza mucho desde el periodismo profesional”.

Bajo esta premisa se requiere de un ejercicio ciudadano de otras características. El derecho a informarse de manera adecuada no se condice con la pobre –o nula– formación en consumo mediático de los adolescentes en edad de secundario. “Pienso que en los colegios debería haber una mayor formación en medios porque, en definitiva, participan con nosotros de la textura general de la experiencia. Con los medios, al igual que sucede con las demás instituciones (la escuela, el trabajo, la familia, el mercado) tomamos decisiones sobre qué compramos, a quién votamos y qué consumos culturales realizamos. La comunicación es un problema que deberíamos ver desde la educación”, asume Murolo.

La desinformación, ese virus fatal
Entre otros grandes relatos, Gabriel García Márquez ha escrito el cuento corto “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”. Allí –con el perdón de la síntesis– el Nobel colombiano narra la historia de una madre que comunica un mal presentimiento a sus hijos sobre el futuro del lugar. La mala noticia circula entre todos los habitantes y esa intuición primitiva, en poco tiempo, deviene en una alarma real: las personas queman sus casas y las abandonan. El pánico, así, brota de un teléfono descompuesto. Un comportamiento similar sucede, algunas veces, con la información que se comparte acerca de lo desconocido, hoy el coronavirus. De boca en boca, los datos –en general poco precisos– se transmiten entre la ciudadanía y, casi sin advertirlo, el resultado discursivo es tan desastroso que todo forma parte de una gran bola imposible de manejar. Las redes sociales se llevan una gran parte de la torta en el reparto de responsabilidades. Además del Covid-19 está el virus de la desinformación que viaja de manera veloz a través de las insondables rutas de internet y en menos de un suspiro alcanza la razón y –lo que es peor– las emociones de los humanos.

Las noticias falsas y la desinformación actúan sobre la base del miedo. En “Los miedos contemporáneos: sus laberintos, sus monstruos y sus conjuros” (2006), la investigadora mexicana Rossana Reguillo afirma que el temor se experimenta individualmente, se construye socialmente y se comparte culturalmente. Y que, lo que aún significa más, los medios son los encargados de distribuir las esporas del miedo para que llegue de manera eficaz a las poblaciones. Con la pandemia, las noticias que infunden alarma y horror parten de la negación ideológica de la evidencia científica. “Ante la multiplicación de la información en los últimos años tenemos una enorme responsabilidad como ciudadanos. El pánico protagoniza el estado de excepcionalidad que nos toca vivir, que no tiene antecedentes para nuestra generación. Nos paraliza y quizás no sabemos qué hacer con la información que nos llega”, narra. Y, continúa con su razonamiento: “Lo que en primera instancia podríamos hacer es desconfiar, un acto saludable en momentos como este.

Debemos rastrear el origen de la información, ver qué fuentes se citan, chequear si efectivamente existen los medios en los que la leemos. No debemos compartir algo que no nos conste su veracidad”.

El Gobierno, a través de su sitio oficial (https://www.argentina.gob.ar ), comparte la definición de infodemia. El concepto, originalmente difundido por la Organización Mundial de la Salud, remite a “una práctica que consiste en difundir noticias falsas sobre la pandemia y aumentar el pánico en las sociedades”. Ante este diagnóstico, en el portal se proponen algunos consejos para combatir la circulación de las fake news:
1) no creas todo lo que circula en redes sociales, chequeá la información (¿Tiene sustento? ¿Es verificable?);
2) no compartas cadenas ni audios si no conocés la fuente original o llegan a grupos que compartís con mucha gente;
3) si lo que recibís apela al miedo o busca generar pánico, desconfía. Se usan esos recursos para aumentar el impacto;
4) elegí y confiá solo en las fuentes oficiales para mantenerte informado;
5) las fuentes más confiables son la OMS, el Ministerio de Salud de la Nación y la web Argentina.gob.ar. Hoy, más que nunca, informarse bien es saludable.




Por Pablo Esteban
Fuente

sábado, 20 de julio de 2019

LOS DAÑOS SOCIALES DE LA DES-INFORMACIÓN. NUEVOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD


No se tipifican ni penalizan, con los rigores éticos o jurídicos más obvios, los daños que produce la desinformación y que son siempre muy severos contra el tejido social todo, ocurran donde ocurran. No hay atenuantes. A estas alturas de la historia la agenda temática indispensable para cualquier sociedad no es un misterio ni un enigma indescifrable. No hay territorio en el planeta que no tenga urgencia de saber qué pasa (verdaderamente) con la economía, no como la trama de negociados procaces culpables de la miseria sino como la realidad cruda y dura del paradero de las riquezas producidas por los trabajadores. Y sobre eso reina la inanición informativa. No hay territorio que no requiera saber, con nitidez escrupulosa, qué hacen los “políticos”, no por el entramado tóxico del tráfico de influencias, favores u odios entre ellos, sino por la calidad y la cantidad de los problemas sociales que deben atender bajo mandato democrático. No hay palmo de planeta que pueda confiar en su estructura social sin conocer la dinámica completa del avance de sus derechos y sus responsabilidades frente a la complejidad misma de su dialéctica histórica, en las ciencias, en las artes, en la conflictividad y principalmente en la evolución de sus luchas, todas y cada una, en el espectro complejo de las conductas en comunidad. Y eso es de lo que más se silencia y tergiversa. Desfigurar los hechos es también des-informar.
Hace mucho tiempo, en los métodos y los instrumentales científicos de la producción informativa, dejo de tener valor la excusa de la ignorancia. Lo que se publica -o lo que se silencia- tiene la marca de los grupos de “inteligencia”, públicos o privados, que operan dentro y fuera de los medios de información. Ahí se cuecen los datos, su extensión, su profundidad su calidad y su cantidad. Ahí se definen los temas y se define el “canon” informativo obligatorio que una sociedad requiere para su desempeño cotidiano. Pero, bajo el capitalismo, que ha convertido la información también en mercancía, secuestrada para tribulaciones políticas o mercenarias, el “canon” (el conjunto mínimo obligatorio de información) no obedece a la producción social de conocimiento colectivo sino a la lógica de la ignorancia de mercado.

Tal “canon” y su dialéctica histórica, son hoy una referencia ineludible para medir la calidad y cantidad de la producción, la distribución y la interlocución con la información ofertada. Hay perfiles etarios, de género, de oficio, de orientaciones políticas, estéticas o científicas. Hay datos poblaciones suficientes, relevamientos geográficos, climatológicos económicos, políticos y culturales abundantes, como para proveer a las sociedades enteras con informaciones pertinentes, oportunas, amplias y críticas. Sin excusas, sin pretextos y sin omisiones. Y, sobre todo, proveer al “canon” con verdad científica, diversa, rica, consensuada y enriquecida permanentemente. Hay métodos avanzados para garantizarlo a pesar de que la niebla de mediocridad y servilismo que cubre a la mayoría de los “medios” no permita que se conozca la fuerza de la ciencia al servicio de la información social cotidiana.
Desinformar no sólo es suspender la “transmisión” de “datos”, es también sepultar un canon social informativo obligatorio. Es reducir el acto de informar al capricho convenenciero de los fabricantes de “noticias”. Es redactar corpus cercenados, al antojo de una ofensiva contra la consciencia de los interlocutores, para entregarles una visión (o noción) de la realidad deformada, desfigurada, desinformada. Es un fraude de punta a punta. No es una “omisión” más o menos interesada o tendenciosa…no es una “falla” del método; no es un accidente de la lógica narrativa; no es un incidente en la composición de la realidad; no es una “peccata minuta” del “descuido”; no es una errata del observador; no es miopía técnica ni es, desde luego, “gaje del oficio”. Es lisa y llanamente una canallada contra el conocimiento, un delito de lesa humanidad. Es como privar a los pueblos de su Derecho a la Educación.
A estas alturas de la Historia y, especialmente de la historia de los “medios de comunicación”, es insustentable e insoportable cualquier escusa para no informar oportuna, amplia y responsablemente. No hay derecho que justifique la acción deliberada de silenciar lo que ocurre y, en el poco probable caso de que un medio de información no se entere de los que ocurre, ese medio realmente no merece respeto alguno. La excusa de “no saber”, de “no conocer”, de “no tener información” para, por ello, no asumir la responsabilidad profesional y ética que le compete a un medio informativo… es francamente sospechosa y ridícula. ¡Renuncien!. Ningún pueblo debería soportar la ineficiencia inducida de un medio, concesionado por tal sociedad, para el ejercicio profesional y obligatorio de transmitir la información que es propiedad social. Hay tecnología y metodología suficientes que invalidan toda palabrería esmerada en excusar las intenciones míseras de los que desinforman. Incluso si lo hacen mintiendo con emboscadas finamenteelaboradas en laboratorios de guerra psicológica.
“Artículo: 19 Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Declaración Universal de los Derechos Humanos. A la vista de todas las canalladas inventadas por el capitalismo para violar el legítimo derecho de los pueblos a la mejor información evaluada ética y científicamente por las sociedades, bien vendría instruir una revolución jurídico-política hacia una nueva  Justicia Social, irreversible, que tuviera como ejes prioritarios los que competen a la Cultura y a la Comunicación como inalienables. O dicho de otro modo, que nunca más la Cultura, la Comunicación ni la Información puedan ser reducidas, retaceadas ni regateadas por el interés de la clase dominante contra las necesidades de las clases oprimidas, impunemente.


Por: Fernando Buen Abad
Fuente: https://nuevarevolucion.es/los-danos-sociales-de-la-des-informacion-nuevos-delitos-de-lesa-humanidad/


miércoles, 21 de febrero de 2018

ESPECIALISTAS DE LA DESINFORMACIÓN. LOS MEDIOS Y SUS PEORES MENTIRAS UNA PROFESIÓN CADA VEZ MÁS EN BOGA


El tiempo en que bastaba decir “lo he leído en el periódico, lo escuché en la radio, lo he visto en la televisión” para silenciar a todos los escépticos, ha pasado de moda. Lo que se escribe en el diario, lo que se escucha en la radio, lo que se nos muestra en la televisión, ya no tiene la credibilidad de antes. Una nueva profesión se está tallando un espacio para crear noticias que responden bien a lo esperado de los que les pagan. Se presentan como los especialistas del maquillaje de las mentiras para presentarles como si fueran verdades. Saben convertir la verdad en mentira y hacer de la mentira lo que hay de mas verdadero. Una carrera que tiene su precio y que conviene bien a los que necesitan tener el control de la información para llevar a cabo sus proyectos no siempre dedicados a los huérfanos o a los despojados. Estos fabricantes de imágenes y opiniones saben cómo venderse. Tienen toda la apariencia de personas que no saben mentir y aun menos a sus lectores o auditores.

Ya conocemos las funciones de los consejeros de prensa de los Ministros y representantes de las grandes instituciones nacionales e internacionales. Tienen como tareas de hacer resaltar los lados hermosos y buenos de sus patrones, mientras muestran sutilmente todas las malas facetas de sus adversarios. Qué estos consejeros traten la información de manera a favorecer sus jefes no sorprende a nadie y parece normal que así sea. En la ciudad donde yo vivo, tuvimos a un alcalde quien, recién llegado a su puesto, se buscó a un especialista que supiera asegurarle una buena imagen. Logró a encontrar uno en Francia que contrató con un sueldo bastante elevado. Lo que sucedió es que aquel especialista, en lugar de mejorar su popularidad la hizo bajar. El alcalde no demoró mucho tiempo para devolverlo de donde venia. En este caso se trata de un consejero en comunicación cuya responsabilidad es de asegurar la buena imagen de su jefe.
En el caso de la prensa escrita y de los boletines de noticias nacionales e internacionales, la situación es diferente No se trata de especialistas en comunicación sino de periodista en información. El público espera que estas grandes redes de información con sus periodistas aporten hechos verificados y proporcionen análisis que le permiten entender mejor lo que ocurre en cualquier región del mundo. En ellos está la única fuente de información para más del 80% de la población.
Por ejemplo, en nuestras democracias representativas, los gobiernos deciden de todo pero necesitan mantener una buena imagen ante el pueblo. Por ejemplo, en los casos de gastos militares y de intervenciones militares en otros países les conviene que los electores sepan que lo hacen por motivos humanitarios y no para conquistar países, riquezas y muchos otros objetivos que no tienen nada que ver con lo humano.

Son decenas de miles de millones de dólares que están comprometidos cada año en materia de armamentos e intervenciones militares en países alrededor del mundo. Los líderes políticos y los medios de comunicación no se preocupan tanto en dar una buena y justa información sobre la realidad sino convencer a la opinión publica, a través varios montajes, que estos gastos e intervenciones militares son justificados.
A lo largo de los últimos diez años, hemos visto una especie de cumbre en el establecimiento de medios de comunicación para engañar a la opinión pública nacional e internacional. Las técnicas son múltiples y permiten el ajuste de la realidad a los intereses de los actores. La red internacional de los medios de comunicación ligados a los mismos dueños asegura la difusión mundial de su verdad.
Veamos lo que da esta desinformación
En el caso de Irak
Hemos sido persuadidos que había armas de destrucción masiva, y que era urgente intervenir antes de que Saddam Hussein venga a envenenarnos a todos. Fue más tarde que nos dimos cuenta que era una gran mentira apoyada por nuestros medios de comunicación. http://actualidad.rt.com/actualidad/view/89403-irak-cia-mi6-armas-inteligencia
En el caso de Libia
Nos convencieron que Gadafi bombardeaba poblaciones enteras de civiles por el solo placer de matar. Esto también fue una gran mentira, mantenida por nuestros medios de comunicación. El líder de la falsa revolución Libiana admitió, después muchos otros, que Gadafi no mató a los manifestantes. http://www.taringa.net/posts/offtopic/10868269/Falsedades-y-mentiras-sobre-Libia-y-Gaddafi.html
En Siria
¿Qué no se dijo para que el mundo sepa que el presidente Al-Assad es un dictador sanguinario que no tiene respeto por los derechos humanos y, al ejemplo de Gadafi, toma placer al matar a inocentes víctimas? Numerosos son los testimonios que dicen lo contrario. Otra vez las mentiras disfrazadas en verdades permiten mandar armas y dinero para pagar mercenarios. http://alainet.org/active/70868&lang=es
¿Qué decir sobre lo que sucedió en Ucrania?
Durante meses nos dijeron que el ex presidente ya no cumplía con sus obligaciones y que el pueblo ucraniano ya no podía soportarlo más. Por lo tanto se debía socorrer a este pueblo, tomado como rehén por un presidente sin conciencia. Ya sabemos ahora que se realizo un golpe de Estado y que las elecciones que se realizaron hace unas semanas permitieron colocar a las personas dóciles al Occidente. Los hechos revelan cada vez más que se nos mintió también en este caso. http://www.principiamarsupia.com/2014/02/21/claves-para-comprender-lo-que-ha-ocurrido-en-ucrania/?relatedposts_exclude=9395
Cuba y Fidel
Esta misma estratagema se aplica a Cuba y a Fidel Castro por más de cincuenta años. ¿Qué no se ha dicho sobre Fidel y qué no se ha hecho para hacerlo desaparecer? Él es el hombre que se busca destruir moralmente y físicamente, y aún está ahí, viviendo simplemente en una casa sin lujo ni brillantez. La última operación de desinformación a publicarse consiste a presentarlo como un multimillonario cuya fortuna podría estar escondida en una isla secreta. Otra gran mentira a través un libro que la revista francesa se dedica a promover. Les dejo en referencia un comentario de Fidel sobre todas esas campanas de mentiras contra Cuba.
http://islamiacu.blogspot.ca/2012/01/fidel-castro-denuncia-descaradas
El gobierno de Venezuela reveló el plan puesto en marcha por la derecha venezolana y Washington para asesinar al Presidente Maduro. Durante varios meses, una campaña de denigración del Presidente y de la Revolución Bolivariana está abundantemente mantenida y apoyada por nuestros medios de comunicación oficiales. Se habla de Maduro como de un dictador, que oprime a los estudiantes que manifiestan pacíficamente, que no respeta los derechos humanos, etc. Otra vez, mentiras por encima de mentiras. Ellas fueron puestas al día por el gobierno. Lo que la oposición y sus aliados presentaban como una manifestación pacifica de los estudiantes, se reveló ser un complot nacional e internacional involucrando Washington, entre otros. http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/189368/rodriguez-torres-ofrece-detalles-sobre-un-intento-de-magnicidio-frustrado-contra-maduro/
Cada vez que los eventos avanzan en el tiempo, más descubrimos las mentiras puestas a la disposición de una maquiavélica manipulación de la opinión pública. Especialistas de la desinformación se consagran como verdaderos artistas para crear la ilusión y la semejanza con la verdad para garantizar las intervenciones militares y otras, persiguiendo así fines que no tienen que ver con los intereses de los pueblos afectados.
En todas las cuestiones relativas a las intervenciones de los Estados Unidos en el mundo, os remito a este artículo sobre la guerra asimétrica y la violencia de los Estados Unidos. No creo que usted encontrará este artículo en los periódicos que sirven el sistema.
http://depoliticaehistoria.blogspot.ca/2014/05/la-guerra-asimetrica-y-la-violencia-en.html
Por último, os dejo con el testimonio de una periodista, Sharyl Attkisson, quien renunció por razones profesionales, después de haber trabajado en las redes de información más grandes de los Estados Unidos, incluyendo CNN y CBS. Ella nos cuenta lo que ocurre en el medio de la desinformación.
http://www.dailymotion.com/video/x1yiuex_sharyl-attkisson-ex-journaliste-a-cbs-explique-son-depart-de-la-chaine-et-parle-des-medias-de-masse_news
Por el momento el padre de la mentira llega todavía a imponerse como padre de la verdad, pero es posible que sus horas estén contadas. Las lenguas se desligan y las conciencias se despiertan.


Por Oscar Fortin
Traductor : Marius Morin
Fuente:


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