Mostrando entradas con la etiqueta educar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educar. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de octubre de 2023

Cómo educar en el cambio social

Smilemundo o cómo educar en el cambio social

Incluir los derechos humanos, las migraciones y las minorías en la historia contemporánea forma parte del proyecto de esta organización que aporta material a los centros educativos

Smilemundo es una organización nacida en Barcelona en 2011 que aporta herramientas educativas, tecnológicas y creativas para promover valores sociales. Recientemente, ha ganado el certamen internacional Erase Indifference Challenge organizado por el Auschwitz Pledge Foundation gracias a un nuevo juego interactivo que recrea mecanismos de discriminación y alerta sobre la indiferencia.


Se trata de un proyecto que se desarrollará en los próximos meses con la financiación obtenida y que enfatiza en los primeros síntomas de la discriminación. La directora y fundadora de Smilemundo, Aleksandra Zemke, señala que es “una experiencia social gamificada que recrea los mecanismos de discriminación para que puedas sentir cómo se siente ser minoría o puedas sentir cómo ser siendo ser un perpetrador o una persona indiferente”.

“Llevamos más de 10 años de experiencia en educación para el cambio social. Hemos hecho talleres en España, Polonia, Chile, Holanda, Sri Lanka… y hemos visto que las raíces de la discriminación son las mismas”, añade Zemke.

El proyecto de educación antidiscriminatoria, uno de los cuatro ganadores de las cerca de 120 iniciativas que se presentaron a concurso, quiere mostrar los riesgos de ser indiferente ante las injusticias para poner en valor “el poder de tu voz, el poder que tienes para proteger a las minorías discriminadas”.

“Diseñaremos un juego que recreará los mecanismos de discriminación, sin que el alumnado sepa que lo están recreando”, remarca Zemke, y es que uno de los objetivos de Smilemundo es introducir en la historia contemporánea el papel de las migraciones, las minorías y los derechos de las personas tradicionalmente invisibilizadas, como las mujeres o el colectivo LGTBIQ+, bajo el convencimiento de que la identidad europea no se puede construir de espaldas a los movimientos sociales.

Historia y Ciencias Sociales

En este sentido, la organización trabaja en la puesta en marcha del proyecto ‘Digital Historytelling’ (DIGHIST), junto con la Fundación Escuela con Clase, de Polonia, y la Fundación Rey Balduí, de Bélgica. Las tres entidades han recibido financiación de la Unión Europea para elaborar un conjunto de herramientas digitales dirigidas a facilitar el trabajo de los docentes de Historia y Ciencias Sociales. El proyecto está dirigido a alumnos de entre 12 y 16 años.

En DIGHIST hay material sobre los totalitarismos en Europa, por ejemplo, y sobre las migraciones. “Nos interesa trabajar con docentes de historia que busquen herramientas innovadoras para trabajar en el aula y, después, dejarles el material para uso abierto”, indica Zemke.

Otro proyecto es Fake kNOw More, de la mano de la Fundación Escuela con Clase como organización líder y las asociaciones AdFaber de Rumanía, FakeScape de la República Checa y Demagogo de Polonia. Las entidades quieren trabajar directamente con el personal educador de centros terapéuticos, centros comunitarios, entornos educativos informales y escuelas, para dotarlas de materiales y herramientas formativas con las que trabajar con jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Matemáticas y roles de género

El origen de estas sensibilidades para educar teniendo en cuenta a las personas que sufren discriminación tiene que ver con el aprendizaje de matemáticas. Constataron, en un programa conjunto con entidades de Polonia, Irlanda y Holanda, que había que reorientar la manera en que esta materia se había impartido tradicionalmente, alejándola de un enfoque más teórico y abstracto, para acercarla a la economía del día a día.

El proyecto de matemáticas quería resolver problemas de la vida real y así, por ejemplo, vieron que, al elaborar el presupuesto de una familia, los roles de género estaban mucho más marcados en algunos países que en otros, conectando con cuestiones locales y del entorno del alumnado. Y quisieron ir más allá.

“Incluso en este tema vimos que había muchas diferencias de aprendizaje: al calcular el presupuesto de la familia, lo que se diseñaba en Polonia parecía discriminatorio en España, según si la figura principal era el padre o la madre. Incluso en las matemáticas nos costaba encontrar aspectos comunes para aplicar en los países europeos”, recuerda Zemke.

“Tenemos muy buena relación con los socios con los que trabajamos. Fuimos aprendiendo y decidimos usar las herramientas digitales también. La Covid nos inspiró para crear más contenido interactivo. Nos llevó meses llegar a diseñarlo. La historia de España, por ejemplo, explicada desde Europa no parecía aceptable”.

Las identidades y las realidades, remarca, están llenas de complejidades y es por eso que, en la actualidad, Smilemundo está enfocada en el tema de las minorías, la discriminación y la historia contemporánea europea, para mostrarlas de manera creativa, didáctica y eficaz.

 Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/07/26/smilemundo-o-como-educar-en-el-cambio-social/

 

¨Pör Ana Basanta

viernes, 25 de agosto de 2023

Cómo educar en el cambio social

 Cómo educar en el cambio social

Incluir los derechos humanos, las migraciones y las minorías en la historia contemporánea forma parte del proyecto de esta organización que aporta material a los centros educativos

Smilemundo es una organización nacida en Barcelona en 2011 que aporta herramientas educativas, tecnológicas y creativas para promover valores sociales. Recientemente, ha ganado el certamen internacional Erase Indifference Challenge organizado por el Auschwitz Pledge Foundation gracias a un nuevo juego interactivo que recrea mecanismos de discriminación y alerta sobre la indiferencia.



Se trata de un proyecto que se desarrollará en los próximos meses con la financiación obtenida y que enfatiza en los primeros síntomas de la discriminación. La directora y fundadora de Smilemundo, Aleksandra Zemke, señala que es “una experiencia social gamificada que recrea los mecanismos de discriminación para que puedas sentir cómo se siente ser minoría o puedas sentir cómo ser siendo ser un perpetrador o una persona indiferente”.

“Llevamos más de 10 años de experiencia en educación para el cambio social. Hemos hecho talleres en España, Polonia, Chile, Holanda, Sri Lanka… y hemos visto que las raíces de la discriminación son las mismas”, añade Zemke.

El proyecto de educación antidiscriminatoria, uno de los cuatro ganadores de las cerca de 120 iniciativas que se presentaron a concurso, quiere mostrar los riesgos de ser indiferente ante las injusticias para poner en valor “el poder de tu voz, el poder que tienes para proteger a las minorías discriminadas”.

“Diseñaremos un juego que recreará los mecanismos de discriminación, sin que el alumnado sepa que lo están recreando”, remarca Zemke, y es que uno de los objetivos de Smilemundo es introducir en la historia contemporánea el papel de las migraciones, las minorías y los derechos de las personas tradicionalmente invisibilizadas, como las mujeres o el colectivo LGTBIQ+, bajo el convencimiento de que la identidad europea no se puede construir de espaldas a los movimientos sociales.

Historia y Ciencias Sociales

En este sentido, la organización trabaja en la puesta en marcha del proyecto ‘Digital Historytelling’ (DIGHIST), junto con la Fundación Escuela con Clase, de Polonia, y la Fundación Rey Balduí, de Bélgica. Las tres entidades han recibido financiación de la Unión Europea para elaborar un conjunto de herramientas digitales dirigidas a facilitar el trabajo de los docentes de Historia y Ciencias Sociales. El proyecto está dirigido a alumnos de entre 12 y 16 años.

En DIGHIST hay material sobre los totalitarismos en Europa, por ejemplo, y sobre las migraciones. “Nos interesa trabajar con docentes de historia que busquen herramientas innovadoras para trabajar en el aula y, después, dejarles el material para uso abierto”, indica Zemke.

Otro proyecto es Fake kNOw More, de la mano de la Fundación Escuela con Clase como organización líder y las asociaciones AdFaber de Rumanía, FakeScape de la República Checa y Demagogo de Polonia. Las entidades quieren trabajar directamente con el personal educador de centros terapéuticos, centros comunitarios, entornos educativos informales y escuelas, para dotarlas de materiales y herramientas formativas con las que trabajar con jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Matemáticas y roles de género

El origen de estas sensibilidades para educar teniendo en cuenta a las personas que sufren discriminación tiene que ver con el aprendizaje de matemáticas. Constataron, en un programa conjunto con entidades de Polonia, Irlanda y Holanda, que había que reorientar la manera en que esta materia se había impartido tradicionalmente, alejándola de un enfoque más teórico y abstracto, para acercarla a la economía del día a día.

El proyecto de matemáticas quería resolver problemas de la vida real y así, por ejemplo, vieron que, al elaborar el presupuesto de una familia, los roles de género estaban mucho más marcados en algunos países que en otros, conectando con cuestiones locales y del entorno del alumnado. Y quisieron ir más allá.

“Incluso en este tema vimos que había muchas diferencias de aprendizaje: al calcular el presupuesto de la familia, lo que se diseñaba en Polonia parecía discriminatorio en España, según si la figura principal era el padre o la madre. Incluso en las matemáticas nos costaba encontrar aspectos comunes para aplicar en los países europeos”, recuerda Zemke.

“Tenemos muy buena relación con los socios con los que trabajamos. Fuimos aprendiendo y decidimos usar las herramientas digitales también. La Covid nos inspiró para crear más contenido interactivo. Nos llevó meses llegar a diseñarlo. La historia de España, por ejemplo, explicada desde Europa no parecía aceptable”.

Las identidades y las realidades, remarca, están llenas de complejidades y es por eso que, en la actualidad, Smilemundo está enfocada en el tema de las minorías, la discriminación y la historia contemporánea europea, para mostrarlas de manera creativa, didáctica y eficaz.

 

 

Por Ana Basanta

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2023/07/26/smilemundo-o-como-educar-en-el-cambio-social/

miércoles, 31 de marzo de 2021

Los tres contratos sociales educativos

 Educar para reducir la desigualdad

De manera remota, se llevó adelante el Congreso Mundial de Educación Kairós. Con la presencia de notables personalidades internacionales de la educación, el lema del encuentro fue “Por el tercer Contrato Social de la Educación”. A mi turno, me correspondió participar de un panel llamado “Políticas y estrategias de las organizaciones internacionales para la implementación del Tercer Contrato Social de la Educación”, que me permitió reflexionar sobre los tres contratos sociales educativos que considero ha transitado la Argentina. Y, a partir de ellos, los desafíos que tenemos no sólo a nivel de enseñar y aprender, sino en términos de construcción de políticas de inclusión y derechos.

 


Pueden existir diferencias en cuanto a la universalización del Primer Contrato Educativo. Pero, podemos convenir que en Argentina éste se concretó en el siglo XIX a partir de la Ley 1420 con el impulso de Domingo Faustino Sarmiento. Sin embargo, no es hasta el año 2005 que, con el gobierno de Néstor Kirchner, se sancionó la Ley Federal de Educación que hizo obligatoria toda la educación básica.

 

El Segundo Contrato Social Educativo puede ubicarse a mediados del Siglo XX, con el ascenso a la educación superior al iniciar las posguerras mundiales. Coincide en Argentina con los dos primeros gobiernos de Perón, quien impulsó la gratuidad de los estudios universitarios para masificar su acceso y graduación, multiplicando casi por cuatro la cantidad de estudiantes universitarios en el lapso de una década. Esa masificación se ve ampliada con la creación de nuevas universidades durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con una fenomenal ampliación de derechos a través de programas como el “Conectar Igualdad”, el “Fines”, las becas y apoyo desarrollo científico–tecnológico e investigación universitaria.

 

Como toda conceptualización, su síntesis cronológica toma sucesos globales y locales, y, claro está, no evitamos la referencia a otros aspectos trascendentes de nuestra educación argentina, como la centenaria Reforma de 1918.

 

De cara al Siglo XXI, el Tercer Contrato Social Educativo -que es también político, universal, local, territorial- forjó avances indudables en la humanidad, pero también dejó a la luz severas desigualdades ante las cuales, inevitablemente la educación debería ser una herramienta para su solución. De no tomarlas por las astas, la tan dramática situación que no sólo no se resuelve, sino que se acentúa cotidianamente.

 

Un tercer contrato social educativo debe ser no solo universal, y una garantía a los distintos niveles educativos, sino uno que suponga la conformación de personas que contribuyan a colectivos sociales y entramados comunitarios capaces de resolver las actuales desigualdades: problemas de alimentación, hábitat, desarrollo social, político y económico. Debe poder hablar de cómo armonizar y lograr la paz, la felicidad de nuestros pueblos, y no su competencia, que ha dejado secuelas de destrucción, muerte y miseria en buena parte de nuestras geografías. Volviendo a Paulo Freire, “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

 

En ese sentido, no es factible pensar la educación de cara al futuro sin incorporar las perspectivas de derechos humanos y ambientales, la igualdad de géneros y la erradicación de todas las formas de violencia. Esto no implica consensos absolutos, sino respeto por el disenso y la búsqueda de síntesis políticas que nos incluyan a todas las personas, piensen lo que piensen, sientan lo que sientan, nazcan donde nazcan.

 

El Primer Contrato –allí al iniciarnos como Nación- nos interpelaba desde la ciudadanía. El Segundo –cuando necesitábamos una industria nacional y soberana- lo hacía desde la ciencia y la técnica. El Tercero nos interpela desde la deconstrucción de una civilización que requiere un punto de inflexión que afronte un nuevo sistema de representación política, un nuevo orden económico que reduzca las desigualdades actuales, una nueva educación capaz de ayudar a construir una sociedad ajena a las violencias y capaz de ser ambientalmente sustentable.

 

 

 

 

 

 

Por Jorge Calzoni

* Jorge Calzoni es rector de la Universidad Nacional de Avellaneda

Fuente

https://www.pagina12.com.ar/309550-los-tres-contratos-sociales-educativos

jueves, 7 de mayo de 2015

Educar en la ciudad que educa

En este artículo, el autor se pregunta ¿Para qué sirve aprender? ¿Qué es una ciudad? ¿Cómo cambiar al mundo que nos rodea? ¿Qué es educar en una sociedad? ¿Para qué pensar críticamente? ¿Cuál es el rol de la educación en la ciudad? ¿Cuál es el papel del maestro en ese contexto? Sus respuestas seguramente aportarán a la comprensión de nuestra cotidianidad.


¿Para qué sirve el conocimiento? En primera instancia el conocimiento sirve para autoconocernos, tanto a nosotros mismos como a todas nuestras circunstancias; sirve para conocer el mundo, también para que adquiramos las habilidades y las competencias del mundo laboral, para participar en la toma de decisiones de la vida en general, en lo social, en lo político, en lo económico. Sirve para entender el pasado y proyectar el futuro. Sirve para comunicarnos, para comunicar lo que sabemos, para conocer mejor lo que ya sabemos y para seguir aprendiendo. Pero el conocimiento también sirve para cambiar el mundo.

El centro de la obra de Paulo Freire es el proceso de humanización. Su principal preocupación era “cambiar el mundo a través de la educación, de la educación política”. Sólo una educación política puede ser emancipadora. Por defender esa tesis, la derecha lo expulsó del país y la izquierda lo tildó de “ingenuo” y dijo que primero había que conquistar el poder del estado, dominar el poder económico, y que sólo después se podría hacer la reforma educativa. La educación no podría cambiar a la sociedad que la mantiene. La educación sería, en esencia, la reproductora de la sociedad.

Es cierto, mecánicamente la educación no cambia a la sociedad, pero sí a los seres humanos, quienes a su vez pueden cambiar sus vidas y sus estructuras políticas, sociales y económicas. Los seres humanos no son determinados. Fue con esta convicción, “cambiar es difícil, pero es posible y urgente”, que Paulo Freire asumió la Secretaría Municipal de Educación de São Paulo. Sobre esta experiencia Freire escribió un libro titulado La educación en la ciudad. La ciudad no sólo es un espacio físico para la reproducción de las relaciones económicas de producción. Es un lugar de relaciones sociales, un lugar de encuentro y de fiesta. La ciudad es el espacio de la vida social y política, el espacio del conocimiento. Por eso es necesario hablar de un “derecho a la ciudad” (Lefebvre) para todos, que va más allá de la conquista de los servicios urbanos de primera necesidad (agua, electricidad, gas, vivienda y servicios). El derecho a la ciudad tiene más que ver con un derecho a los espacios-tiempos de la ciudad, a su uso como espacios de encuentro. Es el derecho a la calle como lugar de encuentro, el derecho a tener tiempo para disfrutar de la ciudad, para hacer ejercicios. Es el derecho al compañerismo, a encontrarme con los vecinos de mi barrio.

¿Qué es educar en la ciudad?
— Henri Lefebvre (1969) hace una distinción entre el hábitat —como el lugar en que se vive—y el habitar — definido como la acción de participar de una comunidad. Distingue lo cotidiano como la vida subordinada a la norma del día a día, a la vida cotidiana que escapa de esa determinación. Lo cotidiano del trabajador estaría subordinado a los tiempos de producción de la mercancía, una rutina diaria de ir y venir del trabajo. Es lo cotidiano programado que se extiende a todos los habitantes de la ciudad. Lo cotidiano del trabajador no deja tiempo para la vida cotidiana, para socializar, para una vida en comunidad. Lo cotidiano no nos permite pensar críticamente en nuestra realidad. Todo el tiempo está dedicado a la mercancía, al consumo, y no a la creación artística, a lo simbólico, a lo lúdico.
La ciudad crea un descompás entre lo económico y lo social. En la ciudad falta el tiempo para lo humano, para la humanización. Lo económico predomina sobre lo humano.
Predomina el consumo como modo de vida e imperativo histórico y existencial. El ciudadano pasa a ser el consumidor, que sólo se siente incluido si puede participar en la ciudad como consumidor. El consumo es el valor dominante. Esto también sucede con los niños, educados más para el consumo, para relacionarse con objetos, que para relacionarse con personas.

Para Lefebvre es necesario “desprogramar” lo cotidiano, dirigido por la racionalización y por la normatización, rescatando la dimensión lúdica en nuestra vida cotidiana. En este sentido, Lefebvre va más allá que Marx, quien no había considerado la dimensión de la alegría, de la fiesta, en la vida cotidiana del trabajador. A Marx se le había escapado la dimensión “dionisíaca” del ser humano, tan bien retratada por Nietzsche, una dimensión que no está comandada por la racionalización y que tiene un gran potencial revolucionario. La educación tiene un papel importante en esto. La obra de Lefebvre arroja luz sobre el futuro de la ciudad como ciudad educadora, en la cual el ser humano se coloca como sujeto de su deber, apropiándose de la ciudad y no sujetándose a ella, no perteneciendo a ella como objeto, sino siendo “dueño” de ella, propietario, sujeto. El derecho a la ciudad sería el derecho a producir cultura en ella, el derecho al “esparcimiento saludable y creativo”.

Para mí, el pensamiento de Lefebvre coincide con la visión que Paulo Freire tenía sobre el papel de la educación en la ciudad. En 1990, cuando fue invitado a participar en la primera reunión de las Ciudades Educadoras, en Barcelona, inmediatamente aceptó la invitación y escribió un hermoso texto sobre el tema. La ciudad dispone de innumerables posibilidades educadoras. La vivencia en la ciudad constituye un espacio cultural de aprendizaje permanente en sí misma, “espontáneamente”: “hay un modo espontáneo, casi como si las ciudades gesticularan, o como si caminaran o se movieran o como si hablaran de sí mismas; es casi como si las ciudades proclamaran hechos vividos en ellas por mujeres y hombres que pasaron por ellas y que se quedaron; es un modo espontáneo, como decía, que tienen las ciudades para educar” (Freire).

Pero la ciudad puede ser “intencionalmente” educadora. Una ciudad puede ser considerada como una ciudad que educa cuando, además de sus funcione tradicionales —económica, social, política y de prestación de servicios— también ejerce una nueva función cuyo objetivo es la formación para y por la ciudadanía. Para que una ciudad pueda ser considerada educadora tiene que promover y desarrollar el protagonismo de todos y de todas —niños, jóvenes, adultos, ancianos— en busca de un nuevo derecho, el derecho a la ciudad educadora: “mientras es educadora, la Ciudad es también educanda. Mucho de su tarea educativa implica nuestra posición política y, obviamente, la manera como ejerzamos el poder en la Ciudad y el sueño o la utopía con que impregnemos la política, al servicio de lo que y de quienes la hacemos”.

Podemos hablar de ciudad que educa cuando esta última busca instaurar, con todas sus fuerzas, la ciudadanía plena, activa, cuando establece canales permanentes de participación, incentiva la organización de las comunidades para que tomen en sus manos, de forma organizada, el control social de la ciudad. Ésta no es una tarea “espontánea” de las Ciudades. Necesitamos voluntad política y una perspectiva histórica. “La tarea educativa de las Ciudades se realiza también a través del tratamiento de su memoria y en su memoria no sólo guarda, sino que también reproduce, extiende, y se comunica con las generaciones que llegan. Sus museos, sus centros de cultura, de arte, son el alma viva del ímpetu creador, de las señales de la aventura del espíritu”. La ciudad no educa sin la voluntad del ciudadano. “Por eso es importante afirmar que no basta reconocer que la Ciudad es educativa, independientemente de lo que queramos o deseemos. La Ciudad se vuelve educativa por la necesidad de educar, de aprender, de enseñar, de conocer, de crear, de soñar, de imaginar con que todos nosotros, mujeres y hombres, impregnamos sus campos, sus montañas, sus valles, sus ríos; impregnamos sus casas, sus edificios, dejando en todas partes el sello de cierto tiempo, el estilo, el gusto de cierta época. La Ciudad es cultura, creación, no sólo por lo que hacemos en ella y de ella, sino por lo que creamos en ella y con ella; y también es cultura por la propia mirada estética o de espanto, gratuita, que le damos. La Ciudad somos nosotros y nosotros somos la Ciudad”.

— ¿Cuál es el papel del maestro en la ciudad que educa?
— La ciudad violenta e insostenible nos sumerge en un clima de miedo y de falta de esperanza. Nuestra fuerza como educadores y educadoras es limitada. Nuestras escuelas también son producto de la sociedad. A pesar de esto, la esperanza, para el maestro, para la maestra, no es algo vacío, de quien espera que algo suceda. Al contrario, la esperanza para el maestro encuentra sentido en su propia misión, la de transformar personas, la de darle nueva forma a las personas y alimentar, por su parte, la esperanza de éstas para que logren construir una realidad diferente, una ciudad nueva, “más humana, menos fea, menos malvada”, como solía decir Paulo Freire. Una educación sin esperanza no es educación emancipadora.

La educación, en la ciudad que educa, se confunde con el propio proceso de humanización. Respondiendo a la pregunta “¿cómo puede el maestro convertirse en intelectual en la sociedad contemporánea?”, el gran geógrafo brasileño Milton Santos, fallecido en el año 2001, respondió: “cuando consideramos la historia posible, y no sólo la historia existente, pasamos a creer que otro mundo es posible. Y no hay intelectual que trabaje sin la idea de futuro. Para ser digno del hombre, de cualquier hombre, del hombre visto como proyecto, el trabajo intelectual y educativo tiene que estar basado en el futuro. De esta manera los profesores pueden convertirse en intelectuales: viendo hacia el futuro”.

Para esto necesitamos una pedagogía de la ciudad, como la propuesta por Paulo Freire.
En primer lugar tenemos que aprender sobre la ciudad. Paulo Freire decía que el primer libro de lectura es el mundo. Para aprender sobre la ciudad tenemos que leer el mundo. En general, ignoramos la ciudad, tenemos una visión tan estrecha que no la vemos, y algunas veces hasta la escondemos, le damos la espalda para no ver ciertas cosas que suceden en ella. No queremos ver ciertas cosas de la ciudad para no comprometernos con ellas, pues al verlas nos comprometemos. Veamos nuestro comportamiento en los semáforos cuando se nos acerca algún niño o niña de la calle: nuestra defensa es no verlos a los ojos. En la ciudad tratamos de hacer que muchos seres sean invisibles; hasta en nuestras propias casas, cuando tenemos visitas y les estamos mostrando la casa, no les presentamos a la empleada doméstica o a la asistente de limpieza que allí trabaja. Les pasamos por el lado como si fuesen transparentes.

Necesitamos una pedagogía de la ciudad que nos enseñe a ver, a descubrir la ciudad para poder aprender con ella, de ella, para aprender a convivir con ella. La ciudad es el espacio de las diferencias. La diferencia no es una deficiencia. Es una riqueza. Existe una práctica de la ocultación de las diferencias, también resultado del miedo a ser tocados por ellas, sean diferencias sexuales, culturales, etc. En general, nuestra pedagogía se dirige a un alumno promedio, que es una abstracción. Sin embargo, nuestro alumno real, el alumno concreto, es único. Cada uno de ellos es diferente y debe ser tratado dentro de su propia individualidad, dentro de su subjetividad. Una pedagogía de la ciudad también sirve para que la escuela construya el proyecto político-pedagógico de una educación en la ciudad.
En la ciudad que educa, el ciudadano camina sin miedo, observando todos los espacios.

Tenemos que aprender a movernos en la ciudad, a caminar mucho por sus rutas, dejar el carro en casa y caminar, no ver la ciudad sólo en fotos y videos. Para eso es importante una educación ciudadana para el tránsito y para la movilidad. Necesitamos mapas, guías. Necesitamos saber dónde está la gente. Como sujetos de la ciudad, necesitamos sentirnos como ciudadanos. La ciudad nos pertenece y porque nos pertenece participamos de su permanente construcción y reconstrucción.

Necesitamos conocer el aparato cultural de la ciudad. Cualquier programa que pretenda interconectar los espacios y las instalaciones de la ciudad es fundamental, pues desconocemos nuestra propia ciudad o subutilizamos su potencial. Necesitamos darle poder desde el punto de vista educativo a todo el aparato cultural. La ciudad es el espacio de la cultura y de la educación. Existen muchas energías sociales transformadoras que aún están adormecidas por falta de un enfoque educativo de la ciudad. Ese es el objeto de la pedagogía de la ciudad.



Autor
Moacir Gadotti
La Escuela y el Maestro
Paulo Freire y la pasión de enseñar


jueves, 4 de septiembre de 2014

Realizar un proceso de Educación implica reconocer la autonomía de los sujetos

El proceso de Educación posee muchas dimensiones ¿Se trata de una “domesticación”? ¿Podemos pensar en una Educación “neutral”, en lo que a intereses sectoriales se refiere? ¿Qué implica reconocer la autonomía de los sujetos? En los siguientes párrafos una breve explicación de uno de los temas fundamentales en la pedagogía de P Freire.


Realizar un proceso de Educación implica reconocer la autonomía de los sujetos
Esto significa que a los sujetos se los acompaña en el proceso, se aprende de su experiencia, se apunta a hacer una reflexión del contexto de opresión y a que vean al opresor que tienen dentro, como lo plantea Freire; pero fundamentalmente se debe reconocer la posibilidad de los sujetos de elegir el cambio que implica el reflexionar sobre su propia vida.

En el caso de estos trabajadores, se trata de sujetos masculinos en un contexto cultural concreto, que suelen tener dinámicas complejas de ejercicio del poder en los espacios en los que se encuentran, sea trabajo, familia, comunidad, etc. Un proceso de formación debe partir de entender a estos sujetos en su contexto para no idealizarlos o satanizarlos, y lograr comprender las dinámicas de conformación de identidades masculinas que el sistema genera.

No obstante, un proceso no puede quedarse en la mera comprensión de las causas culturales que los llevan a actuar de determinada manera, sino que debe apuntar de alguna forma a generar la posibilidad de que los sujetos puedan verse desde sus propios ojos, se piensen desde otras formas de relacionamiento posible, y decidan si quieren seguir tomando parte en las lógicas de poder de las que ellos también son víctimas.
Sin embargo, un proceso de educación implica reconocer en todo momento la elección de los sujetos, quienes deciden el lugar que ejercen en la relación de opresión en los otros escenarios.

La persona que acompaña el proceso es una parte, pero no puede asumir una posición mesiánica que intenta sustituir la responsabilidad que tienen los sujetos de decidir sobre su propia existencia.




Extraído de
UNA EXPERIENCIA DE EDUCACIÓN POPULAR SEGÚN PREMISAS DE LA PEDAGOGÍA CRÍTICA
Priscilla Carballo Villagra*
Docente e investigadora de la carrera de Trabajo Social, Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica. Ha desarrollado experiencia de trabajo sindical y trabajo con jóvenes de sectores populares en el área urbana de ese país
En
Paulo Freire, Contribuciones para la pedagogía
Moacir Gadotti, Margarita Victoria Gomez, Jason Mafra, Anderson Fernandes de Alencar [compiladores]

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs