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domingo, 20 de diciembre de 2020

¿ES POSIBLE EL FIN DE LA ESPECIE HUMANA?

  Finalmente, buscando radicalidad nos preguntamos: ¿cómo ve la teología cristiana esta cuestión de una eventual extinción de la especie humana?

 


Primero situemos la pregunta en su tradición histórica, pues no es la primera vez que los seres humanos se plantan seriamente esa pregunta. Siempre que una cultura entra en crisis, como la nuestra, surgen mitos del fin del mundo y de destrucción de la especie. Se usa un recurso literario conocido: relatos patéticos de visiones e intervenciones de ángeles que se comunican para anunciar cambios inminentes y preparar a la humanidad. En el Nuevo Testamento ese genero adquirió cuerpo en el libro del Apocalipsis y en algunos pasajes de los Evangelios que ponen en boca de Jesús predicciones del fin del mundo.

 

Hoy prolifera una amplia literatura esotérica que usa códigos diferentes, como el paso a otro tipo de vida y la comunicación con extraterrestres. Pero el mensaje es idéntico: el cambio es inminente y hay que estar preparado.

 

Es importante no dejarse engañar por este tipo de lenguaje. Es un lenguaje de tiempos de crisis y no un reportaje anticipado de lo que va a ocurrir. Pero hay una diferencia entre los antiguos y hoy. Para los antiguos el fin del mundo estaba en su imaginario y no en un proceso que existía verdaderamente. Para nosotros está en el proceso real, pues hemos creado de hecho el principio de autodestrucción.

¿Y si desaparecemos, cómo hay que interpretarlo? ¿Que nos ha llegado el turno en el proceso evolutivo ya que siempre hay especies desapareciendo naturalmente? ¿Qué dice la reflexión teológica cristiana?

 

Sucintamente diría: si el ser humano frustrase su aventura planetaria significaría, sin duda alguna, una tragedia indescriptible. Pero no sería una tragedia absoluta. Esa ya se perpetró un día, cuando el Hijo de Dios se encarnó en nuestra miseria, por Jesús de Nazaret. Poco después de su nacimiento fue amenazado de muerte por Herodes, que sacrificó a todos los niños de los alrededores de Belén con la esperanza de haber asesinado al Mesías. Después, durante su vida fue calumniado, perseguido, rechazado, preso, torturado y clavado en una cruz. Solo entonces se formalizó lo que llamamos pecado original, que es un proceso histórico de negación de la vida. Pero los cristianos creen que ocurrió también la suprema salvación, pues donde abundó el pecado también superabundó la gracia. Y hubo la resurrección, no como la reanimación de un cadáver, sino como la irrupción del ser humano nuevo, con sus virtualidades realizadas en plenitud. Mayor perversidad que matar a la criatura, la vida, el planeta, es matar al Creador encarnado.

 

Aunque la especie se mate a sí misma, ella no consigue matar todo de ella. Solo mata lo que es. No puede matar aquello que todavía no es: las virtualidades escondidas en ella que quieren realizarse. Y aquí entra la muerte en su función liberadora. La muerte no separa cuerpo y alma, pues en el ser humano no hay nada que separar. Es un ser unitario con muchas dimensiones, una exterior material, el cuerpo, y ese mismo cuerpo con su interioridad y profundidad, que llamamos espíritu. Lo que la muerte separa es el tiempo de la eternidad. Al morir, el ser humano deja el tiempo y penetra en la eternidad. Al caer las barreras espacio-temporales, las virtualidades encadenadas pueden abrirse en su plenitud. Solo entonces acabaremos de nacer como seres humanos plenos (Boff, 2000).Por lo tanto, aún con la liquidación criminal de la especie, el triunfo de la especie no se frustra. La especie sale trágicamente del tiempo por la muerte, muerte que le concede entrar en la eternidad. Y Dios es quien puede sacar de la muerte, la vida y de la ruina, la nueva criatura.

 

Alimentamos esta esperanza. Así como el ser humano domesticó otros medios de destrucción, le primero de ellos el fuego, que originó mitos de fin del mundo, así ahora, esperamos, domesticará los medios que pueden destruirlo. Aquí cabría hacer un análisis de las posibilidades dadas por la nanotecnología (que trabaja con partículas ínfimas de átomos, genes y moléculas), que puede eventualmente ofrecer medios técnicos para disminuir el calentamiento global y purificar la biosfera de los gases de efecto invernadero.

 

Más esclarecedor es pensar estas cuestiones en el marco de la física cuántica y de la nueva cosmología. La evolución no es lineal. Acumula energía y da saltos. Así también la física cuántica de Niels Bohr y Werner Heisenberg nos sugiere virtualidades escondidas, venidas del Vacío Cuántico, de ese océano indescifrable de energía que subyace e impregna el universo, la tierra y a cada ser humano, que pueden irrumpir y modificar la flecha de la evolución.

 

Me niego a pensar que nuestro destino, después de millones de años de evolución, termine así miserablemente en un tiempo próximo o en las próximas generaciones. Habrá un salto, quien sabe, en la dirección de aquello que ya en 1933 Pierre Teilhard de Chardin anunciaba: la irrupción de la noosfera, es decir, de un estado de conciencia y de relación con la naturaleza que inaugurará una nueva convergencia de mente y corazones, y así un nuevo estadio de la evolución humana y de la historia de la Tierra.

 

En esta perspectiva el escenario actual no sería de tragedia sino de crisis de paradigma, de la forma como habitamos nuestra Casa Común.

 

La crisis acrisola, purifica, hace madurar. Ella anuncia un nuevo comienzo. Nuestro dolor es el dolor de un parto y no los dolores de alguien que está a punto de morir. Todavía vamos a irradiar.

 

Es importante decir que no acabaría el mundo sino este tipo de mundo insensato que ama la guerra y la destrucción en masa. Vamos a inaugurar un mundo humano que ama la vida, desacraliza la violencia, tiene cuidado y piedad de todos los seres, practica la justicia verdadera, venera el Misterio del mundo que llamamos Fuente Originaria hacer ser a todos los seres y que nosotros llamamos Dios, y que, en fin, nos permite estar en el monte de las bienaventuranzas.

 

El ser humano habrá simplemente aprendido a tratar humanamente a todos los seres humanos, y con cuidado, respeto y compasión a todos los demás seres. Todo lo que existe merece existir. Todo lo que vive merece vivir, especialmente nosotros, los seres humanos.

 

 

 

 

 

Por: Leonardo Boff

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=1004

 

lunes, 13 de julio de 2020

Una educación humana, pese al coronavirus

La pandemia de covid-19 encontró a los sistemas educativos latinoamericanos heridos o mortalmente dañados. Las políticas de privatización del mercado educativo habían actuado a fondo en la mayor parte de América Latina. 

Argentina y México conservaban la integridad de sus sistemas, en gran medida por la lucha de los docentes, y de las acciones de los gobiernos de Alberto Fernández y Andrés M. López Obrador. En tanto, la desigualdad del cumplimiento del derecho a la educación se verificaba entre todos los países, en el interior de cada uno de ellos, con especial acento en las zonas rurales, las periferias pobres de las grandes ciudades, las comunidades aborígenes, los grupos necesitados de una educación especial. No obstante, las prospectivas mostraban una tendencia a la universalización de la educación primaria y secundaria en pocas décadas (aunque relativa a las políticas educativas y socio económicas). Al mismo tiempo, se verificaba un voraz avance del mercado de la educación sobre la educación pública, a la vez que lentitud por parte de esta última para apropiarse de las nuevas tecnologías.

El coronavirus cayó de manera inesperada sobre una educación que no había incluido entre sus prioridades a la educación ambiental, como que el problema del medio ambiente no había sido asumido plenamente por las sociedades. La pandemia afectó la vida de las personas. Las tres instituciones principales que las cobijaban y constituían, la familia, el trabajo y la escuela, habían tardado tres siglos en diferenciarse y repentinamente se vieron superpuestas, confundidas. Los avances de las formas de trabajo individualizado y a destajo, y la educación en el aislamiento, se acentuaron por urgencias sanitarias. Las personas se comprendieron como objetos indefensos de la globalización. El grupo etario que probablemente resulta más afectado en su educación, el adolescente, estaba buscando caminos de libertad, cuando advirtió que su supervivencia dependía del aislamiento dentro de su familia. 

Lo podemos tomar como ejemplo de trastornos en el orden afectivo, en las nociones espacio-temporales, en los vínculos del propio cuerpo con el entorno. Una elemental asociación nos remite a la teoría higienista que influyó notablemente en los años de construcción de nuestro sistema escolar, desde fines del Siglo XIX, y cuyas huellas persisten: tomar distancia en las filas escolares y los guardapolvos blancos, por ejemplo. Pero hay al menos una diferencia esencial: el higienismo colaboró con la homogeneización de los alumnos y la enseñanza, excluyendo toda diferencia. Instaló el temor al otro. 

En cambio, hoy la política educativa del gobierno nacional y las jurisdicciones es consciente de la necesidad de prevenir nuevas formas de discriminación que puede producir el distinto acceso a las enseñanzas que distribuyen por distintos medios (portales, TV, radio, cuadernillos, libros), así como de la complejidad de las formas de reagrupamiento escolar que deberán producirse preventivamente cuando se retome la presencialidad. Siendo la igualdad del derecho a la educación nuestro Norte, no solamente podremos retomar el camino de la universalización de la educación, sino producir cambios en lo que se enseña y aprende y en la organización de las instituciones educativas, así como avanzar en una relación entre la educación virtual y la presencial que asegure la centralidad de esta última. O sea, resguardar el vínculo humano, intrínseco a la educación.




Por Adriana Puiggrós
La autora es pedagoga.
Fuente

sábado, 11 de diciembre de 2010

Leonardo Boff habla sobre los rumbos del planeta tierra y del ser humano

Las movilizaciones sociales y los alardes sobre los perjuicios que la acción humana viene causando al medio ambiente no fueron suficientes para garantizar la concreción de acuerdos eficaces durante la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-15), concluida el viernes (18) en Copenhague, Dinamarca.
Los líderes mundiales demostraron una vez más la preferencia por el desarrollo del capital en detrimento de la vida. Aún así, la postura de desdén para con los problemas climáticos del planeta no está paralizando las acciones de la población en su lucha por pequeños cambios. La evidencia dada a la causa ambiental ha servido para generar conciencia y, de a poco, cambiar malos hábitos de consumo. "El lugar más inmediato es comenzar por cada uno", sostiene LEONARDO Boff.

En entrevista con ADITAL, el teólogo, filósofo y escritor habla sobre la necesidad de comenzar los cambios en nosotros que van a beneficiar a la Tierra. "Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta". Para Boff, no debemos depositar nuestras esperanzas en las decisiones que vienen de arriba.

Adital - ¿Cree usted en la voluntad política de los grandes líderes mundiales para revertir la situación climática en la que se encuentra nuestro planeta?
LEONARDO Boff - No, no creo. Los grandes no tienen ninguna preocupación que vaya más allá de sus intereses materiales. Todas las políticas que hasta ahora fueron pensadas y proyectadas por el G-20 apuntan a salvar el sistema económico-financiero, con correcciones y regulaciones (que hasta ahora no se realizaron) para que todo vuelva a lo que era antes. Antes reinaba la especulación más desvergonzada que se pueda imaginar. Basta pensar que el capital productivo, aquél que se encuentra en las fábricas y en el proceso de generación de bienes, suma 60.000 billones de dólares.
El capital especulativo, basado en papeles, alcanzaba la cifra de 500.000 billones. Circulaba en las bolsas especulativas del mundo entero, gerenciado por verdaderos ladrones y falsarios. La verdadera alternativa sólo puede ser: salvar la vida y la Tierra y poner la economía al servicio de estas dos prioridades. Hay una tendencia al suicidio dentro del capitalismo: prefiere morir o hacer morir antes que renunciar a sus beneficios.

Adital - Aunque fue muy esperada la COP 15, que se realiza en Copenhague, Dinamarca, parece no apuntar hacia resultados eficaces y hacia compromisos más serios. ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil en caso de que los resultados no sean los esperados?
LEONARDO Boff - Llegamos a un punto en el que todos seremos afectados por los cambios climáticos. Todos corremos riesgos, inclusive el de que gran parte de la humanidad tenga que desaparecer por no conseguir adaptarse ni mitigar los efectos maléficos del calentamiento global. No podemos confiar nuestro destino a representantes políticos que, en realidad, no representan a sus pueblos sino a los capitales con sus intereses presentes en sus pueblos. Necesitamos nosotros mismos asumir una tarea salvadora. Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta. Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros.
Sabemos gracias a la nueva biología y por la física de las energías que toda actividad positiva, que va en la dirección de la lógica de la vida, produce una resonancia morfogenética, tal como se dice. En otras palabras, el bien que hacemos no queda reducido a nuestro espacio personal. Ese bien resuena lejos, se irradia y entra en las redes de energía que vinculan a todos con todos, reforzando el sentido profundo de la vida. De ahí pueden ocurrir surgimientos sorprendentes que apunten hacia un nuevo modo de vivir sobre el planeta y nuevas relaciones personales y sociales más inclusivas, solidarias y compasivas. Efectivamente, se nota por todos lados que la humanidad no está inmóvil ni endurecida por las perplejidades. Miles de movimientos están buscando formas nuevas de producción y alternativas que respondan a los desafíos.
Solamente hablando de ONGs, existen más de un millón en el mundo entero. Es un movimiento de base y no de cúpulas, las cuales siempre interrumpen los cambios.

Adital - Nunca las cuestiones ambientales estuvieron tan en evidencia como en los últimos años. Términos como "calentamiento global" y "cambios climáticos", a pesar de varios alertas realizados hace bastante tiempo, hoy son parte de la vida cotidiana de mucha gente en todo el planeta. ¿En esta "crisis de civilización" todavía hay tiempo para hacer algo? ¿De dónde podrá venir esa "salvación"?
LEONARDO Boff - Si trabajamos con los parámetros de la física clásica, la inaugurada por Newton, Galileo Galilei y Francis Bacon, orientada por la relación causa-efecto, estamos perdidos. No tenemos tiempo suficiente para introducir cambios, ni sabiduría para aplicarlos. Iríamos fatalmente al encuentro de lo peor. Pero si cambiamos de registro y pensamos en términos de proceso evolutivo, cuya lógica viene descripta por la física cuántica que ya no trabaja con materia sino con energía (la materia, por la fórmula de Einstein, es energía altamente condensada), ahí el escenario cambia de figura.
Del caos nace un nuevo orden. Las turbulencias actuales preanuncian una emergencia nueva, venida de aquel trasfondo de Energía que subyace en el universo y en cada ser (llamado también Vacío Cuántico o Fuente Originaria de todo ser). Las emergencias o surgimientos introducen una ruptura e inauguran algo nuevo todavía no ensayado. Así, no sería extraño que de repente, los seres humanos volvieran en sí y pensaran una articulación central de la humanidad para atender las demandas de todos con los recursos de la Tierra, recursos que, si son racionalmente gerenciados, son suficientes para nosotros los humanos y para toda la comunidad de vida (animales, plantas y otros seres vivos).
Posiblemente, llegaríamos a esto sólo ante un peligro inminente o después de un desastre de grandes proporciones. Ya decía Hegel: el ser humano no aprende nada de la historia, sino que aprende todo del sufrimiento. Prefiero a San Agustín que en las Confesiones reflexionaba: el ser humano aprende a partir de dos fuentes de experiencia: el sufrimiento y el amor. El sufrimiento por la Madre Tierra y por sus hijos e hijas y el amor por nuestra propia vida y supervivencia van a salvarnos.
Entonces, no estaríamos frente a un escenario de tragedia cuyo fin es fatal o inevitable sino de una crisis que nos acrisola y purifica y nos crea la oportunidad de un salto rumbo a un nuevo ensayo civilizatorio, éste sí, caracterizado por el cuidado y por la responsabilidad colectiva por la única Casa Común y por todos sus habitantes.

Adital - Hay varias demandas pidiendo que la Corte Penal Internacional reconozca los delitos ambientales como crímenes de lesa humanidad. ¿Usted piensa que sería una alternativa?
LEONARDO Boff - Las leyes solamente tienen sentido y funcionan cuando previamente se ha creado una nueva conciencia con los valores ligados al respeto y al cuidado de la vida y de la Tierra, percibida como nuestra Madre, pues nos provee todo lo que necesitamos para vivir. Si existe esa conciencia, puede materializarse en leyes, tribunales y cortes que hagan justicia a la vida, a la Humanidad y a la Tierra con castigos ejemplares. En el caso contrario, los tribunales sólo tienen un carácter legalista, de difícil aplicación, sin su necesaria aura moral, que le confiera legitimidad y reconocimiento por parte de todos.
Entonces debemos primero trabajar en la creación de esa nueva conciencia. Yo mismo estoy trabajando con un pequeño grupo, a pedido de la Presidencia de la Asamblea de la ONU, en una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Esa declaración deberá difundirse por todos los medios de comunicación, especialmente por Internet, para favorecer la creación de esta nueva conciencia de la humanidad. La nueva centralidad no es más el desarrollo sustentable, sino la vida, la humanidad y la Tierra, entendida como Gaia, un superorganismo vivo.

Adital - Por otro lado, no se piensa en nada orientado hacia el consumo, por ejemplo, que no tenga interferencia directa en el caos que se produjo en la Tierra. ¿Podría hablar un poco sobre eso?
LEONARDO Boff - El propósito de todo el proyecto de la modernidad, nacido en el siglo XVI, está asentado sobre la voluntad de poder que se traduce en la voluntad de enriquecimiento, que presupone la dominación y explotación ilimitada de los recursos y servicios de la Tierra. En nombre de esta intención se construyó el proyecto-mundo, primero por las potencias ibéricas, después por las centroeuropeas y finalmente por la hegemonía estadounidense. Al principio no había cómo darse cuenta de las consecuencias funestas de esta empresa, pues ésta incluía entender la Tierra como un simple baúl de recursos, algo sin espíritu que podría ser tratado como quisiéramos. Surgió el gran instrumento de la tecno-ciencia que facilitó la concreción de este proyecto. Transformó el mundo, surgió la sociedad industrial y actualmente la sociedad de la información y de la automatización.
Toda esta civilización ofrece a los seres humanos, como felicidad, la capacidad de consumo sin obstáculos, sea de bienes naturales, sea de bienes industriales. Llegamos a un punto en el que consumimos un 30% más de lo que la Tierra puede reproducir. Ella está perdiendo más y más sustentabilidad y su biocapacidad; simplemente no aguanta más el nivel excesivo de consumo por parte de los dueños del poder y de los controladores del proceso de la modernidad.
El 20% de los más ricos consume el 82,4% de toda la riqueza de la Tierra, mientras que el 20% de los más pobres tiene que contentarse con sólo el 1,6% de la riqueza total. Ahora nos damos cuenta de que una Tierra limitada no soporta un proyecto ilimitado. Si quisiéramos universalizar el nivel de consumo de los países ricos para toda la Humanidad, los cálculos ya fueron hechos: necesitaríamos por lo menos 3 Tierras iguales a ésta, lo que se revela como una imposibilidad. Tenemos que cambiar, en el caso de que queramos superar esta injusticia social y ecológica universal y tener un mínimo de equidad entre todos.

Adital - ¿Hasta qué punto cree usted que la sociedad civil organizada puede ser agente de una nueva práctica de consumo?
LEONARDO Boff - Se debe comenzar por algún lugar. El lugar más inmediato es comenzar por cada uno. El desafío, frente al problema universal, es convencerse de que podemos ser más con menos. Importa hacer la opción por una simplicidad voluntaria y por un consumo compasivo y solidario pensando en todos los demás hermanos y hermanas y demás seres vivos de la naturaleza que padecen hambre y están sufriendo todo tipo de carencias. Pero para ello, debemos realizar la experiencia radicalmente humana de que de hecho todos somos hermanos y hermanas y que somos ecointerdependientes y que formamos una comunidad de vida.
La economía se orientará para producir lo que realmente necesitamos para vivir y no para acumular ni para lo superfluo, una economía de lo suficiente y de lo decente para todos, respetando los límites ecológicos de cada ecosistema y obedeciendo los ritmos de la naturaleza. Esto es posible. Pero precisamos de una "metanoia" bíblica, de una transformación de nuestros hábitos, de nuestra mente y de nuestros corazones. Esta transformación constituye la espiritualidad. No es facultativa, es necesaria. Cada uno es como una gota de lluvia. Una moja poco. Pero millones y millones de gotas hacen una tempestad, ahora es necesario un tsunami del bien.

Adital - Brasil, a causa de la Floresta Amazónica y otras florestas nativas, debería tener un papel fundamental en la cuestión ambiental. ¿Cómo evalúa usted la postura del gobierno brasilero en relación con el tema?
LEONARDO Boff - El gobierno brasilero no acumuló todavía la suficiente masa crítica ni la conciencia de la importancia de la floresta amazónica en la consecución del equilibrio climático de toda la Tierra. Si el problema es el exceso de dióxido de carbono en la atmosfera, entonces son las florestas las grandes secuestradoras de este gas que produce el efecto invernadero y, en consecuencia, el calentamiento global.
Ellas absorben los gases contaminantes por medio de la fotosíntesis y los transforman en biomasa, liberando oxígeno. En vez de establecer la meta de deforestación cero y en esa posición ser rígido e implacable, por amor a la humanidad y a la Tierra, el gobierno establece que para 2020 va a reducir la deforestación en un 15%. Y hay políticas contradictorias, pues por un lado el Ministerio de Medio Ambiente combate la deforestación, y por el otro el BNDS financia proyectos de expansión de la soja y de la actividad pecuaria que avanzan sobre la floresta. Por detrás están los grandes intereses del agronegocio que presionan al gobierno a mantener una política flexible y que daña para el equilibrio de la Tierra.

Adital - Se ve la gran actuación de movimientos sociales y entidades en defensa de la naturaleza, reclamando más de sus gobiernos en ámbitos internacionales. ¿Cree que hay, en este momento, más empoderamiento?
LEONARDO Boff - Pienso que la Cumbre de Copenhague tendrá una función semejante a la que tuvo la Eco-92 en Río de Janeiro. Después de la Eco-92 surgió en el mundo entero la cuestión de la sustentabilidad y de la crítica al sistema del capital visto como esencialmente anti-ecológico, pues implica una producción ilimitada a costa de la extracción ilimitada de los recursos y servicios de la naturaleza. Creo que a partir de ahora la Humanidad tomará conciencia de que, a partir de la sociedad civil mundial, de los movimientos, organizaciones, instituciones, religiones e iglesias, cambia de rumbo o tendrá que aceptar entonces la aniquilación de la biodiversidad y el riesgo del exterminio de millones y millones de seres humanos, no excluida la eventualidad de la desaparición de la propia especie humana.
Esta conciencia va a encontrar los medios para presionar a las empresas, a los grandes emprendimientos y a los Estados para hallar una nueva relación con la Tierra. El problema no es la Tierra, sino nuestra relación para con ella, relación de agresión y de explotación implacable. Necesitamos establecer un acuerdo Tierra y Humanidad para que ambos puedan convivir interdependientemente, con sinergia y espíritu de reciprocidad. Sin esto no tendremos futuro. El futuro vendrá a partir de la fuerza de la simiente, es decir, de las prácticas humanas personales y comunitarias que crean redes, ganan fuerza y consiguen imponer un nuevo orden que garantizará un nuevo tipo de historia.


Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com
Autor Rogéria Araújo *
Fuente
http://www.adital.com.br
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