Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de diciembre de 2017

CUBA, LA ALFABETIZACIÓN LO CAMBIÓ TODO

 La mayoría de los participantes en la Campaña de Alfabetización en Cuba se aproximan o rebasan ya los setenta años y otros se han unido en la historia a los 42 que entregaron sus vidas durante la epopeya de 1961.
Entre los fallecidos, 10 resultaron asesinados por la contrarrevolución, entre los cuales se menciona con frecuencia a Manuel Ascunce Domenech y a Delfín Sen Cedré, alfabetizadores ultimados en la entonces provincia central de Las Villas, donde también mataron, el 5 de enero, al maestro voluntario Conrado Benítez.
A la proeza y a sus protagonistas se dedica, desde el 29 de diciembre de 1964, el Museo de la Alfabetización en el antiguo Campamento de Columbia, principal fortaleza militar en Cuba desde la primera intervención norteamericana hasta cuando se convirtió en escuela, después del triunfo revolucionario, en septiembre de 1959.
Allí se preservan expedientes, objetos, imágenes y datos relacionados con el acontecimiento, su historia y sus mártires, sobre lo cual pueden obtener información también los visitantes extranjeros, miles de los cuales lo frecuentan cada año.
Fue Inaugurado por Evelia Domenech, madre del brigadista Manuel Ascunce, y en sus locales se preserva todo a partir de la intervención de Fidel Castro en Naciones Unidas, el 26 de septiembre de 1960, donde anuncio el propósito educacional que el país asumiría el año siguiente.
Sobre el acontecimiento y su historia aporta invaluable información la máster en Educación y profesora de Historia Luisa Campos Gallardo, su directora, quien destaca el papel del recién fallecido Armando Hart Dávalos, entonces ministro de Educación, tanto en la creación del museo como en la campaña alfabetizadora.
Junto con el máximo líder de la Revolución, Primer Ministro en 1991, fue impulsor del empeño que concluyó con la alfabetización de 707 mil 212 cubanos y redujo el analfabetismo del 23,6 al 3,9 por ciento en el país.
Acerca de los participantes, Campos Gallardo precisa que la institución ha contribuido a que alfabetizadores escriban sus memorias y publiquen libros como Y no hubo domingo, de la escritora y realizadora estadounidense Catherine Murphy, quien lo presentó en una Feria Internacional del Libro de La Habana.
La autora participó en la campaña y es también autora del documental Maestra, que destaca la trascendencia del hecho histórico y a Fidel Castro como autor e impulsor, mediante excelentes imágenes y fotografías que revelan, sobre todo, el protagonismo de las alfabetizadoras.
El 52 por ciento de la fuerza educacional fueron muchachas que asumieron las circunstancias de la época, en dura prueba que coincidía con la invasión por Playa Girón, en la Ciénaga de Zapata, y la Limpia del Escambray, nombre geográfico con el que también se identifica a la cordillera de Guamuhaya, en el centro sur de Cuba.
Como parte de un plan de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, aprobado por sus máximas autoridades, la contrarrevolución se había extendido en todo el país, con el propósito de derrocar al gobierno e impedir medidas sociales a las cuales se vinculaba ampliamente la educación.
Sobre el documental de Murphy, la prensa ha reflejado que, a pesar de la invasión coincidente con la Campaña, sus protagonistas disfrutaron sobremanera el significado de alfabetizar a sus semejantes y a la vez alcanzar un peldaño superior hacia el futuro.
Según la crítica, la obra refleja cómo la sociedad cubana comenzaba a relegar los componentes de la influencia patriarcal histórica y elevaba a la mujer desde la condición predominante de ama de casa y trabajadora doméstica a la de máxima protagonista de la hazaña.
Sobre la transformación, comentaba Lilavatti Díaz de Villalvilla, una de las dos brigadistas que pronunciaron discursos en la tribuna de la Plaza de la Revolución el 22 de diciembre de 1961, que después de la alfabetización su actitud evolucionó hacia la de una mujer más emprendedora y plena.
Comentaba a Prensa Latina esta profesional, nacida el 25 de julio de 1945, que asumió hablar en representación de los alfabetizadores cubanos, ajustada a su propio discurso, ante miles de sus compañeros y entre Fidel Castro y Osvaldo Dorticós, presidente de la República, como aparece en imágenes fotográficas.
Quien años después alcanzó la condición de doctora en Geología, hoy jubilada, destaca también el papel de la mexicana Margarita Dalton, quien habló en el acto, en representación de los alfabetizadores extranjeros.
Como parte de la exitosa trayectoria de esta, el diario Excélsior la relaciona con el poeta salvadoreño Roque Dalton y explica que, muy joven, viajó a Cuba luego de escuchar por la radio cómo Fidel Castro invitaba desde la ONU a contribuir con la alfabetización en la isla.
Su compañero José Agustín contó la historia vivida entonces en su libro Diario de un brigadista, aparecido en el 2010, un texto que le sirvió a Lourdes Rueda y al cineasta Joaquín Guzmán Luna para el documental titulado Despertar, acerca de la alfabetización y del papel de Margarita en la campaña.
Dalton prefirió estudiar la carrera de Historia en la Universidad de la Habana entre 1962 y 1966, condición a la que ha añadido numerosos titulados y resultados desde entonces, y hoy dirige el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social en el mexicano Oaxaca.
El filme destaca que maestros cubanos han aplicado en su estado el método Yo sí puedo, para este tipo de enseñanza, el cual se ha extendido asimismo a varias decenas de países de Asia, África y América Latina.
Despertar se exhibió en el Festival de Cine de La Habana del 2016 y Guzmán Luna, director de siete documentales sobre Cuba después de la Revolución, comentó que la gente lloraba cuando lo vio, pues todos, de alguna forma, tienen al padre, un abuelo, un tío que fue alfabetizador entonces.
Dijo que eso marcó al país y transformó la vida en un año.
En la Campaña de Alfabetización participaron numerosos extranjeros de diversos países, quienes aparecen reflejados en las obras de estas destacadas intelectuales.
Maestros voluntarios, alfabetizadores y dirigentes de la campaña y de la educación, muy mayores ya, ofrecen evaluaciones y criterios de gran valor testimonial sobre el hecho que involucró a casi toda la población cubana, de cerca seis millones de habitantes, con grandes concentraciones de analfabetismo en zonas rurales.
Prensa Latina entrevistó a José Ramón Tápanes, matancero como Conrado, y a su esposa Felicita Zerquera, residentes en la villa colonial de Trinidad, quienes recuerdan, por ejemplo, cómo Conrado Benítez consideraba imposible que lo asesinaran por ser maestro.
Esto lo confirmó el agente de la Seguridad del Estado Reinerio Perdomo Sánchez, identificado como Cabaiguán e infiltrado en la banda de Osvaldo Ramírez, pues recibió su negativa cuando le propuso propiciarle la huida al acercarse en la noche al educador y al campesino Eliodoro Rodríguez (Erineo), prisionero también en una jaula rústica e igualmente asesinado.
En su libro Una difícil conquista: la alfabetización, la enseñanza y la cultura, Pedro Etcheverry Vázquez narra cómo a Conrado lo secuestraron -en el entorno del aserradero donde radicaba- los alzados Wilfredo Medinilla Gutiérrez, Leonel Martín Fernández y Gregorio Prieto Vidal, quienes lo insultaron, lo golpearon, le ataron las manos a la espalda y luego lo encerraron junto a Erineo.
El autor, doctor en Ciencias y especialista del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, cuenta el papel del agente Cabaiguán, quien fue entrevistado el 5 de enero por Fidel Castro, durante el operativo de las fuerzas revolucionarias contra la banda de Ramírez, a la cual le ocasionaron varias bajas y le ocuparon documentos vinculados con la CIA.
El alzado Mirio Pérez Venegas confesó tiempo después a un Agente de la Seguridad del Estado que Conrado, con una soga en el cuello, tenía que caminar aprisa para no ser arrastrado, mientras que todos le daban con palos y lo acuchillaban, hasta situarlo debajo del árbol donde luego lo colgaron.
Cuando se pasó la soga por una rama, según Pérez Venegas, uno de los autores, los ojos del maestro miraban a su alrededor como preguntando si sus secuestradores eran personas o animales.
Osvaldo Ramírez, abatido poco después, fue quien dio la orden de colgarlo y el cuerpo del maestro, magullado, fue suspendido y bajado varias veces, como si fuera un muñeco, mientras continuaban acuchillándolo, después de muerto.



Por: Ernesto Montero Acuña/Prensa Latina

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=140284&SEO=cuba-la-alfabetizacion-lo-cambio-todo-i


martes, 27 de diciembre de 2016

EL VIRUS DEL DESEO DE SABER

Aminata O. Yalcouyé nació en Malí. Tiene veinticuatro años. Cuando era joven, cada día cargaba agua sobre su cabeza desde el pozo y estudiaba por las noches. Quería ser doctora. Comenzó la carrera en su país pero tuvo que dejarla al primer año porque su familia no tenía dinero. Ahora vive en Cuba y estudia medicina sin tener que pagar un peso. Los cubanos le dieron una beca.

Aminata estudia en la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam). Cada día ora. Ella es musulmana. Los primeros dos años en la universidad los vivió en una residencia estudiantil en la que compartió cuarto con Sena, una joven cristiana nacida en Benin, con Paola, una chica venezolana católica, y con Julia, una alumna mexicana atea.
A Aminata le fascina la anatomía. Los exámenes la ponen nerviosa. Cada noche estudia obsesivamente, siempre detrás de su mosquitero, de cuclillas frente a su computadora. A Julia, su compañera de cuarto, le contó cómo en su país los médicos del hospital mandaban a los pacientes con el chamán, porque hay enfermedades que corresponden al doctor y males cuya curación es responsabilidad del brujo. Le platicó la manera en que la vieja del pueblo de su padre intentó envenenarla con la sopa, que su abuela le quitó de las manos justo antes de que se la llevase a la boca. Compartió con ella que su hermana Cadí era cuasiadivina, y la acostumbró a inspeccionar siempre el lugar del cual salía para evitar dejar cabellos, porque temía que fuesen utilizados por las brujas, a veces disfrazadas de gatos.
Las historias de Aminata solían ir acompañadas de hache ké, un platillo del oeste africano. Una noche, le confesó a Julia lo inconfesable: su nombre escondido detrás del punto de la O de Aminata O . Yalcouyé es un nombre secreto, que nadie conoce, pues si se llegase a escuchar en el fondo del canal que desemboca en el mar, la belleza estructural del sonido rompería en pedazos. El agua cristalina desgarraría la palabra y nos convertiríamos todos en los mismos sonidos. Aminata tiene un nombre escondido detrás del punto en la o . y, aunque eso no se lo cuenta a nadie, esa noche se lo dijo a su amiga-hermana mexicana. Esa convivencia y esos secretos compartidos entre los estudiantes del elam , como el de Aminata y Julia, han tejido fraternidades trasnacionales. La solidaridad internacional que los cubanos han forjado a lo largo de décadas con África, el Caribe y América Latina, de la que la Escuela es apenas un eslabón más, ha revolucionado la enseñanza y la práctica de la medicina.
En la Elam se mira la medicina con lentes diferentes a las de las escuelas tradicionales donde priva la lógica de la ganancia. También la enseñanza. Las clases a las que Julia asistió durante sus dos primeros años cubanos, se hablaba mucho de los países de los que provenían los estudiantes.
Había allí alumnos de Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala y San Vicente. Contaban anécdotas y hacían análisis. Conversaban sobre el medio ambiente, los servicios de salud, la situación política, los movimientos sociales, los índices de desarrollo humano y su relación con la sanidad y el proceso de salud-enfermedad.
La elam , la escuela donde estudian Aminata y Julia, es una de las criaturas educativas de Fidel Castro. Se fundó en 1999. Forma parte del Programa Integral de Salud que se desarrolla desde octubre de 1998 para atender los desastres naturales causados por los huracanes Mitch y George , que afectaron a países centroamericanos y caribeños. En ella se entrecruzan dos grandes cruzadas de la Revolución cubana: la pedagógica y la sanitaria.
En esta escuela, ubicada en las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se han formado durante los últimos diecisiete años más de 25 mil médicos. Sus estudiantes provienen de 122 países latinoamericanos, caribeños, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Pertenecen a más de cien grupos étnicos y decenas de religiones. Su objetivo es formar gratuitamente como médicos a jóvenes de otras naciones. En su mayoría, los alumnos son parte de familias de bajos recursos y de lugares apartados.
A los estudiantes no se les pide nada que no sea cumplir con sus obligaciones como alumnos. Nada, excepto una sola cosa. Cuenta Julia: “Nuestros maestros nos decían: lo único que les pedimos es que cuando vuelvan a sus países no le cobren lo mismo al pobre que al rico.”
Una potencia educativa
Cuba es hoy, a pesar del bloqueo estadunidense, una potencia educativa. “La educación cubana es un ejemplo para el mundo”, declaró a la Agencia Cubana de Noticias el representante de la UNESCO, Miguel Jorge Llivina Lavigne, en el Congreso Internacional Universidad 2014.
La Isla tiene un Índice de Desarrollo de la Educación para Todos muy elevado, incluso si se compara con los países desarrollados. El índice considera la calidad, la primera infancia, la primaria, los jóvenes, la alfabetización de los adultos y la paridad entre los sexos. La enseñanza en Cuba es gratuita y es responsabilidad del Estado impartirla. Es obligatoria hasta el nivel de Preparatoria.
Las cifras hablan. En 2015, esta institución educativa reconoció que Cuba fue el único país que cumplió los objetivos establecidos por el Foro Mundial de Educación de Dakar en el año 2000. Es uno de los veinticuatro países que han alcanzado una tasa bruta de escolarización en la enseñanza preescolar superior al ochenta por ciento y la han mantenido, siendo el único país latinoamericano en integrar este listado, (https://goo.gl/CkzkUk).
En el sistema de enseñanza primaria universal, la isla ya alcanzaba en 1999 un porcentaje de noventa y siete por ciento o superior. Lo mantiene hasta la fecha. Con respecto a la transición de la enseñanza primaria a la enseñanza secundaria, en 2011 las cifras cubanas llegaron al noventa y nueve por ciento.
Sorprendentemente, el número de los alumnos cubanos por docente en la enseñanza primaria es de 10 por cada maestro. La media internacional es de 40. A pesar de sus enormes carencias y de la tendencia mundial a reducir cada vez más el gasto público en educación, Cuba tiene el primer lugar entre los países con ingresos bajos que más gastan en educación. Destinó al sector en 2012 el trece por ciento del Producto Nacional Bruto.
Esta hazaña no es producto de la casualidad sino de la convicción y el trabajo. En septiembre de 1961, el comandante Castro señaló sin ambigüedad alguna la misión de la transformación en marcha. “Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución –dijo– es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie.”
La historia viene de atrás. Ya desde 1953, en su célebre alegato de autodefensa “La Historia me absolverá”, Fidel Castro había puesto la cuestión educativa como uno de los asuntos que inspiraron su lucha por un mundo mejor. En ese año, el 23.6 por ciento de la población cubana no sabía leer ni escribir y más de la mitad de los niños entre seis y catorce años no estaban matriculados.
Los revolucionarios echaron a andar esta labor pedagógica sin esperar el triunfo. En plena guerra de guerrillas, con destacamentos de hombres armados en continuo movimiento e inclemencias del tiempo, se dedicaron a instruir a sus combatientes y a sus bases de apoyo. Al triunfo de la Revolución en 1959, crearon 10 mil nuevas aulas e impulsaron una reforma integral a la enseñanza.
En 1960, en un célebre discurso ante la Asamblea General de la ONU , Fidel Castro se comprometió a terminar con el analfabetismo en un año. Miles de educadores voluntarios se trasladaron a los rincones más alejados de la Isla para combatir la ignorancia. En apenas doce meses, más de 700 mil personas aprendieron a leer y escribir.
Los resultados de este proyecto han sido contundentes. Como lo ha señalado Olga Fernández Ríos, en “1975 la educación primaria en Cuba se había multiplicado en casi tres veces a la existente en 1958, mientras que la educación media lo hacía en más de seis veces, a la vez que la enseñanza universitaria se multiplicó de forma tal que si en 1959 en Cuba había dieciséis alumnos universitarios ya en 1975 había más de 83 mil”.
Para Teodoro Palomino, un antiguo dirigente magisterial que hizo un doctorado en Ciencias Pedagógicas en la Isla entre 1997 y 1999 ha participado en muchos intercambios profesionales con el mundo docente cubano, en pleno período especial, y ha investigado la experiencia educativa de ese país a profundidad, una de las grandes fortalezas de este proyecto es el papel que se les da a los docentes. “No son privilegiados –dice–. Pero gozan de un reconocimiento social muy grande. Se les respeta enormemente.”
Las claves del éxito
¿Cómo funciona la educación cubana? Julia, la joven mexicana estudiante de la ELAM, cuenta su experiencia: “En mi memoria quedan mis compañeros dando repasos hasta las tres de la mañana en las aulas que las tías –así llamábamos a todas las trabajadoras de la escuela– nos prestaban. Veía a estudiantes dando clases a otros estudiantes a todas horas, de todas las maneras posibles. En las aulas, en los cuartos, en las literas, en las canchas de fútbol, en los pasillos. Vi gente compartir computadoras, cuadernos, lápices, libros, información. Lo que se tenía, lo tenían todos. No se trataba de aprobar el año y graduarse, se trataba de que todos aprobásemos el año y nos graduásemos juntos. Cuando uno terminaba de comprender un tema y repasarlo, no se iba a dormir, se quedaba ayudando al de junto y hasta entonces llegaba la hora de dormir.
“Desde primer año comenzamos a asistir a los policlínicos y a los consultorios. Aprendimos a atender a la población y a elaborar el Análisis de la Situación de Salud, comprendiendo el proceso salud-enfermedad como un proceso biopsicosocial, entrevistando a gente en sus casas, ganándonos la confianza de la población, recorriendo calles, montándonos en bicitaxis para llegar hasta el último rincón para no dejar una sola casa sin visitar. En la mayoría de esas casas nos recibieron con sonrisas y hasta con cafés. Aprendimos los procederes básicos de enfermería con personal de salud que tuvo la paciencia necesaria con nuestro nulo conocimiento de la idiosincrasia cubana e incluso con quienes acababan de aprender español.
“Al terminar el segundo año salimos de la sede central de la elam para seguir nuestros estudios en otras sed es, muchas de ellas en provincia. Las puertas de casi todos los hospitales del país se nos abrieron de manera cálida para hacernos sentir como médicos. Desde el primer día se nos asignó una cama y comenzamos a trabajar. Mi primera paciente se convirtió en mi amiga y cada vez que me cruzo con ella o con su hija por las calles de Cienfuegos me reclama el hecho de que nunca fui a visitarla a su casa a comer aquel cerdo asado que me prometía siempre. El paciente de la cama que tuve asignada en terapia intensiva me regaló un bolígrafo cuando dejé el mío olvidado en casa.
“Los doctores nos explicaron cómo determinar la conducta médica tanto en Cuba como en nuestros paí ses, dependiendo de las posibilidades económicas y de recursos que tuviésemos a la mano. En ocasiones no había en la farmacia los medicamentos necesarios y tratar a los pacientes en consulta resultaba difícil, pero pocas veces predominaba la quietud o el silencio. Se recurría a la medicina natural, a explicar la situación al paciente y ante todo, a tranquilizarlo. Se intentaba dar solución siempre al problema aunque fuese inventando, como se dice en buen cubano al hecho de resolver un problema de manera creativa. “ Poco a poco nos fuimos acostumbrando. Caí en cuenta de lo mucho que me había acostumbrado un día en que me senté a redactar un plan preventivo en caso de derrumbe para una comunidad en la cual iba a trabajar en México el verano siguiente. La información que logré obtener en internet mostraba que para el municipio entero existían nueve médicos y siete clínicas, y ninguno se encontraba cerca de la comunidad. No entendí cómo eso era posible, me quedé fría.”
Sin ser los únicos, la gran mayoría de los rasgos de la enseñanza en el elam que describe la estudiante mexicana son parte del proyecto educativo cubano. La forma en la que los jóvenes aprenden, la orientación general de sus estudios, es la misma con la que se instruyen los cubanos. En ellos está la llave de su éxito. Según Teodoro Palomino, una de las claves que explican los enormes avances en la enseñanza en la Isla, tienen que ver con su política educativa única. El sistema está integrado desde los círculos infantiles hasta el postgrado. Hay verdadera planeación. Los docentes están en un proceso de formación permanente, y disfrutan de asesoría continua sobre técnicas y metodologías. Se forman con conocimientos científicos probados por su aplicabilidad más que en la investigación y comprobación de teorías. Se parte de que la pedagogía es una ciencia, no una disciplina.
En 1992, Fidel Castro resumió la ideas-fuerza del proyecto educativo de la Cuba socialista. “Una de las cosas que tiene que lograr la escuela –dijo en el Palacio de las Convenciones– es enseñar a estudiar, a ser autodidacta, porque la inmensa mayoría de los conocimientos no los va a adquirir en la escuela; en la escuela va a adquirir las bases, en la escuela tiene que aprender a estudiar, tiene que aprender a investigar; en la escuela tienen que introducirle el virus del deseo y la necesidad de saber”. Ese virus del deseo y la necesidad de saber han hecho de Cuba el país mejor y más educado de América Latina, y un ejemplo para todo el mundo.


Por: Luis Hernández Navarro
Pedagogía de la solidaridad
Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220417


sábado, 27 de noviembre de 2010

Diálogo con Paulo Freire

Paulo Freire nació en 1921. O, como él mismo dice, "poco después del triunfo de la Revolución de Octubre". Joven aún, pero casado ya con Elza, su compañera a lo largo de 40 años, comenzó a dirigir el Sector de Educación del Servicio Social de la industria en Recife. De su experiencia en esa institución a dicho Freire: "Me fui espantado y tratando de comprender la razón de ser del espanto [...] aprendiendo, de un lado, a dialogar con la clase trabajadora, y de otro, a comprender su estructura de pensamiento, su lenguaje, a entender lo que yo llamaría la terrible maldad del sistema capitalista". Allí, sin llamarla aún así, comenzó a hacer y a pensar la educación popular.


A principios de la década de los 60, en Río Grande do Norte, Freire concibió y comenzó a aplicar su método de alfabetización, basado en la comprensión del lenguaje popular y en el descubrimiento y la discusión de temas políticos, económicos, sociales e históricos relevantes para los que se alfabetizan. Una gran cantidad de educadores comprometidos con la causa popular acogió y comenzó a profundizar en la práctica esta propuesta pedagógica.



En junio de 1964, poco después del golpe militar en Brasil, Paulo Freire fue apresado por el ejército. De ahí saldría para el exilio en Chile y Europa, compartiría sus experiencias de educador trabajando en diversos países (Guinea-Bissau, Angola, Cabo Verde, São Tomé y Príncipe, Granada, Nicaragua).



Poco después de concluir este doloroso y fecundo exilio, Paulo Freire nos visitó como invitado al Congreso de Psicología celebrado recientemente en Cuba. En esta primera estancia en nuestro país, nos concedió esta entrevista que fue más aun: un diálogo fraterno en que se abordaron algunos de los puntos fundamentales de su pensamiento y sus reflexiones más actuales.



Hacer una entrevista a quien ha dicho que no hay pregunta tonta ni respuesta definitiva resulta tranquilizador.



¿Dónde fue que dije eso? ¿Lo recuerdas?



En una intervención durante un Congreso de Educación Popular celebrado en Buenos Aires, donde exigió que lo llevaran a oír tangos.


Exacto, exacto.



Me pregunté qué exigiría usted cuando llegara a La Habana.


He venido con tan poco tiempo esta vez que no me ha alcanzado ni para plantear exigencias. Solamente he querido conocer personas y crear amistades. Creo que pueden darse cuenta de lo que significa para mí, un brasileño, un hombre de ideas —aunque conserve ciertas ingenuidades de interpretación— que hizo una opción a favor de las clases populares, llegar a Cuba por primera vez. Creo que entienden la emoción que siento al pisar un suelo donde no hay un niño sin escuela, donde no hay nadie que no haya comido hoy. Como ustedes dos son de la generación que casi nació con la Revolución, quizá no comprendan la emoción que siento yo, que nací hace muchísimo tiempo, un poquito después de la Revolución de Octubre. Comparar, por ejemplo, esta realidad con la gente de mi país que no comió hoy, que no comió ayer, que no comió antes de ayer y que no va a comer mañana; la cantidad de niños que murieron hoy, que están muriendo ahora, y saber que estoy en una tierra donde nadie muere de hambre, donde hay una solidaridad en la posibilidad histórica, donde no hay una riqueza que te hiera ni una pobreza y una miseria que te humillen. Para mí es una emoción inmensa. Yo les confieso que lo único que me hace sufrir hoy en La Habana es no estar aquí con Elza, que fue mi mujer, mi amante, la profesora de mis hijos, la abuela de mis nietos. Fue mi educadora y amaba a Cuba. Pero no hay que llorar, hay que cantar la alegría de estar en Cuba. La amabilidad de los cubanos es increíble. Es la amabilidad que nace de la alegría, de la felicidad. Sentí una gran emoción ayer al oír a Fidel, que hablaba como político y como pedagogo. Su discurso estaba lleno de pedagogía, de esperanza, de realidad[2]. Yo creo que vine en un buen momento, aunque me pregunto cuál es el momento malo para venir a Cuba. Ese momento no existe.



Creo, sin embargo, que este es un momento especialmente bueno por más de una razón. Primero, por el enorme interés que están despertando en Cuba las posiciones de los cristianos, las comunidades eclesiales de base y su creciente importancia en diversos puntos de la América Latina, y las experiencias de la educación popular. Pero, además, porque estamos viviendo un proceso autocrítico del conjunto de la sociedad que, por supuesto, pasa por la educación. No sé si sabe que durante el último Congreso del PCC y el último de la UJC la educación fue un tema muy debatido[3]. Después de la Campaña de Alfabetización, que fue el hecho cultural más grande de la Revolución...


¡Exacto! Y para mí, la Campaña de Alfabetización de Cuba, seguida años después por la de Nicaragua, constituye uno de los más importantes hechos de la historia de la educación en este siglo.



Después de la Campaña, Cuba consiguió hacer masiva su educación; que, como usted decía, no haya niños sin escuelas, que ningún adulto que quiera estudiar no pueda hacerlo. Hemos estimulado fuertemente la educación de los adultos. Y, sin embargo, la educación cubana atraviesa en estos momentos un período autocrítico.


En otras palabras, está siendo reestudiada. Mira, yo percibía ayer en el discurso de Fidel toda la cuestión de la rectificación. Creo que es extraordinariamente importante la cuestión de la dimensión de humildad que creo que tiene que tener una revolución. En el momento en que una revolución no reconoce probables errores cometidos, se pierde, porque se piensa a sí misma hecha por santos. Precisamente porque son hechas por hombres y mujeres, y no por ángeles, las revoluciones cometen errores. Lo fundamental es reconocer probables errores y rectificarlos. El empuje hacia la rectificación es la prueba de la vitalidad. Es la humildad necesaria que una revolución tiene que tener. Y creo que esto es aplicable a la educación: es necesario revisar la práctica educativa para encontrar aquella que se corresponda más adecuadamente con el proceso revolucionario.



Uno de los grandes problemas que una revolución tiene en su transición, en sus primeros momentos de vida, consiste en que la historia no se hace mecánicamente; la historia se hace históricamente. Esto significa que el cambio, las transformaciones introducidas por la revolución en su primer momento —en la medida en que se empieza a salir del modo de producción capitalista—, las relaciones sociales adecuadas al nuevo modo de producción, no se construyeron de la noche a la mañana. Se cambia el modo de producción y lo que hay de superestructural en el dominio de la cultura, incluso del derecho, y sobre todo de la mentalidad, de la comprensión del mundo —de la comprensión del racismo, por ejemplo, del sexo—; la ideología, en fin, queda 20 años por detrás del modo de producción cambiado, porque está forjada por el viejo modo de producción, que tiene más tiempo histórico que el nuevo modo de producción socialista.



Si la cuestión histórica fuera mecánica, yo ya habría hecho la revolución en Brasil. Yo no, claro, yo ayudaría a los Lula a hacer la revolución. Pero no es un proceso mecánico, sino histórico.



Uno de los grandes problemas que tiene una revolución en su transición, que a veces es muy prolongada, es el siguiente: la vieja educación, de naturaleza burguesa, llena de ideología burguesa, obviamente no responde a las necesidades nuevas, a la nueva sociedad aún no creada; la nueva sociedad comienza a crearse, por supuesto, durante el proceso de movilización popular, de organización popular para la revolución. Ahí empieza la creación de la nueva sociedad, pero esta todavía no tiene un perfil definido a no ser teóricamente. Lo que sucede es que, llegada al poder, la revolución se enfrenta a la permanencia de residuos de la vieja ideología, a veces hasta dentro de nosotros los revolucionarios, que estamos marcados, invadidos, por la ideología dominante, que se aloja en nosotros mañosamente. Lo que pasa entonces es que en el momento de la transición, la educación tiene poco que ver —no quiero decir "no tiene nada que ver", para no parecer demasiado exigente— con el proceso de construcción de la nueva sociedad, del nuevo hombre y la nueva mujer.



Hay que hacer una nueva escuela. Y el problema reside precisamente en que la nueva educación necesita de la nueva sociedad, y esa sociedad no está todavía parida. Hay un momento de perplejidad. El educador dialéctico, dinámico, revolucionario tiene que enfrentar los obstáculos que su propio proyecto pedagógico, más revolucionario que lo que la media piensa que debería ser, le crea; en esta fase de transición —la he estudiado, no en los libros, sino a nivel de experiencia personal... 



 



 


Esther Pérez y Fernando Martínez Heredia • La Habana.

(Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Casa de las Américas, No164, La Habana, septiembre-octubre de 1987, pp. 114-118)



 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs