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martes, 22 de noviembre de 2016

ANALFABETISMO

Analfabetismo en el lenguaje freireano
Acertadamente, se observa que en las obras de Paulo Freire, los educandos “nunca son llamados analfabetos sino alfabetizandos” (WEFFORT in FREIRE, 2001a, p. 13). ¿Por qué entonces introducir una ficha sobre analfabetismo en Freire? Por la importancia teórica, política y específicamente pedagógica que tiene la crítica severa movida por Freire contra los diversos sentidos atribuidos al término “analfabetismo” en los años 60. Esos sentidos en realidad, se originan de los debates entablados en la Cámara y en el Senado al final del Imperio, en ocasión de la reforma electoral que introdujo el voto directo en Brasil excluyendo a los analfabetos del derecho al voto (LEY SARAIVA, 1881).

El mejor inventario de esos diferentes sentidos, que Freire reúne bajo la denominación de concepción “limitada” y “distorsionada” del analfabetismo, puede ser encontrado en el texto producido por el autor en su exilio en Chile en el año 1968, que coincidió con el año del Acto Institucional no. 5 de la dictadura militar en Brasil, de tan triste memoria. Ese primer inventario reúne seis significados atribuidos al término analfabetismo (yerba dañina, enfermedad, llaga, incapacidad, poca inteligencia y pereza): En la mejor de las hipótesis, en la concepción ingenua de analfabetismo lo encara sea como “hierba dañina” —de ahí la expresión corriente: “erradicación del analfabetismo”—, sea como una “enfermedad” que pasa de uno a otro, casi por contagio, sea como una “llaga” deprimente que debe ser “curada” y cuyos índices, estampados en las estadísticas de los organismos internacionales, no expresan correctamente los niveles de “civilización” de ciertas sociedades. Aún más, el analfabetismo aparece también, en esta visión ingenua o astuta, como la manifestación de la “incapacidad” del pueblo, de su “poca inteligencia”, de su “proverbial pereza”. (FREIRE, 2001b, p. 15)
A ese inventario inicial Freire agrega, en la continuación del texto, la visión mesiánica según la cual el analfabeto sería un “hombre perdido”, que necesitaría ser salvado y cuya “salvación” consistiría “en que (él) consienta que sea “llenado” por estas palabras, meros sonidos milagrosos, que le son regaladas o impuestas por el alfabetizador que a veces es un agente inconsciente de los responsables por la política de la campaña (de alfabetización)”.
Finalmente, en un texto de 1969, publicado originalmente en 1970 en los Estados Unidos, reunido en la obra ya citada (2001b, pp. 49-76), Freire denuncia otras tres distorsiones sobre el analfabetismo. La primera es la visión nutricionista, según la cual el analfabetismo sería una situación de hambre o de sed, y los analfabetos, seres sedientos o hambrientos.
Esto explicaría inclusive el carácter humanitario de ciertas campañas latinoamericanas de alfabetización. El autor observa que, en esta visión, los analfabetos son considerados subnutridos, “no en el sentido en el que muchos lo son, sino porque les falta(ría) el “pan del espíritu” (…) Y agrega que, en esta visión, “si millones de hombres y mujeres están analfabetos, “hambrientos de letras”, “sedientos de palabras”, la palabra debe ser llevada a ellos y ellas para calmar su “hambre” y su “sed”. La segunda distorsión denunciada por Freire es aquella que ve el estado de analfabetismo como vergüenza. No para el país sino 54 para el analfabeto, como aclara Freire: “Pedro no sabía leer. Pedro vivía avergonzado (…) Pedro ahora sabe leer. Pedro está sonriendo”.
La tercera distorsión acrecentada en este texto de 1969 está en la supuesta “inferioridad natural” de los analfabetos. En palabras del autor, ellos, de acuerdo a esta concepción, “sometidos a los mitos de la cultura dominante, entre ellos el de su “natural inferioridad”, casi siempre no se dan cuenta de la significación real de su acción transformadora sobre el mundo” (p. 59). Esa enorme variedad de concepciones distorsionadas respecto al fenómeno del analfabetismo, también llamada de desconceptos (FERRARO, 2004), tiene, según Freire un “carácter ideológico” que mascara la realidad; son “mitos de la cultura dominante” que desempeñan una función de dominación sobre los analfabetos (p. 59). Es por eso que Freire no se contenta con denunciar tales concepciones. Él les contrapone una concepción crítica del analfabetismo.
Para él, “(…) el analfabetismo no es ni una “llaga”, ni una “hierba dañina que debe ser erradicada”, ni tampoco una enfermedad, sino una de las expresiones concretas de una situación social injusta”. En la época del escrito de Freire, esa forma de injusticia social denominada analfabetismo alcanzaba seguramente a 1/3 de la población de 10 años o más en Brasil (32,9% de analfabetos en 1970). Para poner fin a esa situación de dominación ideológica sobre los analfabetos, que es legitimada y reforzada a través de esa plétora de desconceptos, se requiere mucho más que la acción pedagógica de la alfabetización. En el texto de 1968, Freire no deja dudas sobre el alcance de las transformaciones que debían ser buscadas. “Analfabetos o no” —decía él en la época— “los oprimidos como clase, no superarán su situación de explotados a no ser con la transformación radical, revolucionaria, de la sociedad de clases en que se encuentran los explotados”. En la Introducción a los diálogos de Paulo Freire y Donaldo Macedo, Henry Giroux destaca el carácter ideológico del concepto analfabeto: “El concepto de analfabeto, en este sentido, da muchas veces una cobertura ideológica para que los grupos poderosos simplemente silencien a los pobres, los grupos minoritarios, las mujeres o las personas de color.”
En resumen, se puede decir que todas esas representaciones del analfabetismo criticadas por Freire y reunidas por él bajo la expresión “concepción distorsionada” no son ni errores ni simples equívocos. Son construcciones ideológicas que desempeñan una función doble en el juego político: por un lado, la de ocultar o disimular la realidad social; por otro, la de silenciar y dominar a las personas explotadas o víctimas de la injusticia.



Por Alceu Ravanello Ferraro
Extraído de
DICCIONARIO Paulo Freire

Danilo R. Streck, Euclides Redin, Jaime José Zitkoski (Orgs.)

lunes, 12 de octubre de 2015

¿Qué realidad ofrecen los medios? Técnicas usadas para dificultar la comprensión

La escuela debe procurar un lenguaje que sirva para la convivencia, alejado de intenciones manipuladoras para el sometimiento ¿Qué técnicas emplea el lenguaje tóxico en los medios de comunicación?


La gente sigue sin entender la realidad social que ofrecen los medios. Los políticos encuentran dificultades para que el pueblo comprenda sus ideas y programas. La elite intelectual, los profesores universitarios dan el mejor ejemplo: nada les parece más científico que un texto incomprensible. Mas, ¿de qué sirven los conocimientos científicos, el pensamiento, si no se entienden y concretan en la apropiación social de los mismos? Los productores de información parecen empeñados, más bien, en aplicar la maldición bíblica: “Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero” (Génesis, 11, 7). Las técnicas utilizadas para dificultar la comprensión, esto es, para contaminar el lenguaje, son muy numerosas. Aquí se resumen las más llamativas.

Exceso de palabras. Las palabras pueden ocultar la realidad. El exceso de palabras innecesarias oscurecen la comprensión de la realidad. Laberínticas estructuras internacionales producen una maraña de jergas e infinidad de siglas entre las que resulta casi imposible orientarse. Las palabras que no son necesarias desvían la atención del tema. Así ocurre con las repeticiones. Estas desfiguran la realidad, empeoran los textos en su afán por evitar que el lector u oyente piense en otra cosa. El empleo inflacionario de las palabras, la reiteración de eslóganes y frases hechas propia de los regímenes autoritarios, equivale al absurdo. En la comunicación escrita resulta grotesco, puesto que los redactores se suelen quejar de la falta de espacio para expresar sus ideas. La concreción y precisión de los términos elegidos facilita la comprensión, no aburre ni fatiga al receptor. La belleza de un enunciado estriba en la claridad de lo que se quiere mostrar. Forma y contenido son inseparables. Lo superfluo es también lo feo.

El empleo del superlativo y la hipérbole. Los superlativos son comentarios emocionales. Cierto, sin sentimientos escribir carece de sentido. Pero cuando uno se desempeña como ampliador de conciencia (en el sentido de C. Caudwell), se requiere dominio de sí mismo, de la técnica (techné griega), distanciamiento brechtiano. Tiene que controlar los nervios, calcular exactamente el efecto de las palabras. Comunicar es un trabajo ético o no lo es. El uso frecuente del superlativo indica ingenuidad. Se trata de un comentario barato que no exige reflexión ni observación precisa. En vez de indignar y encantar con textos elaborados, el comunicador superficial grita, en la esperanza de que sus decibelios consigan el mismo efecto. Superlativos, hipérboles, ensalada de imágenes y vaguedad difuminan la realidad. La exageración es el umbral de la mentira. Tan sólo está permitida en la ironía y en la sátira.

Orgía de imágenes. Metáforas, símiles, clisés, se han ido acumulando a lo largo del tiempo en todas las lenguas. Escribir y hablar bien exige esfuerzo. Son formas intensivas de reflexionar. Una hoja de papel en blanco es sinónimo de tortura mental. El empleo de imágenes es arriesgado. En el lenguaje, la metáfora, como imagen lingüística, reduce el discurso. La imagen lingüística puede facilitar la comprensión, pero no contribuye en nada a la explicación, ya que la expresión gráfica introduce otro modo de representación. Se “ve” lo que quiere decir “la nave del Estado”, pero esta imagen no dice nada acerca del Estado, sino que transporta al oyente a una representación (gráfica) del Estado. Ampliar los conocimientos, la conciencia, equivale a esforzarse contra la manipulación general. En este sentido, el principal instrumento de manipulación, de contaminación lingüística, es la violencia simbólica o psicológica. Desentrañarla constituye una tarea básica en todo proceso de emancipación.



Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano
Colección TILDE


miércoles, 26 de agosto de 2015

Ecología del lenguaje

La Escuela Crítica debe arrojar luz sobre toda actividad humana ¿Qué sucede con el lenguaje? ¿Existe un lenguaje intoxicador? ¿Qué aspectos básicos tiene el lenguaje contaminador? ¿Qué sucede cuando consideramos al ser humano como un consumidor?


Ante el uso intoxicador que se hace del lenguaje, cada vez es mayor el número de voces que se alzan en su contra. Así, por ejemplo, desde su creación en 1989, el Institut für Informations- und Kommunikationsökologie de Duisburg, Alemania, viene abogando por una ecología de la información y la comunicación. Los resultados de sus investigaciones aparecen tanto en sus libros como en su publicación trimestral Zeitschrift für Kommunikationsökologie. la escritora india Vandana Shiva ha realizado un llamamiento para la insurrección del lenguaje subyugado. La preocupación ecológica se inscribe en “la crítica de esta sociedad y el intento de identificar racionalmente los factores y agentes de una posible sociedad justa y emancipada”.

Una ecología del lenguaje se justifica por los efectos nocivos que puede tener el uso perverso del mismo. Su analogía con la ecología biológica radica en que las expresiones lingüísticas repercuten en las formas de vida. La influencia de la corriente principal de comunicación, la de los medios de producción y distribución masivas de la misma, la prensa, la radio, la televisión y la escuela, persigue penetrar toda la sociedad y moldear la mente de los seres humanos desde su nacimiento hasta su muerte. Tras esta estrategia está hoy la economía liberal, en su actual fase imperialista del tardocapitalismo. Se trata, como se sabe, de una economía que persigue la maximización del beneficio privado. De ahí que el ser humano se conciba como consumidor y que la estructura axiológica de esta corriente principal de comunicación, la mainstream de la que hablan los anglosajones, repercuta en los procesos de socialización.

Como se puede apreciar a simple vista, el criterio dominante de la producción capitalista de comunicación es el valor de cambio, la rentabilidad económica privada, y no el valor de uso, la rentabilidad social, el incremento de la calidad de vida de todos. Esta comercialización traduce todo a mercancía, hasta los sentimientos y la intimidad de las personas, y la misma muerte, conduce al negocio lucrativo de los escándalos, a la personificación de la política, a la estereotipación, esto es, al desplazamiento de juicios realistas. El éxito de esta comunicación desnaturalizada estriba en que carece de oposición. La información veraz que proclama la Constitución hay que buscarla, pues, fuera de esa corriente principal, en los medios alternativos, en otra forma de producir y presentar la información.

Lengua y comunicación representan un caso especial de organización y mediación del conocimiento. La ecología del lenguaje ofrece una nueva perspectiva para contemplar las peculiaridades de los procesos lingüísticos en esto que se viene llamando sociedad de medios, la del primer mundo. En resumen, los aspectos básicos de la contaminación lingüística de los últimos años, son los siguientes:
a) La militarización del lenguaje por el neofascismo del Pentágono y del Gobierno de los Estados Unidos, que marca la guerra y que, junto con la censura usamericana de la información internacional, han contribuido a la manipulación lingüística interesada. Como se sabe, las guerras tienen graves consecuencias para el paisaje natural y cultural de los pueblos. Destruyen muchas vidas humanas y dejan necesariamente huellas en el uso de la lengua. Más arriba se han indicado algunos conceptos controvertidos empleados por el Pentágono para la influencia masiva de la opinión pública, a menudo con ayuda de términos revalorizadores, como aliados, fuerzas de la coalición, guerra limpia y quirúrgica, fuego amigo, eje del bien, etc.
b) La presentación divertida de los temas políticos. El negocio del entretenimiento, el showbusiness, una de las principales industrias del capitalismo, penetra cada vez más lo político. Cuando la política, guiada por los principios del reclamo comercial, sigue las reglas de llamar la atención, surge la impresión de que es un espectáculo. De ahí que la lengua inglesa haya introducido el término de politainment. Hasta expresiones fantasmales como “aldea global” (McLuhan) o “divertirse a muerte” (N. Postman) pertenecen al vocabulario de la propaganda política y económica a fin de conservar el humor de gente complaciente.
c) La tecnificación de la información, que lleva a la mundialización de las formas técnicas de comunicación y a la consiguiente penetración del inglés como lingua franca de la susodicha sociedad de medios. Si la comunicación hablada se tecnifica cada vez más, nuestro lenguaje estará cada vez más acorde con los sistemas técnicos a todos los niveles de organización (individual, grupal, social, cultural) y dependerá cada vez más de estructuras y funciones técnicas.

El encantamiento de la técnica conlleva el desencantamiento de la naturaleza. La técnica se convierte en una especie de androide. La máquina adquiere rasgos humanos, es inteligente, un cerebro electrónico que puede pensar. El trabajo en el ordenador se llama diálogo, o sea, que la máquina se convierte en interlocutor. Cabe preguntarse entonces si nuestra comprensión de los contactos humanos se corresponde con los chats (charlas, parloteo) de una comunidad virtual, con la interacción, el contacto corporal y la pasión virtuales.

En tales condiciones, la tarea de una ecología de la información estriba en analizar el proceso de significación y en conservar y proteger el carácter social del saber. En última instancia, en poner freno a la ilimitada transformación del valor de uso público del conocimiento en valor de cambio mercantil. En la era de los medios electrónicos resulta limitada la vigencia de los distintos sistemas de palabras, puesto que los símbolos extranjeros cruzan las fronteras. Son muchas y variadas las etiquetas que se le han aplicado a esta fase del tardocapitalismo, aparte de la era de la globalización, esto es, de la mundialización de la economía y de las conciencias. He aquí algunas:
•          Sociedad postindustrial (Daniel Bell)
•          Sociedad de la desaparición (Stefan Breuer)
•          Sociedad del conocimiento (Peter F. Drucker)
 •         Sociedad de la comunicación (Richard Munich) •     Sociedad de medios (Barbara Mettler von Meibom)
•          Sociedad informacional o retificada (Manuel Castell)
•          Atopia (Hedlmut Wilke)

Pero sabemos que la ampliación de las posibilidades de almacenamiento de datos y de las de comunicación electrónica no conducen necesariamente a un incremento del saber. El aumento de datos no equivale al de saberes. La verificación del conocimiento se efectúa en la comunicación primaria, en la dicción y contradicción del diálogo directo, donde la gente constata que otros también piensan lo mismo, que tienen problemas semejantes y, por ende, donde pueden ponerse de acuerdo en buscarles una solución, en suma, donde puede surgir la solidaridad.

La conversación sigue siendo la base de la orientación, en la familia, la esquina, la tienda, el atrio de las iglesias, los espacios públicos. Pero la tecnificación mutila estas relaciones al reducir cada vez más los espacios públicos, del populicus, los lugares del tiempo, y someterlos a la lógica del capital, de la explotación.

Al fragmentar las relaciones e individualizar la recepción, la técnica facilita la manipulación, la conversión de los receptores en recipientes sin posibilidad de respuesta. Carente de oposición, el lenguaje se aproxima a la reducción pragmática de la vida cotidiana, y, viceversa, el procedimiento de reducción dirigido a la acción tiende al dogmatismo.

Por su naturaleza, la técnica de la información simplifica el lenguaje, incluso hasta el sistema binario, lo que facilita enormemente el transporte y reduce los gastos. Así, pues, se emplea el lenguaje estereotipado, imperativo, espartano, propio del ámbito militar, a la vida cotidiana. Se trata de un lenguaje que no admite la duda, la interpretación. Pero reprimir la duda de que debe decir algo y prestar a ciertas palabras y frases un significado apriorístico es muy natural cuando se abandona consciente o inconscientemente el conocimiento posible de la ambigüedad del lenguaje y del conocimiento. Donde la duda conduce al silencio, por violencia, por comodidad o simplemente porque no se presentó, gana terreno el procedimiento de manejar los símbolos verbales del orden básico (Estado, nación, democracia, cristiandad, clase obrera) como si fueran saber garantizado, y derivar de ellos, como principios aparentemente seguros, frases rigurosamente metódicas que exigen validez, por haberse derivado a priori, rigurosa y metódicamente, de conceptos y principios (dogmatismo).



Extraído de
La Intoxicación Lingüística
El uso perverso de la lengua
Vicente Romano
Colección TILDE


lunes, 29 de diciembre de 2014

Reflexiones de Paulo Freire. Lenguaje, clase social y poder


Las siguientes frases de Paulo Freire giran en torno al lenguaje y el poder, o sea del rol que cumple el lenguaje en la relación opresor oprimido.

"Es imposible pensar el lenguaje sin dos problemas fundamentales: el uno, el corte de clase social, el otro, asociado a éste, el problema del poder. Si tú no entiendes el lenguaje así, tu tendencia es exactamente discriminar vía lenguaje, que es una de las terribles discriminaciones".


"Las clases dominantes son las que pueden decir que el pueblo es perezoso, que el pueblo es esto, que el pueblo es aquello, que es ignorante. Las clases dominadas para decir 'la clase dominante es mentirosa' tienen que ganar el poder primero. Porque el poder de perfilar es un poder político y económico y las clases dominadas no tienen ni voz ni voto".


"Los niños de las clases populares necesitan confiar en su lenguaje, amar su lenguaje porque es ellos, son ellos, yo soy mi lenguaje. Segundo, necesitan aprender el patrón culto por sobrevivencia”. Tercero, precisan aprender el patrón culto para poder pelear mejor contra los opresores (se acuerdan que yo dije por la mañana que es necesario una competencia científica para pelear). Los obreros precisan llegar al jefe de la empresa hablando su sintaxis, y darle el susto más grande al dueño de la empresa, porque hablaron la sintaxis dominante".


"El discurso popular es considerado como un discurso imperfecto, incompleto, incompetente, y que pertenece a la clase inferior. Hasta entre los intelectuales que se piensan progresistas a veces tú encuentras esto. Pero hay que pelear".
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