jueves, 20 de febrero de 2025

 WOKE


Autor:

Miguel Andrés Brenner

IICE. Facultad de Filosofía y Letras. UBA

Febrero de 2025


Las épocas actuales son notablemente distintas a las del siglo pasado, reflejando cambios profundos en la sociedad, la política y la economía. Es crucial analizar estos aspectos para comprender mejor el mundo en el que vivimos. La presencia y el impacto de la extrema derecha son fenómenos destacados en el panorama contemporáneo. Aunque es difícil sintetizarlos debido a su heterogeneidad en distintos territorios. Se ha consolidado en varios países y regiones, adaptándose a las particularidades locales. Comparten elementos comunes como el nacionalismo exacerbado, el rechazo a la inmigración y la crítica a las instituciones democráticas tradicionales. Desde Argentina, hemos sido testigos de un resurgimiento de movimientos de extrema derecha, que han encontrado eco en ciertos sectores de la población debido a las crisis económicas recurrentes y al descontento con las políticas tradicionales. Esta tendencia refleja una realidad más amplia, donde las inseguridades y frustraciones sociales son capitalizadas por líderes que promueven discursos polarizantes y simplistas. Las épocas actuales presentan características únicas y complejas, marcadas por la influencia creciente de la extrema derecha y la diversificación del poder. Comprender estos fenómenos es esencial para navegar y actuar en el presente. Lo intentaremos. Pero antes diferenciaremos entre los movimientos sociales neoliberales y los de extrema derecha. Los neoliberales suelen enfocarse en políticas económicas de libre mercado, privatización y reducción del gasto público; los de extrema derecha tienden a promover nacionalismo, proteccionismo y, a menudo, políticas autoritarias. Los neoliberales buscan maximizar la eficiencia económica y reducir la intervención del Estado en la economía. Los de extrema derecha pueden, además, buscar preservar la identidad cultural y nacional, a menudo a través de políticas antiinmigración y medidas de seguridad nacional. Los neoliberales suelen utilizar un lenguaje técnico y económico, mientras que los de extrema derecha utilizan una retórica emocional y nacionalista, apelando a los miedos y descontentos de la población. Los neoliberales suelen tener apoyo de sectores empresariales y de la élite económica; los de extrema derecha suelen atraer a personas descontentas con el sistema político y económico actual, incluyendo a trabajadores afectados por la desindustrialización y la precariedad laboral, cuyas pretensiones afectan más al individuo, no son comunitarias aunque tengan incidencia en el colectivo. Los de extrema derecha son capaces de sustentarse en políticas férreamente capitalistas neoliberales.


Del verbo: To wake up, despertar.

El término "woke" se ha popularizado en los últimos años para describir una postura social y política que se centra en la conciencia sobre las injusticias y desigualdades, especialmente las relacionadas con el racismo, el sexismo, la homofobia, el maltrato al medio ambiente y otras formas de discriminación.

Sus raíces se encuentran en la comunidad afroamericana, donde se utilizaba desde la década de 1960 para referirse a la conciencia sobre la injusticia racial y la necesidad de actuar para combatirla. Con el tiempo, el término "woke" se expandió para abarcar otras formas de injusticia social y se popularizó a través de movimientos sociales y el uso de hashtags como #StayWoke en las redes sociales. 

Los defensores de la cultura “woke” se caracterizan por estar informados y preocupados por los problemas sociales y políticos, buscando garantizar conciencia sobre ellos. El movimiento se centra en la lucha por la justicia social y la igualdad, buscando desafiar las estructuras de poder y las normas sociales que perpetúan la discriminación y la opresión. Se reconoce que las diferentes formas de opresión están interconectadas y se abordan de manera integral. El movimiento “woke” se manifiesta a través de diversas formas de activismo, como protestas, campañas en redes sociales, boicots y el apoyo a organizaciones que trabajan por la justicia social. 

El término "woke" también se utiliza de manera despectiva por sectores conservadores para criticar a personas o ideas progresistas, asociándolo con extremismo o "pensamiento políticamente correcto".

El historiador italiano Steven Forti, si bien no se pliega a dicho uso, puede afirmarse que lo asume de manera crítica. Para él, la creciente desigualdad y la pérdida de confianza en los partidos tradicionales han permitido el auge de figuras políticas que prometen recuperar el orden y la estabilidad, aunque a costa de los principios democráticos. Propone el concepto de extrema derecha 2.0, un movimiento adaptado a la era digital, capaz de movilizar emociones, manipular la agenda pública para difundir desinformación y teorías conspirativas. La sensación de incertidumbre y desprotección ha convertido a amplios sectores de la población en terreno fértil para discursos populistas que prometen recuperar el control y restaurar un orden perdido. Este sentimiento de frustración no se traduce únicamente en abstención o desafección política, sino en el apoyo creciente a opciones autoritarias. 

La extrema derecha a menudo se asocia a una especie de religiosidad dogmática. Este fenómeno puede observarse en varios movimientos políticos y sociales alrededor del mundo. La combinación de políticas autoritarias y creencias religiosas estrictas puede llevar a una visión del mundo muy rígida y excluyente. Así, v.gr., durante su campaña presidencial de 2024, Donald Trump ha recurrido a imágenes religiosas cristianas, caracterizando su campaña como una "cruzada justa" contra "ateos, globalistas y marxistas". Javier Milei ha mostrado interés en el judaísmo y ha considerado la posibilidad de convertirse a esta religión. En varias apariciones públicas, empleó símbolos judíos como la kipá y aún ha insultado fuertemente al Pontífice Francisco. Jair Bolsonaro ha utilizado el nacionalismo cristiano como una parte central de su política, uniendo a católicos y evangélicos conservadores alrededor de una representación mítica del pasado de Brasil y un proyecto imaginado para su futuro.

En este contexto ubicamos la visión “woke” del presente término. 

El movimiento “woke” es un fenómeno complejo con diversas interpretaciones. Si bien promueve la conciencia sobre las injusticias sociales y la lucha por la igualdad, es importante analizar cada situación y propuesta dentro de este marco para comprender el mismo. 

La implementación neoconservadora del término "woke" se caracteriza por emplearlo de forma despectiva para desacreditar ideas, políticas o movimientos progresistas. En lugar de centrarse en un debate sustantivo sobre temas específicos, se utiliza "woke" como una etiqueta amplia para agrupar y descalificar cualquier cosa que se considere "demasiado" liberal o que desafíe el statu quo conservador.

Se engloban diversas causas progresistas bajo el paraguas de "woke", sin distinguir matices ni diferencias entre ellas. Se simplifican debates complejos, reduciéndolos a una dicotomía entre "woke" y "no woke". Se carga el término con connotaciones negativas, asociándolo con extremismo, censura ("cultura de la cancelación"), corrección política excesiva y pérdida de valores tradicionales. Se emplea para exacerbar la polarización política, creando una división entre "nosotros" (los conservadores) y "ellos" (los "woke"), fomentando la hostilidad y el rechazo hacia cualquier postura que se considere progresista. Al centrarse en el término "woke" como un enemigo a combatir, se desvía la atención de debates políticos y sociales más profundos y complejos. Políticos y comentaristas conservadores aprovechan el término para movilizar a su base electoral, apelando a sentimientos de rechazo hacia cambios sociales y culturales.

Así, por ejemplo:

Criticar políticas de inclusión y diversidad en empresas o instituciones educativas, incriminándolas de ser "woke" y de promover una "discriminación inversa". Atacar iniciativas para visibilizar y proteger los derechos de la comunidad LGBTQ+, tildándolas de "ideología woke" que busca "adoctrinar" a los niños. Descalificar movimientos sociales que luchan contra el racismo o la discriminación de género, acusándolos de ser "woke" y de promover la "victimización". Criticar expresiones artísticas o culturales que abordan temas sociales o políticos desde una perspectiva progresista, acusándolas de ser "propaganda woke". Descalificar toda lucha por un ambiente que promueva el “buen vivir” como “woke”. De tal manera:

La utilización peyorativa de "woke" imposibilita el debate constructivo sobre temas importantes, al descalificar posturas sin argumentar. Contribuye a la polarización política y social, al crear divisiones artificiales y fomentar la hostilidad entre diferentes grupos. Busca deslegitimar luchas por la justicia social y la igualdad, presentándolas como "excesos" o "radicalismos".

La utilización neoconservadora del término "woke" es una estrategia discursiva que busca descalificar y deslegitimar ideas y movimientos progresistas, implosionando polarización y dificultando el debate público. 

Se popularizó a partir de los últimos años, en particular con el discurso inaugural de la presidencia de Donald Trump. Y en Argentina con la reciente mimetización de Javier Milei con Trump y una consideración insultante hacia quienes los considera así.

Veamos que en sus orígenes, ni el liberalismo económico ni el político, salvadas las distancias, consideran algo diferente a la llamada igualdad. De aquí, muy brevemente la posición de Adam Smith y Jean Jacques Rousseau contraponiéndola a la de Karl Marx.

En su libro “Teoría de los Sentimientos Morales” (1759), Adam Smith no abogaba por la igualdad económica ni por la distribución igualitaria de los bienes materiales. En cambio, defendía la igualdad moral de los seres humanos, es decir, que todos los seres humanos son moralmente iguales, sin importar sus diferencias, . 

Jean Jacques Rousseau, a su vez, con quien se origina el liberalismo político, en su texto “El Contrato Social” (1762), sostiene, en parte, que el cambio climático, en tanto no depende del hombre, lo impulsa por necesidad a vivir en sociedad, y lo conlleva a males peores, pues surgen de la propiedad privada, de su apropiación, de la excesiva ambición de unos pocos y la envidia de otros, de la mayoría.

Carlos Marx no trabaja bajo el parámetro de la igualdad o desigualdad, más allá del error en el que incurren hasta los llamados marxistas, que así lo afirman. Dicho parámetro es del orden burgués.  En la "Crítica del Programa de Gotha" de 1875, Marx no niega el principio de la igualdad en sí mismo, sino que realiza una crítica profunda a la concepción burguesa y abstracta de la igualdad que se plasmaba en el programa del Partido Obrero Alemán (luego se convertiría en el Partido Socialdemócrata Alemán). Marx argumenta que la igualdad, tal como se planteaba en el programa, ignoraba las diferencias reales entre las personas y las condiciones materiales de existencia, lo que llevaba a una concepción meramente formal burguesa de la justicia social.

Puntos clave de la crítica de Marx a la concepción de igualdad en el Programa de Gotha:

Principio de "a cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades": Marx propone este principio como una idea comunista superior a la concepción burguesa de la igualdad. Implica que cada persona contribuya a la sociedad según sus capacidades y reciba de ella según sus necesidades, superando la lógica del intercambio equivalente y la distribución basada en el trabajo realizado.

Crítica a la distribución "equitativa" del producto del trabajo: Marx critica la idea de que el producto del trabajo debe distribuirse "íntegramente" entre todos los miembros de la sociedad con "igual derecho". Argumenta que esto ignora las necesidades de la reproducción social y las diferencias en las capacidades y necesidades de las personas.

La "Crítica del Programa de Gotha" es un texto fundamental para comprender la concepción marxista de la igualdad, su crítica al socialismo utópico y a las concepciones burguesas de la justicia social. 

El progresismo de los últimos años, carente de meta histórica, conlleva a un individualismo, donde la tan proclamada “inclusión” se revierte en una especie de clausura de horizontes esperanzadores, se trastoca en “exclusión” para la mayor parte de los seres humanos. Actualmente las clases trabajadoras latinoamericanas no visualizan su liberación como resultado necesario e inmediato de una ruptura con el orden económico vigente, aunque ello no implique que se hayan transformado en aliadas de un proyecto que se revela globalmente cada vez más concentrador de riqueza y autoritario a escala mundial.

Así, aparece el tecnofeudalismo, concepto acuñado por el economista griego Yanis Varoufakis, para quien las grandes corporaciones tecnológicas, como Google, Amazon y Facebook, asumen un papel similar al de los señores feudales del pasado. El poder y la riqueza están dominados por un reducido grupo de magnates dueños de las principales plataformas del sector digital, que promueven una estructura autoritaria en la que las corporaciones tecnológicas se convierten en los nuevos “señores feudales”, promoviendo el capitalismo financiero especulativo al centralizar el capital y crear burbujas financieras en la economía global.

El capitalismo financiero, más de lo que fue en el pasado, no se limita a la explotación y desvalorización creciente del mundo del trabajo. Se revela igualmente racista, misógino, xenófobo, antimulticultural y oscurantista, tiende a un odio que se vuelve viral, desde el que no se construye. Y para las grandes masas poblacionales el mercado se apodera de “sí mismo”, pues el Estado apunta a ser reemplazado, en la medida de lo posible, por el “emprendedurismo”, donde cada uno se encamina a ser empresario de sí mismo.

En este contexto económico aparece un fascismo similar al de los años treinta del siglo veinte, pero también diferente. En general, hoy propende a ser nacionalista exacerbado y autoritario, genera sus comunicaciones y propaganda en las llamadas “redes sociales”. Es anticomunista a la criolla, pues se aleja de los parámetros interpretativos de aquella corriente, sin interesarle académicamente la misma, alejándose de su racionalidad crítica.

El común de sus electores, en procesos democráticos, cuya formalidad puede mantenerse, se encuentra subyugado por las consignas capitalistas neoliberales que enarbola, más allá del bienestar de la población, por las proclamas conservadoras a las que adhiere, por “cuidar” el escasísimo poder ser sí mismo de modo individualista, hedonista, fragmentado socialmente, en una tónica antiprogresista, como más arriba señalamos, dentro de un espectro anti inmigratorio, donde se identifica inseguridad con miedo, en un mundo de alta tecnología distópica con inteligencia artificial. De ahí las consecuentes “políticas de miedo”.

A las “políticas de miedo” resulta muy funcional las redes que incentiven el odio, y de ahí el propio enclaustramiento desde las tensiones generadas de manera reaccionaria, donde se conjugan ceguera ecológica y clausura política, al decir de Svampa, Maristella y Viale, Enrique (2025). Para Rousseau en el Contrato Social, etapa “pre-social”, el cambio climático, que condiciona la existencia de las relaciones sociales, no dependen del ser humano; en la actualidad son una horripilante producción histórica, ya que la misma era del calentamiento global ha terminado, ha llegado la era de la ebullición global, al decir de Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.


lunes, 3 de junio de 2024

FALACIAS DE LA ACTUAL PEDAGOGÍA.

CAPITALISMO NEOLIBERAL EN LA PRÁCTICA DEL AULA ESCOLAR

Miguel Andrés Brenner

IICE. Facultad de Filosofía y Letras. UBA

Junio 2024

La presente práctica pedagógica en el aula escolar no conlleva mejoras

efectivas en los grandes sectores populares de todo el mundo. Sin embargo,

existen durante estos últimos cuarenta años múltiples reformas educativas,

que se “enuncian” con bondades, aunque a través del tiempo no evidencian

una superación del semianalfabetismo de la mayor parte de sus egresados,

tanto de la escuela primaria como de la escuela secundaria. Y la referencia a

dicho semianalfabetismo no excede los parámetros de la era de Gutemberg.

Para ofrecer un pantallazo de la problemática partiremos de nuestro país,

empero, reconociendo que sus interrogantes son mundiales.



En Argentina, para la época del primer peronismo, hay una fuerte presencia

del Estado en el imaginario colectivo, como factor de cohesión social y de las

solidaridades. Es desde el Estado que se diseñan las políticas macro

educativas.

En particular, desde 1989 (globalización), lo público es subsumido, como

tendencia, dentro de los intereses del mercado, en especial del capitalismo

financiero, del dinero que genera más dinero. Se debilita, así, la presencia

del Estado en el imaginario colectivo, como factor de cohesión social y de las

solidaridades. Aparece la categoría “tejido social”, fenómeno lingüístico que

manifiesta el débil sentido de pertenencia a las mismas instituciones del

Estado, pertenencia que solo “pareciera” tender a valorizarse en tanto al

sentido de comunidad que ofrece cada micro escuela. Y señalo que

“pareciera” por cuanto en ocasiones hasta se pone en duda dicha valoración.

Aunque siga existiendo la escuela pública, su privatización no pasa ya por

los carriles del mero incremento de los establecimientos privados, sino

porque el sentido de la misma no parte del Estado, sino del Mercado, en

particular, entre otros, desde los criterios del Banco Mundial y de la OCDE -

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico de la Unión

Europea-.

La escuela neoliberal capitalista tiende a ser diseñada bajo el perfil

meritocrático de la igualdad de oportunidades, del imperativo individualista

just do it, aún cuando los sociales puntos de partida son injustos.

Veamos cuáles son las capacidades a las que se hace mención en el Diseño

Curricular de la Nueva Escuela Secundaria de CABA (2015: 18-19) 1 que

deben aprender los alumnos.

Así, aparecen diferentes criterios pedagógico/didácticos, a saber:

Aprender a aprender, pero vacío de todo contenido, como una forma sin

contenido. Críticamente afirmamos que un aprendizaje sin contenido es

ciego, no se sabe hacia dónde se dirige, aunque quienes lo diseñan, sí saben

hacia donde se dirige. Es que habilidades sin contenido son ciegas, y

contenidos sin habilidades son vacíos. Precisamente, esas habilidades

adquieren en la actualidad un sentido impuesto por el mercado, perdiéndose

todo tipo de autonomía o soberanía.

Aprendizaje colaborativo instrumental, porque lo que interesa es el cómo

(los procedimientos) y no el qué (los contenidos). En el qué aparecen los

valores, mientras los procedimientos se consideran neutros valorativamente.

Ya nos lo decía la expresión “el medio también es contenido” en la conocida

categoría de Mashall McLuhan, “el medio es el mensaje” de tinte

estrictamente tecnocrático, afirmándolo también como contenido, aunque se

pretenda vaciarlo del mismo en la pedagogía capitalista neoliberal.

Ciertamente, la posición crítica del querido Enrique Dussel hace más que

nada referencia a los contenidos, empero desde Paulo Freire podemos

apreciar que la forma de educar es también contenido ético-político, y de ahí

el título de su primer gran obra teórica “Pedagogía del Oprimido”. Además,

resulta contradictorio un aprendizaje colaborativo dentro de una institución

escolar rígidamente verticalista.

Pensamiento crítico, que también es meramente instrumental, ya que ayuda

a discernir críticamente acerca de los medios-para, pero no hace referencia a

los contenidos. Es que, como señalamos, se separan habilidades de

contenidos.

Aprendizaje por proyectos, al que le dedicaremos la última parte del

presente texto. Son fragmentados o segmentados entre sí, cuya racionalidad

es tecnócrata y operativa. La unidad de sentido no está dada por una

decisión del Estado, sino de los intereses de un mercado que requiere de

trabajadores que piensen en el cómo, pero no en el qué y en el para qué.

Todo ello implicaría:

Actuar autónoma. Crítica que formulo. En realidad, el aprendizaje nunca es

de por sí “autónomo”, se parte de la heteronomía hacia la autonomía, en un

lento proceso de crecimiento. Negar la heteronomía es negar al maestro,

negar al docente. Se identifica la autonomía con el individualismo del

emprendedor, que debe gestionar las consecuencias de sus actos.

Actuar activamente, de forma casi autodidacta, donde el protagonista del

aprendizaje sea el alumno. Crítica que formulo. El problema radica en el

paulatino pasaje de la heteronomía hacia la autonomía, con lo que el mero

criterio autodidacta resulta falaz.

Actuar creativamente. Crítica que formulo. Valga resaltar que ese actuar

tiende a ser solamente procedimental y dentro de los límites de quienes

definen lo que creatividad quiere decir, o sea de los intereses del poder

hegemónico.

Actuar de modo significativo. Crítica que formulo. El problema radica en

quiénes definen lo significativo, o sea, quienes ejercen el poder hegemónico.

Actuar según los intereses de los alumnos. Crítica que formulo. Recordemos

que dichos intereses son siempre acotados por el mismo ejercicio del poder,

así Juan Jacobo Rousseau en el Emilio explica que dichos intereses son de

los del niño de linaje, porque la educación no es para los pobres 2 (o sea que

aquí encuentra su base la pedagogía moderna, aunque en la actualidad

desde la Declaración de Jomtien, Tailandia, 1990, se hable de “Educación

para todos”, una inclusión que resultó excluyente).

Actuar potenciando la capacidad de iniciativa, decisión y comunicación.

Crítica que formulo. En las praxis vigentes las normativas ministeriales son

asfixiantes.

Actuar con criterios de autogestión (individual) de las propias emociones,

garantizando un bienestar meramente subjetivo. Crítica que formulo.

Aunque el ambiente político y económico sea distópico, el alumno

“individuo” debe aprender a autogestionar sus propias emociones (para no

deambular en demasiadas explicaciones, veamos el siguiente ejemplo en un

video de youtube 3 ).

Actuar sin aburrirse, porque el docente cuando transmite, aburre (ejemplo

del discurso dado por Chris Morena ante los más importantes empresarios

de Argentina durante el Coloquio Idea 2017 4 ). Crítica que formulo. O sea,

¿las plataformas digitales no transmitirían nada?, ¿los medios de

comunicación no transmitirían nada?, ¿las redes sociales no transmitirían

nada?, ¿los cantantes de cumbia o de reggaetón no transmitirían nada?, ¿los

partidos políticos no transmitirían nada, aunque fuere negativamente?, etc.

Empero, ¿el único que no debiera transmitir es el maestro? Muy sintomática

dicha apreciación, donde el maestro no debiera ser modelo, sino solamente

guía o facilitador de lo que las empresas privadas en tecnología educativa

diseñan. Conste que el maestro es siempre modelo, pudiendo aún serlo de

manera patológica.

Y dentro de este contexto se apela a la acreditación y certificación

internacional, como lo señalan las normas ISO, que “miden” la eficiencia y

eficacia de un producto en el mercado internacional.

En síntesis, desde las TICs - tecnologías de la información y la

comunicación-, se pretenden adquirir habilidades para saber navegar. Pero,

hay un problema no resuelto: la mayor parte de los niños y adolescentes de

nuestro planeta egresan del sistema escuela sin el dominio básico de los

códigos de la lengua cuyo aprendizaje se le exige, sin aprender a leer

comunitaria y críticamente sus propias condiciones de vida, sin pronunciar

dialógicamente su propia palabra.

Entonces, se nos dice que la escuela actual NO SIRVE, culpabilizando al

maestro. Pero, hete aquí que la mayor parte de los niños y adolescentes del

mundo se encuentran dentro de una “basura” desechable, puesto que la

escuela NO SIRVE. Y, entonces, se nos afirma desde un posicionamiento

tecnocrático que “la escuela es del siglo XIX, los docentes del siglo XX, los

alumnos del siglo XXI”.

Señalemos que algunas de las cualidades pedagógicas podrían ser válidas,

aunque dentro de otra escuela, con sentido liberador.

Mientras los movimientos sociales populares se debiliten, y aún las calles

sean ganadas por movimientos sociales, difícilmente haya una salida

liberadora. Esos movimientos sociales populares actúan fragmentadamente

dentro de un capitalismo globalizado. Así, difícilmente haya una salida

liberadora, pues la tragedia de nuestra época, al decir de Boaventura de

Sousa Santos, es que mientras la dominación está unida, la resistencia se

encuentra fragmentada. 5

Dediquemos, ahora, en el espacio que sigue, un breve párrafo al tan

mentado “aprendizaje basado en proyectos”, dentro de este capitalismo

neoliberal.

Desde fines del siglo XIX hasta la actualidad son varios los teóricos que

referencian al aprendizaje basado en proyectos o al trabajo basado en

proyectos, empero con diferente sentido interpretativo.

John Dewey vio el aprendizaje basado en proyectos como una forma de

preparar a los estudiantes para la participación activa en la democracia

desde las propias formas prácticas de vida y en sus propios intereses.

Comprendía la educación como “crecimiento”, no con el sentido de un

futuro incierto, sino a fin de resolver los problemas del presente. Creía que

este enfoque podía ayudar a desarrollar las habilidades de pensamiento

crítico, resolución de problemas y colaboración que son esenciales para los

ciudadanos responsables. William Kilpatrick fue su discípulo, que

perfeccionó la idea de Dewey 6 .

Hacia fines del siglo XIX, la noción de proyecto adquiere un significado

totalmente diferente a la de la noción de proyecto hacia las postrimerías del

siglo XX en adelante. Es por ello que no se la debe subsumir en aquella

pasada, aunque es lo que usualmente se hace, y con lo que se comete un gran

error, por cuanto ambos conceptos son, en términos de la lógica aristotélica,

equívocos.

Así, trabajemos brevemente las teorías de Jeremy Rifkin, Peter Drucker y

Claus Offe.

Jeremy Rifkin, norteamericano que nace en 1945. En su libro “El fin del

trabajo” (1995) argumenta que la tecnología tiene dos caras: por un lado,

aumenta la productividad y la eficiencia, pero, por otro lado, también

reduce la necesidad de mano de obra humana. El autor predice que la

automatización y la robótica continuarán reemplazando trabajos

tradicionales. Sostiene que la automatización y la tecnología están

eliminando empleos en sectores como la agricultura, la industria y los

servicios. La sobreproducción globalizada e incontrolable está generando

un desempleo estructural. Propone una reducción de la jornada

laboral como mecanismo para el reparto del trabajo. Sugiere un nuevo

contrato social y la potenciación del tercer sector para abordar los desafíos

de la economía posmercado. Los sindicatos, que históricamente han

luchado por los derechos de los trabajadores, podrían enfrentar desafíos

en este nuevo contexto. En lugar de empleos tradicionales a largo plazo,

Rifkin sugiere que las empresas adopten contratos basados en proyectos.

Los trabajadores se involucrarían en proyectos específicos y luego

pasarían a otros proyectos según las necesidades de la empresa 7 .

Peter Drucker, quien nació en Viena en 1909, en su libro “La sociedad

poscapitalista” (1995) propone algo parecido. Imaginó un futuro en el que

el conocimiento, la descentralización y la armonía entre los actores fueran

fundamentales para el éxito en la sociedad poscapitalista. Drucker sostiene

que estamos en medio de un proceso de transformación que podría

completarse en algún momento entre 2010 y 2020. Algunos de los cambios

principales que identifica incluyen: Desaparición de la historia

“occidental”. Drucker argumenta que ya no existe una historia o

civilización “occidental”. En cambio, solo hay historia mundial y

civilización mundial, aunque con influencias occidentales. Valga considerar

la sociedad del saber. Drucker observa la creciente importancia del

conocimiento y la educación en la sociedad. La sociedad poscapitalista se

caracteriza por la primacía del saber y la capacidad de aprender y

adaptarse constantemente. Además, valga considerar la transformación

tecnológica. La adopción de nuevas tecnologías, como la informática y las

comunicaciones, están remodelando la sociedad. Drucker anticipa que esta

tendencia continuará en el futuro 8 .

Claus Offe nació en Berlín en el año 1940. En la entrevista a Claus Offe, uno

de los más reputados analistas de las sociedades capitalistas, se aborda el

tema del futuro del trabajo y del Estado del bienestar. Offe discute las

trampas de la reducción de la jornada laboral y la falsa promesa de libertad

en los contratos de trabajo. A continuación, algunos puntos clave de la

entrevista: Sociedad del Trabajo. Max Weber señaló que en la modernidad

la sociedad valorizó el trabajo como actividad humana básica. Sin embargo,

esto condujo a que la sociedad en su conjunto se convirtiera en una

“sociedad del trabajo”. En la actualidad, se considera culturalmente

evidente que las personas plenamente funcionales son aquellas con

ocupación remunerada. Esto implica una actividad laboral de por vida y sin

alternativa, dentro del marco de los contratos de trabajo. Sin embargo, no

todos tienen la oportunidad de obtener empleo remunerado de manera

fiable y segura. Las circunstancias coyunturales y secundarias hacen que

cada vez sea más dudoso que se pueda trabajar por dinero. Devaluación del

Trabajo no Remunerado: Fuera de la esfera del empleo remunerado, el

trabajo se devalúa. Aquellos que no realizan un trabajo remunerado en el

capitalismo avanzado se consideran inferiores en sentido literal. Estas

personas no pueden participar en pie de igualdad en la producción social y a

menudo dependen de otros miembros de la familia. Offe también discute las

contradicciones inherentes al trabajo capitalista y la relación ambivalente

entre el capitalismo y el Estado del bienestar. En resumen, la entrevista

ofrece una visión crítica sobre el futuro de la sociedad del trabajo y

cuestiona la supuesta libertad que se encuentra en los contratos laborales 9 . 

Concluyendo. La tendencia es que el trabajo del futuro sea a partir de la

relación individual entre el profesional, con alto perfil tecnológico, y la

empresa. Esta última aceptará el “proyecto” convenido con el profesional, el

que culminado, deberá renovarse. No habría más otro tipo de dependencia

entre empresa y trabajador. No existirían más ni sindicatos ni derechos

laborales. Obviamente, el perfil del trabajador sería de alta competencia y

desempeño. Y para la gran camada de trabajadores precarizados, con un

bajo perfil profesional, aparecerían las enormes empresas tecnológicas de

servicios, también con enormes ganancias y sin empleados, al modo de la

uberización del trabajo. O sea, en última instancia, todos serían

monotributistas. Desde este lugar debiéramos comprender en la actualidad

la noción “proyecto”, en vez que desde la perspectiva de John Dewey.


1 https://buenosaires.gob.ar/areas/educacion/nes/pdf/2015/NES-Co-formacion-general_w.pdf

2 Rousseau afirma en “El Emilio” que…

“El pobre no tiene necesidad de educación; la de su estado es forzada y él no sabría alcanzar otra...”

“Escojamos, pues, a un rico; estaremos seguros al menos de haber hecho un hombre más, en lugar

de que un pobre pueda llegar a ser hombre.” “...no me pesa que Emilio tenga linaje.” Rousseau,

Juan Jacobo (2003: 54). El Emilio. Madrid, Biblioteca EDAF. Reconozco que en mis clases, sin

endiosar a uno y diabolizar al otro, panfletariamente digo “viva Comenio, muera Rousseau”, ese

Rousseau que se deshizo de sus cinco hijos.

3 Valga como ejemplo de la educación emocional el siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=60vxQjYO-Sg&t=243s (consulta: 2/06/2024)

4 https://www.youtube.com/watch?v=cyiN13dtX30&t=406s (consulta: 2/06/2024)

5 https://www.gaceta.unam.mx/tragedia-actual-la-dominacion-esta-unida-y-la-resistencia-

fragmentada/ (consulta: 2/06/2024)

6 Veamos dos textos de John Dewey: “Experiencia y educación”. El otro es “Democracia y

educación”.


https://convivenciajt.weebly.com/uploads/2/6/7/3/26732425/dewey_1945_cap_2._necesidad_de_una_

teora_de_la_experiencia_y_cap_3._criterios_de_la_experiencia.pdf y

https://circulosemiotico.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/10/dewey-john-democracia-y-

educacion.pdf

7 Rifkin, Jeremy. “El fin del trabajo.” https://colegiodehistoria.wordpress.com/wp-

content/uploads/2017/07/jeremy-rifkin-el-fin-del-trabajo-1.pdf

8 Drucker, Peter. “La sociedad poscapitalista.”

https://archive.org/details/lasociedadpostca0000druc/page/n1/mode/2up

8 Offe, Claus (2023). “¿Tiene futuro la sociedad del trabajo? Entrevista a Claus Offe”

https://www.sinpermiso.info/textos/tiene-futuro-la-sociedad-del-trabajo-entrevista-a-claus-offe

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